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La historia del error que llevó a un ladrón de autos a convertirse en asesino de una niña

Conducía un auto que había robado, la Policía lo interceptó y se largó a la carrera para evitar ser atrapado, rozó a dos mujeres y atropelló a dos niñas, a una la mató

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03 de marzo de 2018 a las 05:00

Eran cerca de las 17 horas del último 31 de agosto. Como lo habían hecho mil veces Marcela y Nadia, de 11 años, caminaban por el borde de camino Cruz del Sur para ir al almacén de Mónica, en Manga. Ella las había visto venir desde la puerta de su casa, donde tiene el comercio, mientras tomaba unos mates. Era una tarde como cualquier otra pero la calma se vio interrumpida por el motor de un auto que avanzaba a toda velocidad. La atención de Mónica se centró en el vehículo. Al llegar a la esquina de camino Carlos A. López las ruedas patinaron en el pedregullo. Lo vio zigzaguear y chocar contra una columna. Pero el conductor no detuvo la marcha.

"Como que quiso sacarlo acelerando pero no pudo, en una lo sacó pero hizo un trompo y quedó en la misma zanja de punta", relató Mónica ante el juez. A continuación vio que los dos ocupantes salían corriendo por Cruz del Sur hacia el barrio Capra, a unas cuadras de allí.

"Mente fría para mi familia, los de afuera son de palo", Leonardo Rancaño escribió en facebook después del accidente

Mónica corrió hacia el lugar y vio a las niñas tiradas en el patio de la casa de la esquina a una distancia de seis metros una de la otra. "Milagros no respiraba", contó. Enseguida llegó la Policía que le venía pisando los talones al Peugeot 307 negro.


José, el dueño de la casa en cuyo patio habían caído las niñas salió alarmado por el estruendo del choque. Enseguida vio a las niñas y se dio cuenta de que eran sus vecinas. Llegó a ver a una persona corriendo por Cruz del Sur hacia arriba y se imaginó que era el conductor del auto que había quedado escrachado en la cuneta.

Algunos policías corrieron en su búsqueda pero regresaron sin novedades. Rápidamente se acercaron otros vecinos, entre ellos los padres de las niñas. Los padres de Marcela la llevaron primero a la policlínica de Piedras Blancas. Desde allí fue trasladada en ambulancia al hospital Pereira Rossell. Al ingresar los médicos diagnosticaron: "politraumatizada grave con fractura de cráneo y paro cardiorrespiratorio reanimado". Nataly también estaba politraumatizada con fractura de fémur y fractura nasal, según surge del parte médico.

Esa tarde la noticia de las niñas atropelladas estuvo en los informativos. El abuelo materno de Milagros pidió justicia y colaboración para encontrar a los responsables. Y no tardarían en ser identificados puesto que eran del barrio.


Uno de los testigos declaró que los conocía de Facebook. Al más joven, un adolescente de 16 años, apodado el Turco, lo conocía "de un grupo que vende cosas como ropa", a través de esa red social. Al otro no le había visto la cara pero por la manera de correr y por la voz cuando le gritó a su compinche que se apurara le pareció que era el Huesito. "Los conozco del barrio, ellos pasan y andan en la plaza", dijo el testigo según se recoge en el expediente judicial al que accedió El Observador.

Luego del accidente, a las 2.30 de la madrugada, había escrito en esa red: "Mente fría para mi familia, los de afuera son de palo".

"Yo no quería que esto costara la vida de una niña (...) bien podría ser mi hermana", Leonardo Rancaño, declaración ante el juez cuando fue detenido

El testigo estaba en lo cierto. Quien manejaba el auto era Leonardo Sebastián Rancaño, conocido como el Huesito. Durante los tres días en que Milagros permaneció en la cama 714 del CTI del Pereira, él se mantuvo prófugo, huyendo por distintos lugares. Según relató ante el juez, enseguida del accidente pasó por su casa a buscar ropa, se escondió en un campo un par de horas, luego se fue a la rambla. Llamó a su madre y le avisó que no iría a su casa por unos días. La Policía ya lo buscaba y su madre le pidió que se entregara.

