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La historia de Sergio Olivera: festejó la Libertadores comiendo pizza y cobró US$ 2.000 de premio por la Intercontinental

El Pitufo Olivera recordó anécdotas de su carrera deportiva, de la final en Tokio y contó sobre su presente en Salto

Olivera se mantiene en forma

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16 de mayo de 2021 a las 05:04

En un rincón al fondo de un bar festejó Sergio Olivera la Copa Libertadores de 1988. La noche del 26 de octubre cuando Nacional le ganó la final a Newell’s Old Boys, Olivera salió del Estadio Centenario con un par de compañeros y entraron a un bar ubicado en Bulevar Artigas, frente al Obelisco. Pidieron pizzas y cerveza, mientras los hinchas pasaban eufóricos por la calle rumbo a 18 de Julio. Al día siguiente fue a entrenar como si nada. Dos meses después Nacional se coronó campeón de la Copa Intercontinental frente al PSV Eindhoven y el premio que recibió fue de US$ 2.000.

Luego de un partido contra Flamengo en el Maracaná, dirigentes del club brasileño llegaron al vestuario de Nacional con una valija con US$ 500.000 para comprar su pase. El presidente tricolor Mario Garbarino le pidió US$ 1.000.000 y la transferencia se frustró. El Pitufo Olivera no se enojó, al contrario, prefería seguir jugando en los tricolores, aunque hoy, 30 años después, piensa: capaz que si el pase se concretaba su situación actual era distinta y tal vez no estaba en Salto.

Olivera sigue cuidando su físico

A su ciudad natal, desde donde salió para jugar en Nacional con 14 años, volvió hace más de 20. Hoy tiene 56, atiende un pequeño almacén en su casa y dirige a las formativas y al equipo femenino del San Eugenio. También integra el cuerpo técnico del Salto FC, que este año competirá en la divisional C de la AUF. Se traslada de un lado a otro en una destartalada moto Yumbo 110 y muchos no le creen que integró el plantel del último equipo uruguayo que ganó títulos internacionales: Copa Libertadores 1988, Copa Intercontinental 1988, Recopa Sudamericana 1989 e Interamericana 1989.

Del pasado y también del presente de aquel puntero izquierdo de 1,68 metros de altura y 68 kilos que mantiene a pesar de los años, se trata esta nota con Sergio “Pitufo” Olivera.

Su pase costó 10 pelotas

Nacional pagó su pase al club Parque Solari de la Segunda división de Salto con 10 pelotas de fútbol en la década de 1980. “En el año 81 fui a probarme, tenía 14 años. Era noviembre, me probé en Los Céspedes con la Tercera división y no toqué una pelota. Me dijeron que no había lugar y me volví a Salto. Me quedé con el bichito de volver y regresé en febrero, a un llamado de aspirantes. Me llevó un guarda de Agencia Central, José Luis Suárez. Fui gratis en el ómnibus y me quedé en su casa. Cuando llegué al viejo Parque Central había como 1.000 aspirantes y dije, acá no practico ni en pedo. Mi amigo que era hincha de Nacional a muerte habló con el Peta Ubiña y éste le comentó al Chueco Masnik que era el técnico, que había un puntero de Salto. Me probé, hice goles y me dijo que volviera al día siguiente. Pasaron tres o cuatro días y cada vez había menos gente, hasta que vino a hablar conmigo y me preguntó cómo era mi pase en Salto. Lo gestioné yo y Parque Solari pidió 10 pelotas”.

El presidente Mario Garbarino, Tony Gómez, Sergio Olivera y Mario Alles

Así se incorporó Olivera a la Quinta división que venía armada desde Sexta, pero necesitaban un delantero de sus características. A los 10 días llegó Tony Gómez desde Cerro Largo y una categoría más arriba jugaba José Luis Pintos Saldanha. Los tres llegaron juntos a Primera división. En 1983, cuando Nacional formó el llamado “equipo de las estrellas”, Olivera entrenaba a veces en Primera: “Antonio Alzamendi nos pasaba a buscar a dos o tres que vivíamos en el Parque y nos llevaba a Los Céspedes”.

