Marlene Sica llegó sin carrera política a un ministerio altamente politizado, en el que la mayoría de las autoridades representan algún sector del Frente Amplio y donde José Mujica ha procurado mantener un delicado equilibrio de fuerzas. Sica, votante del partido de gobierno pero sin ningún grado de militancia, aterrizó en la Dirección General de Salud (Digesa) que llevaba dos meses acéfala y estaba, según funcionarios del Ministerio de Salud Pública (MSP), “descuajeringada” por la gestión desordenada de su antecesor, Yamandú Rodríguez.
Se suponía que su nombre surgiría de un acuerdo entre la ministra Susana Muñiz (Partido Comunista) y el subsecretario Leonel Briozzo (Compromiso Frenteamplista). Sin embargo, su perfil es netamente técnico y su designación se explica en buena medida por eso: entre Mujica, Briozzo y Muñiz decidieron que no era bueno volver a asignar ese cargo por cuota política.
Muñiz propuso a Sica porque había trabajado con ella en ASSE, donde generaron cierta amistad. Pero el pedido de la ministra no alcanzó para que esta médica de 42 años aceptara. Dicen que Mujica la llamó –como suele hacer con quienes designa para cargos de jerarquía– y le espetó: “Agarre el cargo, mija. El país la necesita”.
Cuando llegó al MSP, a fines de marzo, era prácticamente una desconocida. No sabían de ella ni siquiera los integrantes del gabinete de directores. Hoy, ocho meses después, tiene el apoyo unánime de los jerarcas y se ha metido a fondo en temas sensibles y asuntos cruciales en los que el ministerio estaba haciendo agua.
Los médicos celebran su “profesionalismo” y aplauden que sus decisiones estén libres de “dogmas partidarios” pese a su afinidad con Muñiz. También valoran que haya trabajado en contacto con pacientes porque creen que la experiencia clínica escasea en algunos gestores del MSP y eso se refleja en las políticas.
Algunos creen que su perfil técnico le ha permitido trabajar sin escollos. En buena medida, sus movimientos están libres de“prejuicio político” y nadie los mide con la vara electoral. En el MSP cuentan que cuando surgen discusiones políticas en el gabinete, Sica se mantiene al margen y jamás opina. “No se siente cómoda haciéndolo y tratamos de no vincularla a esos temas”, dijo a El Observador el presidente de la Junta Nacional de Salud, Luis Gallo.
Él es uno de los que no escatima en elogios hacia Sica: “Es una formidable persona, trabajadora, muy responsable, comparte y consulta todos los temas, le gusta trabajar en equipo”, describió Gallo. Alicia Ferreira, la titular de la gerencia general de ASSE de la que Sica fue adjunta antes de pasar al MSP, también valoró su “rigurosidad académica, seriedad y capacidad de coordinación”.
La pata renga
En este contexto, su principal virtud es también su principal defecto. Si bien el perfil técnico la exonera de la puja partidaria, ocupa un cargo político. Algunos creen que le faltan cintura y conocimiento de los actores y del terreno como para ocuparlo. Es un “hándicap” que todavía no se ha notado –advierten– porque no le ha tocado enfrentar conflictos importantes y porque en su entorno hay suficientes actores políticos.
Sica no tiene militancia partidaria pero tampoco tiene trayectoria sindical o cívica. Cuando era estudiante no iba a las asambleas y en el Sindicato Médico no ha tenido participación.
A pesar de haber acumulado conocimientos académicos durante 20 años –tiene tres cursos de posgrado, algo poco habitual en profesionales de su edad–, solo trabajó como médica internista en el Hospital Policial.