Las graves lesiones que había sufrido Marcela le ocasionaron la muerte, que fue certificada –por el médico que la atendía– el 3 de setiembre a la hora 11.50. Cuando Rancaño se enteró que se había convertido en homicida decidió entregarse.


Si bien su prontuario indicaba que no estaba limpio ya que tenía tres antecedentes por delitos contra la propiedad, nunca había matado. Antes de este episodio cayó preso dos veces: en 2010 por un delito de rapiña especialmente agravada en grado de tentativa, y en marzo de 2016 por un delito de hurto especialmente agravado. También fue procesado, en 2015, por dos delitos de receptación. Además pesaba sobre él una orden de detención por una denuncia de lesiones personales. Cuatro días antes de embestir a las niñas, concurrió al domicilio de un conocido con quién había tenido una pelea, le lanzó piedras sobre el techo y cuando salió le disparó con un arma en la pierna izquierda, según surge de la denuncia agregada al caso.

A la lista de delitos se suma el hurto del auto en el que se desplazaba al momento del siniestro.

De ladrón a homicida

El robo había ocurrido el día anterior en Parque Batlle. "Lo encontré prendido, me subí y me fui", declaró aunque según el testimonio del dueño del vehículo el auto estaba apagado y sin las llaves puestas. El hombre dijo que se lo llevaron de su vereda cuando recién lo había sacado para irse a trabajar sobre las 8 de la mañana. "El auto estaba apagado con la ventana del chofer baja y sin tranca. La llave la tenía conmigo.

Fui a cerrar el garaje, cerré la puerta, volví a entrar para cerrar la otra puerta que me había olvidado, acomodé algo y me detuve unos minutos en mi garaje. Sentí como una acelerada y cuando salgo ya no estaba el auto. Ni siquiera alcancé a verlo", testificó.

Según el relato de Rancaño, llevó el auto hasta un complejo cerca del ANTEL Arena y ahí lo dejó para volver a buscarlo al día siguiente y "colocarlo" en el barrio.

Regresó el 31 de agosto acompañado de su amigo adolescente, le cambió las matrículas, y se dirigía al barrio cuando un vehículo policial se cruzó en su camino.

Los policías contaron que realizaban patrullaje por Leandro Gómez y César Batlle Pacheco, y se ubicaron detrás del Peugeot. Al darse cuenta de que los tenía atrás, Rancaño reaccionó "de manera sospechosa". Entró a una estación de servicio pero no puso nafta. Los policías consultaron por la matrícula SCI 5060 y desde el sistema PADO se les informó que estaba denunciada como extraviada.

"Aunque sostenga que no lo quiso realizar, perfectamente fue previsible (...) cuando además instantes antes cometió otro embestimiento que por razones fortuitas no terminó con la lesión de otras personas, lo que no fue suficiente para que el indagado detuviera su loca carrera, con lo que hubiese evitado el grave daño causado", Enrique Rodríguez, fiscal penal que pidió el procesamiento con prisión de rancaño.

"Yo iba tranquilo, tratando de disimular y cuando me di cuenta de que me seguían entré en la fuga para irme", afirmó. La persecución se extendió por entre 15 a 22 cuadras, y no hubo disparos. El delincuente aseguró que pese a ser consumidor de marihuana y pastillas, estaba lúcido y que nunca sobrepasó los 70 u 80 kilómetros por hora.


Pero conducir a esa velocidad en un barrio de calles de tierra sin veredas en el que las personas están obligadas a caminar al costado de los vehículos puede ser demasiado peligroso. La prueba está en que antes del choque fatal, Rancaño rozó a otras dos mujeres. "Iba en una cuadra derecho y repentinamente en una esquina de tierra, pude dominar el volante pero llegué a tocar a una de las dos mujeres que iban caminando por el medio de la calle y seguí de largo. Pude ver por el espejo que esa señora se levantó y me puteaba", recordó.