Trayectoria
En Nacional disputó 194 partidos y marcó 34 goles entre 1985 y 1990. Siguió su carrera en Antofagasta de Chile, Rentistas, tres años en Sedán de Francia, Basáñez en Primera división, Alianza Atlético de Perú, Rampla Juniors y Basáñez en Segunda división. Luego jugó en San Eugenio de Artigas, en Nacional de Salto, en la Liga Agraria y colgó los botines con 40 años defendiendo a Salto FC.

El 12 de octubre de 1985, cuando el técnico de Nacional Luis Cubilla agredió de un cabezazo al árbitro Otello Roberto en el Parque Viera, Olivera jugó en el partido de Tercera división. El 30 de octubre debutó en un partido clásico por la Copa de Oro. Después de ese partido “no salí más”, recordó el salteño.

De aquella época se acuerda una anécdota con Néstor Montelongo, quien falleció el lunes pasado. “El Pájaro era el lateral derecho y cada vez que practicaban contra los de Tercera, se llevaba cada baile conmigo y Cubilla lo rezongaba. Después, cuando debuté en un clásico lo primero que me dijo Montelongo en el túnel, antes de salir a la cancha, fue: ‘espero que bailes a Domínguez, que era el lateral derecho de Peñarol, como me bailás a mi en las prácticas”.

¿Flamengo? "Para mi Nacional era todo"

El año en que Nacional salió campeón de América por última vez, jugó contra Flamengo por la Supercopa y le ganó 3-0 en el Centenario y 2-0 en el Maracaná. Olivera marcó dos goles en Montevideo y fue la gran figura. “Los brasileños quedaron enloquecidos conmigo. En el hotel, en el estadio, me pedían fotos, me dieron la camiseta de Flamengo, y después del partido fueron los dirigentes con US$ 500.000 para comprar mi pase. Yo me enteré por el pelado Jaime que era el equipier. Me dijo que pusieron la plata en la mesa y que el presidente de Nacional les dijo que yo valía US$ 1.000.000. Yo no me imaginaba un pase a Flamengo, para mi Nacional era todo. Si hubiese sido otro hubiera empujado para irme y capaz que ahora no estaría ni en Salto. Quería quedarme en Nacional, tenía 20 años, tenía todo para jugar. Miraba a Flamengo y a Nacional y decía ¡que me voy a ir a Flamengo!”.

Nacional campeón de América de 1988

Una lesión en la rodilla lo apartó de la segunda parte de la Copa Libertadores de 1988. Regresó para la final contra Newell’s Old Boys en el Centenario. “Lo que más recuerdo hasta el día de hoy, que me movió mucho más, fue recibimiento de la gente en el Centenario. Nunca había visto algo tan grande para un equipo de fútbol. Desde Los Céspedes hasta el Estadio fue impresionante, la gente en el camino, alentando. Íbamos a paso tortuga”, dijo Olivera.

Luego de la victoria 3-0 frente a Newell’s y de la vuelta olímpica, la celebración fue austera. “Nos bañamos, la gente se empezó a ir, y salimos con Tony Gómez, Yubert Lemos y un amigo en común, Juan Guardado. ¿Qué hacemos? Vamos a comer unas pizzas dijo uno y terminamos en el bar frente al Obelisco. Entramos, pedimos pizzas, cervezas, estábamos con nuestras parejas, y nos sentamos al fondo. El mozo nunca se dio cuenta quiénes éramos. Pasaba la gente en caravana por la calle y nosotros adentro. No nos dábamos cuenta de lo que habíamos logrado, como Nacional tiene la obligación de ganar siempre, tenés que entrar y ganar, lo tomamos como parte del trabajo. A las 2 o 3 de la mañana cada uno para su casa, al otro día a entrenar otra vez y el fin de semana jugamos contra Wanderers”.

