Basta salir a recorrer los caminos de la patria para toparse con buenas historias. Y en campaña electoral, esas historias toman un tinte electoral.
La micropolítica de Palmar
El Observador generó un debate entre dirigentes del Uruguay profundo
El Observador generó un debate entre dirigentes del Uruguay profundo
Basta salir a recorrer los caminos de la patria para toparse con buenas historias. Y en campaña electoral, esas historias toman un tinte electoral.
Palmar es el pueblito de 300 habitantes que se recuesta a la represa del mismo nombre, sobre el río Negro. De un lado del embalse es Soriano, del otro Río Negro. La represa se construyó entre 1978 y 1982, por parte de una empresa brasileña. El pueblo, en lo que en un principio era el obrador de la represa, comenzó a construirse el 25 de junio de 1978, el día que se jugaba la final del Mundial de Argentina.
Las ciudades más cercanas son Young, a 50 kilómetros, y Trinidad, a 60, pero la dependencia es con Mercedes, a 78 kilómetros, a donde se llega luego de un tramo de la ruta 14 que está deshecho.
Desde un principio el pueblo era propiedad de la UTE, dueña de la represa, y el 99% de sus habitantes eran empleados del ente público de la electricidad. Hasta ahí, su fidelidad estaba supeditada al Estado. Pero cuando llegó la reapertura democrática y los vecinos de Palmar se pudieron expresar en las urnas los resultados fueron sorprendentes para ese rincón rural de Soriano. En todas las elecciones desde 1984 en Palmar ganó el Frente Amplio. Junto a Juan Lacaze, Palmar se transformó en el único y pequeño bastión frentista en todo el interior. ¿El motivo? La mayor parte de los votantes pertenecen a AUTE, el gremio de la elétrica estatal, de clara filiación frenteamplista.
Pero en 1985, llegó una orden terminante desde Montevideo: las poblaciones de las represas no eran viables por varios motivos y debían demolerse. Uno de los argumentos era salubre: el campo magnético de las represas era perjudicial para la gente. Pero esa decisión, como tantas que desde la macrocefalia de Montevideo se irradian hacia el interior, se diluyó y el pueblito sobrevivió.
En las últimas elecciones municipales se produjo en Palmar un cambio: no ganó el Frente Amplio, sino que la victoria fue para el Partido Nacional, de la mano de la ola reeleccionista del intendente Guillermo Besozzi.
En esta campaña 2014, el fragor de la campaña llega en sordina a Palmar, donde casi no se ven carteles ni parece que falten dos semanas para los comicios. Allí solo se escucha el ronroneo lejano del río y de los gerenadores de UTE que transmiten la energía al resto del país. Pero a nivel político, en Palmar apenas hay chisporroteos.
Para llegar a Palmar desde Mercedes se debe tomar la cascoteada ruta 14 hasta la 55, por la que se debe transitar unos 16 kilómetros que tampoco están en buen estado.
Ese trayecto se recorre entre densos bosques de eucaliptos donde se ven máquinas robóticas tipo harvester, que con una trompa cibernética compuesta de cuchillas y pinzas en cuestión de segundos tronchan un árbol grande y lo pelan como si una boca mecánica limpiara un escarbadientes. La forestación entró en esa región hace más de una década y los resultados crecen a ojos vista.
Un pueblo como Palmar no presenta algunos de los problemas típicos de los núcleos urbanos del Uruguay: no hay crímenes, no hay basura en las calles, no hay casi desocupación. Pero el lado B de este Uruguay casi idílico aparece cuando la juventud no encuentra demasiado futuro laboral si no es en la forestación, y la escasez de habitantes produce un efecto endogámico que a veces se vuelve un problema grave.
Sobre los desafíos del presente, El Observador generó el primer debate de Palmar entre la dirigente del Partido Nacional, Daniela Ferro, y la dirigente frentista Mónica Silva. A pesar de sus diferencias y de sus banderías, estas dos mujeres no solo son amigas sino que trabajan en el mismo lugar: el complejo turístico de Palmar. Ferro es la encargada del lugar y Silva es una guía turística que lleva a delegaciones empresariales y públicas hasta ese embalse idílico sobre el río Negro.
Las dos dirigentes concordaron en el principal problema del pueblo: la ruta para llegar. “Es una necesidad arreglarla”, dijeron.
Ferro destacó la gestión de Besozzi y su carisma personal. Silva por su parte, a pesar de que reconoció la colaboración del intendente en los planes sociales y turísticos, sostuvo que su fuerza política quiere gobernar para darle mayor voz a las pequeñas comunidades como Palmar.
Los votos de Palmar podrán no definir en los grandes porcentajes, pero cuentan igual que todos. Sin hacer casi ruido, la campaña también penetra en los pueblos.