Esa mujer caminaba junto a su hija por la calle 20 Metros entre Teniente Galeano y Dunant. Al llegar a la esquina de Dunant la hija sintió un golpe y se fue al suelo: "El auto vino de atrás nuestro, sentí que me tiró y mi madre gritaba. Me golpeó a la altura de la cintura en la parte de atrás me pegué contra el suelo a la altura de la ceja izquierda. El auto continuó su marcha, no pude ver qué auto era", contó al juez.


La alta velocidad a la que iba fue la que le hizo perder el dominio al llegar a la esquina por donde justo caminaban las niñas que iban al almacén. "Traté de esquivar a las gurisas pero se me iba el auto... Antes de ir para los ranchos tiré para el otro lado para una cuneta y no sé cómo hice que terminé atropellando a las dos niñas queriendo esquivarlas".


53% de los 283 homicidios cometidos en 2017 ocurrieron en la vía pública o en espacios abiertos, según los datos del Ministerio del Interior. Representan 150 asesinatos.

"Yo no quería que esto costara la vida de una niña", declaró llorando y dijo estar "totalmente arrepentido". "Estoy preocupado por la muerte de la niña que bien podría ser mi hermana", agregó.
A juicio del fiscal penal Enrique Rodríguez la conducta de Rancaño se vio agravada porque debió prever que podía matar a alguien y por eso pidió al juez prisión por homicidio a título de dolo eventual, y lesiones graves a título de dolo eventual.

En opinión del fiscal su conducta "excede la mera culpa" (matar por accidente y sin intención). "Aunque este sostenga que no lo quiso realizar, perfectamente fue previsible. No se puede concluir otra cosa, de quien conduce a alta velocidad un vehículo, por una zona de la ciudad poblada y con la existencia de peatones, a la hora del día en que se produjo el hecho, y cuando además instantes antes cometió otro embestimiento que por razones fortuitas no terminó con la lesión de otras personas. Eso no fue suficiente para que el indagado detuviera su loca carrera, con lo que hubiese evitado el grave daño causado".


6% de las víctimas de homicidios registrados en 2017 tenían entre 6 y 12 años. 17 víctimas tenían entre 13 y 17, y 95 entre 18 y 28 años, el grupo más numeroso.

A pedido de Rodríguez, el juez Marcelo Malvar también le imputó un delitos de lesiones personales agravado y hurto especialmente agravado todo en régimen se reiteración real.

El juez concluyó que actuó con "egoísta indiferencia respecto a lo que pudiera suceder" por conducir un auto "con imprudencia extrema" en una zona poblada y sin veredas. Con tal de evadir a la Policía no le importó el daño colateral que podía causar.

Un caso penal con asuntos pendientes

Junto con el procesamiento de Leonardo Rancaño el juez Marcelo Malvar, quien esa semana suplía al juez penal de 5° turno, José María Gómez, dispuso otras medidas que hasta el día de hoy no se han cumplido. Entre ellas quedó pendiente la declaración de los padres (representantes legales) de las niñas atropelladas que nunca declararon en el expediente, y una pericia al hombre que baleado por Rancaño cuatro días antes del accidente en un altercado.

Además el juez formó un presumario para investigar una denuncia del procesado sobre maltrato policial, que tampoco se formó. Por ser un caso anterior al 1 de noviembre, cuando entró a regir un nuevo código, el expediente pasó al juzgado a cargo de la jueza Ana de Salterain.

La magistrada dijo a El Observador que concretará las medidas pendientes, aunque deberá estudiarlo antes, junto a las otras decenas de casos que recibió. Cada juez de los ocho que reúne los casos del viejo código, concentra los expedientes que antes estaban en dos juzgados y medio, ya que se distribuyeron los 20 juzgados penales en ocho.

(Los nombres de las víctimas y testigos fueron cambiados para preservar sus identidades)

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