El viaje a Japón y Fleitas al baño

En diciembre de 1988 el plantel viajó a Japón para disputar la final Intercontinental contra PSV. “Hicimos un viaje que duró dos días. De acá fuimos a Perú, estuvimos cuatro horas, fuimos a Nueva York donde nos encontramos con hinchas en el hotel, en el aeropuerto y cruzamos el Océano. Cono Caminatti, que era el preparador físico, nos hacía elongar en el avión, en el aeropuerto. Nosotros nos dormíamos sentados por la diferencia horaria y él trataba de mantenernos despiertos”.

Nacional viajó con indumentaria Topper, pero en Japón cambiaron a Puma y “se armó un lío bárbaro”, recordó Olivera. “Nos dieron unos pesos, ropa y zapatos”.

Nacional festeja en Japón la obtención de la Copa Intercontinental

El partido terminó 2-2 y se definió por penales. “Roberto Fleitas (el técnico) se fue al baño porque tenía dolor de barriga por los nervios y el Hugo (De León) fue el que dictaminó la tanda de penales. El Chango Saldanha quiso patear el último y no lo dejó, pero fue igual y la pelota pegó en el travesaño. Cuando volvió el Hugo lo relajó todo. Seré quería patear ese penal y nunca lo dejaron”.

Cuando regresaron al hotel, con el trofeo logrado, Pintos Saldanha quería sacarse una foto con el arquero holandés Hans van Breukelen; “Medía como dos metros. El Chango le pidió a Gerets, que era el lateral y hablaba español, que le tradujera y le preguntó al golero quién lo había asustado más en la tanda de penales. ¿Verdad que fui yo?, le decía el Chango y se reían”.

Al regresar de Japón y antes de llegar a Uruguay, Nacional fue a jugar en el Coliseo de Los Ángeles para recaudar dinero y así pagar los premios. “Yo por haber salido campeón del mundo firmé un premio de US$ 2.000. Hoy esa plata es un cambio para un jugador de alto nivel, capaz que lo cobra por un día de entrenamiento, y la mayoría de aquel plantel andamos en la vuelta, la peleamos el día a día. En aquel momento firmamos por eso porque no pensábamos que íbamos a ganar”.

Olivera, Soca, Seré, Gómez y Vargas

El plantel demoró más de una semana para volver a Montevideo y al llegar se encontraron con una sorpresa. “Pensábamos que iba a estar más frío que una heladera, nunca esperamos el recibimiento que tuvimos, con caravana por la rambla y 18 de julio hasta llegar a la sede. Después del túnel no se podía transitar. Desde el aeropuerto a la sede demoramos cinco horas”.

Su vida actual en Salto

Olivera volvió hace más de 20 años a Salto y se dedicó a entrenar a juveniles. Pasó por Peñarol, Nacional, Ferro Carril y actualmente dirige a las categorías menores del San Eugenio de la Segunda división. También es técnico de fútbol femenino desde hace seis años e integra el cuerpo técnico de Salto FC, que este año competirá en la divisional C de Montevideo. Es ayudante técnico de Joaquín Burutarán. “La remuneración no es la misma que en Montevideo, pero da para vivir”, expresó.

El regreso a su ciudad natal después de transitar por el fútbol profesional no resultó fácil. “Nadie es profeta en su tierra y en Salto cada uno cuida su chacrita” dijo. Aunque cursó el primer año del curso de entrenador en el ISEF en Montevideo, tuvo que volver a cursar los dos años en Salto porque no se lo revalidaron.

Junto a su pareja tiene un pequeño almacén en la casa. “No tengo otra entrada, no tengo otra manera de vivir, no tengo jubilación porque nunca aporté y seguiré laburando en el fútbol hasta que las fuerzas me den. Trato de hacer las cosas bien porque en el fútbol tenés que portarte bien para tener laburo y trato de hacerlo”.

