El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
2 de octubre 2023 - 5:00hs

“Las elecciones de 2024 serán una contienda entre el Herrerismo y el Frente Amplio”, ha dicho el presidente de la coalición de izquierda, Fernando Pereira. Eso dijo Pereira y así quisieran los frenteamplistas que se presentarán en los próximos comicios: con el Herrerismo y sus satélites absorbiendo todo lo que se mueva dentro del nacionalismo, y con los partidos Colorado, Cabildo Abierto e Independiente en una menguada representación.

Y, ciertamente, la coalición multicolor que hoy nos gobierna tendrá un serio problema si no ofrece una oferta variada dentro y fuera de las fronteras del Partido Nacional, y le deja a la izquierda un flanco donde pegar bajo la consigna de que las ideas herreristas son multitud ante el pequeño aporte de sus aliados.

En la interna blanca el riesgo de una hegemonía neoherrerista es cierto. Los únicos precandidatos que hasta ahora se han perfilado son lacallistas de Luis Lacalle Pou y han sabido revistar en las filas Luis Alberto Lacalle Herrera, el padre del actual mandatario.
El secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, se presentó en 1994 en su primera elección dentro de la herrerista 904 y en 2004 se plegó a la Correntada Wilsonista, para seguir luego la huella de Lacalle Pou.

 

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En tanto que el basal respaldo de la economista y excandidata a la intendencia de Montevideo Laura Raffo es el Herrerismo tradicional. Raffo se agenció el apoyo de Alianza Nacional, el grupo wilsonista que lideró Jorge Larrañaga, y del Movimiento Nacional de Rocha (MNR), en tanto que varios disidentes de Alianza como Luis Calabria, Gustavo Delgado y Washington Ribeiro decidieron respaldar a Álvaro Delgado. Estos últimos integran junto a otros dirigentes como los intendentes Carlos Moreira (Colonia) y Wilson Ezquerra un espacio político denominado “D Centro”.

Aún falta saber qué harán otros dirigentes que reivindican las ideas de Ferreira Aldunate, como Jorge Gandini (Por la Patria), la vicepresidenta Beatríz Argimón (Futuro Nacional), Javier García (Lista 40) o Sergio Botana (Grupo de los intendentes).
Pero a cualquiera de ellos, si es que no terminan revistando dentro de las candidaturas ya instaladas, les resultará difícil evitar una polarización entre Delgado y Raffo, a los que el wilsonismo apenas rozó en el pasado.

Gandini, quien parece decidido a competir, advirtió acerca del parecido de sus correligionarios. “(Delgado y Raffo) no dejan de ser dos candidatos del mismo lugar”, dijo señalando al primero como “muy del riñón” del presidente Lacalle y a la segunda como candidata “del sector más tradicional del Herrerismo” La sensación de que el neoherrerismo copó a los blancos será aún más significativa si, como sugirió Raffo, ambos integran la fórmula presidencial blanca. “Creo que ambos (ella y Delgado), en caso de salir primeros o segundos, acompañaríamos al otro, y a cualquier otro compañero de partido”, dijo Raffo en radio Universal en relación a Delgado.

Pero, además, la presencia de Lacalle Pou y de su gestión planeará sobre todos los nacionalistas y, particularmente sobre Delgado y Raffo, quienes no tendrán mucho margen para diferenciarse del actual gobierno. Es probable que aquello que valoren los votantes será menos lo que prometan los candidatos que lo que ofrezca el gobierno de Lacalle Pou como balance final de su gestión.

En el Partido Nacional también son conscientes de que necesitan un Partido Colorado fuerte y también ―aunque no les guste debido a los problemas que les ha generado en el gobierno― un Cabildo Abierto que, por lo menos, remonten los  esmirriados números que les otorgan las encuestas.
 

Y tanto Delgado como Raffo no dejan de expresar su estrecha relación con el presidente. “Tengo por él una enorme admiración. Él me convenció de entrar a la política. Yo le tengo un cariño enorme”, dijo Raffo durante el lanzamiento de su sector Sumar como para no ser menos que Delgado, a quien se considera el postulante más oficialista. A la estrategia del Frente Amplio de difundir la sensación de que en la vereda de enfrente en las próximas elecciones habrá un Herrerismo gigante rodeado de pequeños satélites, le sería propicio que los socios del nacionalismo no levantaran cabeza o bajaran la que alzaron en los pasados comicios.

El Partido Independiente es la colectividad que le puede aportar a la coalición multicolor un sesgo de centroizquierda pero los liderados por el ministro de Trabajo, Pablo Mieres, surgieron muy disminuidos de las elecciones de 2019 –tienen en Iván Posada a su único diputado- y su panorama futuro se le presenta complejo. Por su lado, el Partido Colorado y Cabildo Abierto –que en 2019 obtuvieron 12,8% y 11,5% de los votos respectivamente- aparecen disminuidos en las encuestas más recientes.

Un operador frenteamplista dijo que ese es el mejor escenario al que la izquierda puede aspirar. “Esos números refuerzan la idea de que la pelea del Frente será esencialmente con el Herrerismo”, sostuvo. En el Partido Nacional también son conscientes de que necesitan un Partido Colorado fuerte y también ―aunque no les guste debido a los problemas que les ha generado en el gobierno― un Cabildo Abierto que, por lo menos, remonten esos esmirriados números que les otorgan las encuestas.

En definitiva, la izquierda buscará pintar de un blanco herrerista a toda la coalición multicolor, y el oficialismo enfrentará el desafío de convencer a los votantes de que las ideas del viejo caudillo nacionalista serán solo uno de los matices de su oferta electoral.

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