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La única verdad es la realidad

"Evitemos que los puestos de decisión del próximo gobierno sean ocupados por personas no adecuadas”

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01 de marzo de 2019 a las 05:00

Por Carlos María Uriarte, especial para El Observador

Las apetencias de poder que provocan las elecciones hacen que seamos diarios testigos de diversas y creativas formas de desdibujar la realidad, abusando ofensivamente de nuestra intelectualidad. Pero, digan lo que digan, la verdad es un sola y es la realidad que sufrimos diariamente la gran mayoría de los uruguayos.

La realidad de la mayoría de los uruguayos está condicionada por la incertidumbre de poder llegar a fin de mes capaces de enfrentar nuestras obligaciones.

Es verdad que hemos aumentado mucho el gasto en educación, pero la realidad es que tentados por la vida fácil, cada vez menos adolescentes terminan el básico.

Es verdad que gastamos más en seguridad, pero la realidad es que vivimos en una total inseguridad donde la vida no vale nada.

Es verdad que vivimos en democracia, pero la realidad es que el país depende de lo que decida una minoría intransigente que no fue electa por el pueblo.

Es verdad que nuestras cifras macroeconómicas son históricamente buenas. Pero la realidad es que gastamos más de lo que tenemos, y eso nos provoca un déficit fiscal crónico e incontrolable que nos ha llevado a endeudar a nuestros nietos.

Es verdad que el PBI de nuestro país no ha parado de crecer, aun en un contexto regional adverso, pero la realidad es que lo ha hecho a expensas de la forestación cuyos resultados no quedan en el país.

Es verdad que hay más empresas que abren que las que cierran, pero la realidad es que hemos perdido más de 50.000 puestos de trabajo durante este gobierno, porque las que cierran son las que generan más puestos de trabajo.

Es verdad que hemos reducido la pobreza, pero la realidad es que hoy hay más de 300 mil tarjetas del Mides, incluyendo a familias con tercera generación de padres que nunca trabajaron.

Es verdad que nuestras exportaciones cárnicas han batido récords, pero la realidad es que las empresas ganaderas en el último ejercicio tuvieron los peores resultados en términos constantes de los últimos 10 años.

Es verdad que nuestros sectores lácteo y arrocero son comparativamente muy competitivos, pero su realidad es que hoy se endeudan para producir.

Pero lo más preocupante, es que quienes más abusan de tergiversar la verdad, son personas que dirigen el destino del país.

Desgraciadamente hay muchos orientales que cansados de tantas versiones contradictorias, ya ni las escuchan, y en su pensamiento prima la pasión sobre la razón.

La gente está cansada de escuchar hablar mal los unos de los otros. En su lugar quiere escuchar propuestas concretas y viables para mejorar sus vidas.

La gente esta aburrida de discusiones banales, mientras los problemas de la simple subsistencia cotidiana los ahoga.

Es el momento de cambiar, y que los intereses personales, sectoriales y/o partidarios, no primen sobre el interés nacional.

Hay que cambiar el mensaje que se le da a la ciudadanía, que para sobrevivir en nuestro país conviene ser empleado público o político, por el de la cultura del trabajo y el emprendedurismo.

Hay que cambiar el mensaje divisionista y confrontativo que se les da a nuestros jóvenes, por uno de  libertad, igualdad y solidaridad.

Trabajemos para que nuestro querido país vuelva a ser ejemplo por su esfuerzo educativo.

Evitemos el cultivo de la ignorancia, la vagancia y el resentimiento.

Evitemos la corrupción, la falta de ética, de moral, y de respeto.

Evitemos que los puestos de decisión del próximo gobierno sean ocupados por personas no adecuadas, y si lo hagan los mejores en cada área, independientemente de su color político.

Revaloremos como motivo de orgullo personal a la familia, a la honestidad, a la rectitud de carácter, a la palabra dada, a la cara limpia y a la mirada a los ojos.

Es el momento para que lo que cada uno de nosotros piense sea tenido en cuenta.

Si realmente queremos cambiar nuestra realidad, debemos ser honestos con nosotros mismos, y ser protagonistas de ese cambio. 

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