En la cancha, como técnico, donde trabaja desde que volvió a Salto

Los títulos conseguidos no le dan de comer. “Hace más de 30 años que jugué profesional. El 88 está lejano en el tiempo y a veces los chiquilines me ven llegar en la moto que uso acá, o en bicicleta y preguntan ¿este dónde jugó? Entonces tenés que remitirte a la historia y a veces por no caer en explicaciones, que piensen lo que quieran. Pero ha sido muy difícil y como a mi le ha pasado a muchos. Mario López, Tony Gómez, el Pato Castro, gente que se ha ido como el Pinocho Vargas, el Chango Saldanha. Los que no hemos tenido esa época de gran salto, que no hemos sido reconocidos, hemos caído en el olvido. No por culpa de nadie. El fútbol se dio así y siempre será así. Pasó el momento, hoy queda el reconocimiento de algún hincha que se acuerde y nada más. Tampoco es culpa de Nacional, aunque quizá faltó reconocimiento y apoyo. Tampoco somos tanta gente, en ese plantel de 1988 éramos 22 que fuimos campeones y seis más que fueron con nosotros. Tampoco es un dineral, a veces un reconocimiento. Muchos podíamos vivir de otra manera con poco, porque yo vivo con poco acá en Salto y me las arreglo”.

Ocampo, un puntero como los de antes

El mundo del fútbol cambió sideralmente desde aquellos tiempos. “Se ha comercializado muchísimo, un jugador gana un dineral, lo merezca o no, no soy quién para manejar la plata de nadie. Defiendo lo que debería haber sido antes, donde tenías que ser bueno para llegar a la Primera de Nacional, no jugaba cualquiera. Respetando los jugadores que están hoy porque no tengo nada contra nadie, soy hincha de Nacional y siempre voy a seguir siendo, pero antes había que ser bueno”.

¿Por qué antes se ganaban títulos internacionales y ahora no? “Estamos cada vez más lejos. Siempre miro a Nacional, me voy a morir mirando al bolso, pero creo que cada vez estamos más lejos. Yo tengo la particularidad de que me quiero ubicar en los momentos aquellos, cómo disputamos la Copa, cómo ganamos la Recopa y nunca fuimos exuberantes. No éramos un equipazo que nos llevábamos todo por delante, que se comía a los niños crudos, éramos un equipo de hombres, serio, que para ganarnos había correr, meter, no nos entregábamos así nomás. Quiero encontrar la diferencia para ubicarnos, obviamente tuvimos errores y nos ganaron, pero nosotros sentíamos la camiseta. No teníamos grandes estrellas, era un equipo para lucharla y se nos fue dando, por suerte también. Hoy mirás y estamos lejísimos para llegar a algo”, explicó el exdelantero, autor de cuatro goles contra Peñarol vistiendo la camiseta de Nacional.

Olivera dirige actualmente al San Eugenio femenino

Está entusiasmado con el proyecto de Salto FC, que surgió en 2002 y después de tres años despareció porque no tuvo apoyo. Ahora revivió con el soporte de un grupo inversor y de la Intendencia de Salto, aunque los demás equipos de la A le dieron la espalda. “La idea es apuntar con todo y la gente que está detrás de esto quiere poner un equipo competitivo y que los jugadores en juveniles no se vayan para Montevideo. Ahora se van niños pagando el precio de no saber cómo es Montevideo, cómo son los equipos. Queremos que jueguen profesionalmente en su ámbito y estudien acá”, contó.

Cuando mira los partidos actuales de Nacional, observa en Brian Ocampo características similares a los punteros de su tiempo: “Me encanta por la desfachatez y se asemeja a los jugadores de antes del mano a mano, del pie a pie, es desinhibido, y no le pesa la camiseta, siempre uno espera algo diferente de él”.

A pesar de todo, no cambiaría su vida, aunque desde la perspectiva de los años, disfrutaría más de los títulos. “Mirás para atrás y decís, la puta madre, qué poco disfrutamos, qué poca trascendencia le dimos como jugadores y que difícil está hoy salir campeón de algo”.

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