→ El tema de la semana fueron las “renuncias masivas” en la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Lo que pasó está muy bien explicado en esta nota y el detrás de escena político acá. Queda claro con estas dos notas que lo que sucedió fue una gran “tormenta con matracas”, como solía decirle José Pedro Damiani a esas “crisis” que tienen un alto contenido de manija. En esta situación hay responsabilidad de las dos partes: oposición y gobierno.
Pero vayamos por partes: lo primero a entender es que los renunciantes son cargos políticos. Es decir, jerarcas o funcionarios colocados por la administración frenteamplista que se mantenían en los cargos ante la ausencia de relevos. Hasta hace dos semanas el discurso del Frente Amplio era que como el oficialismo no tenía a quién poner en algunos cargos obligaban a los frenteamplistas. Ahora que el gobierno empezó a realizar algunas designaciones que no les gustaron, también se ofendieron y pusieron a consideración de la administración sus renuncias.
Pero también es cierto que, una vez más, un dirigente de Cabildo Abierto fue quien encendió la mecha para que explotara esta situación. El nuevo director regional de ASSE para el Oeste realizó algunos polémicos posteos en redes sociales que fueron la gota que rebasó el vaso. El presidente de ASSE actuó rápido y le pidió la renuncia al director que había asumido dos días atrás, aunque Cabildo le dio un premio consuelo como asesor.
Diego Battiste
Lo cierto es que con renuncia o sin renuncia, estos jerarcas iban a abandonar sus puestos a la brevedad porque son cargos de confianza política. Por tanto presentarlos solo como “renuncias masivas” como hicieron la izquierda, sin más detalles, es omitir una parte importante de la historia.
→ El gobierno también tiene culpa de esta situación. No solo por haber nombrado a un director al que tuvo que hacer renunciar, sino por todas las demoras que ha tenido la coalición para ponerse de acuerdo con los nombramientos en cientos y cientos de puestos políticos en todo el Estado. Si en la transición los socios hubiesen negociado con más celeridad muchos cargos (por ejemplo, el presidente de ASSE recién asumió el 18 de marzo), se hubiese ahorrado muchísimos dolores de cabeza. A Lacalle le preguntaron esta semana por ese asunto e hizo un tímido mea culpa: “Por su puesto que este gobierno no es infalible”, dijo y se excusó en que es el primer gobierno de la historia en tener una composición de cinco partidos. Agregó que ante cada designación trata de “conocer la persona, sus actitudes” y que eso lleva tiempo. Además, argumentó que la pandemia cambió todos los planes. “Si hubiéramos sabido que el 13 de marzo teníamos esta situación quizá hubiésemos apurado”, dijo. La pandemia se venía. Era el 13 de marzo o el 1° de abril, pero algún caso seguro iba a llegar. Con una transición de tres meses como la que tiene Uruguay, a diferencia de otros países, al menos en los cargos más importantes no se debería empezar un gobierno con jerarcas de la oposición en sus puestos. Es un riesgo muy grande, más en el medio de una crisis.
Silvana Fernández
→ Sin embargo no todos los casos de jerarcas frenteamplistas en un gobierno multicolor son problemáticos. Lacalle destacó esta semana -y dijo que se “congratula”- cómo en la educación los consejeros de Primaria que vienen de la administración anterior lograron instrumentar la vuelta a clase en algunas escuelas rurales en coordinación con el Ministerio de Educación y el presidente de la ANEP. “Todos llegamos a un punto de acuerdo para que los chiquilines hoy empiecen las clases”, dijo. Tenían diferencias pero lograron saldarlas, lo que llevó a que la vuelta a clases en esas escuelas fuese mucho menos ambiciosa de lo que pretendía el presidente cuando lo anunció inicialmente.
→ En asuntos de la pandemia el presidente hizo en los últimos siete días otra muy buena jugada política. Logró meter para dentro de las decisiones a la academia, con la creación de un comité de expertos. De esa manera logró blindar aún más las decisiones que toma, dado que los integrantes de ese comité son indiscutidos académicos. A la vez los números de contagios y de internados siguen siendo bajos, por lo que todas las críticas y alarmas que hacían sonar otros médicos más asociados a la izquierda empezaron a silenciarse. Es esperable que las cifras aumenten a medida que los fríos aumenten. Pero mientras el sistema de salud no se desborde, el gobierno podrá seguir tomando decisiones con tranquilidad. Ahora, donde la situación se complique, Lacalle sabe que ni todo este blindaje podrá salvarlo de las críticas. Por algo insiste tanto en que la “responsabilidad” es de él. Lo dice en cada una de las conferencias.
Silvana Fernández
→ Esta semana también fue la semana del tapaboca. El gobierno puso mucho énfasis allí y empezó a lograr resultados. No solo por lograr que supermercados y pequeños comercios empiecen a exigirlos sino también porque se nota a mucha más gente usándolo en la calle y en espacios comunes. Lo que no cambian son los uruguayos que siguen viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Durante los últimos siete días debimos escuchar a cientos de personas quejándose porque ven a otros salir a hacer ejercicio o a realizar determinadas actividades. Lo insólito es que muchos de ellos que critican también han realizado actividades muy similares. Está mal si otros lo hacen, pero no si lo hago yo.