23 de julio 2021 - 21:54hs

La obligatoriedad de la vacuna para el personal de la salud y la exigencia cada vez más generalizada del pase sanitario para acceder a servicios públicos o lugares de esparcimiento, son medidas controvertidas adelantadas en Francia, que, tarde o temprano, formarán parte del debate y la agenda pública de otros países, por los desafiantes retos y dilemas que está imponiendo la lucha contra el covid-19.

Es una discusión, aunque incipiente, no está ajena en Uruguay, que abarca conceptos como la libertad de los ciudadanos en un estado de Derecho, la responsabilidad de los gobernantes en preservar el bien común y el significado de la ciudadanía en una situación límite como supone una pandemia que ha matado en todo el mundo a alrededor de cuatro millones de personas.

Pese a la velocidad de la vacunación, esta semana hubo un aumento espectacular en Europa y en Estados Unidos debido al avance imparable de la variante Delta, mucho más contagiosa que las otras versiones conocidas, y en un momento en que los países empezaron a flexibilizar las restricciones más duras del año pasado.

Con 521.800 casos registrados diariamente en el mundo, esta semana crecieron muy rápido los contagios, 9% de aumento con respecto a la semana anterior, de acuerdo al conteo de la Agencia France Presse (AFP).  

En ese contexto es que en Francia, uno de los países donde más crecieron los casos, se desató una fuerte controversia por las medidas restrictivas promovidas por el gobierno de Emmanuel Macron, que en la madrugada de ayer fueron aprobadas en la Asamblea Nacional, tras 48 horas de acalorados debates.

La ley incluye la vacunación obligatoria del personal de salud y la utilización del pase sanitario (pauta completa de la vacuna o un test negativo actualizado) para acceder por ejemplo a trenes, bares y restaurantes.

Aunque esas medidas tienen un amplio respaldo de la población, según surge de encuestas, el movimiento antivacunas, que consideran las medidas propias de una “dictadura”, se está haciendo sentir estos días en las calles, en cientos de concentraciones de masas en todo el país.

El objetivo de Macron es que el plan estimule la vacunación masiva y evitar con ello las medidas de confinamiento o de toque de queda, que dañarían la recuperación de la economía.

La estrategia francesa es consecuencia de un pensamiento razonado, en acuerdo a la evidencia científica de que los contagios se propagan en las poblaciones no vacunadas. Y, además, hay dos aspectos importantes: son muy efectivas, incluso para contrarrestar la variante Delta y, estadísticamente, no hay pruebas hasta el momento de que provoquen efectos secundarios graves.

Objetivamente, las vacunas contra el covid-19 son el instrumento más apropiado para combatir un virus que si algo lo define es la propiedad de la mutación.

El relato que niega la pandemia y el importante papel que juegan las vacunas y el tapaboca para evitar los contagios no tiene ningún sustento en la realidad.

Por todos estos argumentos es que nos parece adecuado el proyecto de pase responsable del gobierno de Luis Lacalle Pou y compartimos la opinión del director del Hospital de Clínicas, Álvaro Villar, de que el personal sanitario en tareas directas con pacientes debería estar vacunado. 
 

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