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La Unión Europea vuelve a mirar al Mercosur y espera que acuerdo entre en vigencia en 2023

Las consecuencias energéticas y alimentarias de la guerra en Ucrania provocó que Bruselas cambiara el foco para priorizar el vínculo con sus "primos" del sur y ahora empujan la carroza de un acuerdo que se mantuvo paralizado durante dos años

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14 de junio de 2022 a las 17:05

Desde Bruselas*

En Bruselas no hay conversación que escape al suceso singular más importante de los últimos años. La guerra en Ucrania está en boca de todos los euro-funcionarios y ha provocado cambios sensibles en los lineamientos de la UE para varios asuntos que, hasta el momento no eran prioritarios, desde la seguridad y defensa hasta las relaciones políticas y comerciales con el resto del mundo. 

En este contexto de profundos cambios geopolíticos en el sistema internacional es que los tomadores de decisiones en las instituciones europeas volvieron a mirar a sus socios en América Latina y específicamente en el Mercosur. Las consecuencias energéticas y alimentarias que ha provocado la agresión rusa en Ucrania activaron y dinamizaron el cierre de las negociaciones con el bloque sudamericano para alcanzar un acuerdo de asociación que incluye tanto un capítulo comercial como político. 

La expectativa de los europeos es poder concluir la negociación de forma definitiva y dar los pasos burocráticos necesarios para que el acuerdo entre en vigor a fines de 2023, cuando España –uno de los principales articuladores que empujan el tratado en la UE– ejerza la Presidencia del Consejo Europeo, dijo una jerarquía del Servicio de Acción Externa de la Unión Europea en una conversación con periodistas uruguayos y argentinos de la que participó El Observador. 

Esta misma premisa fue ratificada por la eurodiputada española del Partido Socialista Obrero Español, Mónica González. "El impacto de la invasión rusa a Ucrania lo que está generando en el Parlamento Europeo es romper ciertos paradigmas (...) Esperemos que la necesidad de buscar otros mercados de suministro permita volver la vista de la Comisión Europea a Latinoamérica. La situación en el Parlamento está dividida pero nuestra delegación trabaja por el acuerdo con el Mercosur y así lo va a impulsar desde la presidencia española, que además será clave para materializar esta vuelta a mirar a Latinoamérica", dijo González, quien es vicepresidente de la delegación parlamentaria para las relaciones con el Mercosur. 

Este cambio de foco, que surge a partir de una nueva lectura de la realidad política que enfrenta la UE, incluye una severa autocrítica sobre las acciones que los europeos no impulsaron en el pasado y las oportunidades que dejaron pasar. La relación con el Mercosur se daba por sentada, como un primo al que no se le daba mucha importancia a pesar del vínculo de familiaridad. 

Sin embargo, la condena de la mayoría de los países de América Latina a la invasión rusa les demostró que en el sureste tienen a los aliados “más próximos” y eso constituye una “base para redinamizar” un acuerdo que hace dos años y medio que está paralizado, dijo la fuente diplomática.

¿Por qué se había paralizado?

El llanto del entonces canciller argentino Jorge Faurie en conversación telefónica con el presidente Mauricio Macri, a fines de junio de 2019, marcó un hito. El Mercosur y la Unión Europea daban por finalizadas las negociaciones técnicas del capítulo comercial del acuerdo de asociación (lo que se conoce como Tratado de Libre Comercio) luego de 20 años. Pocos meses después, en 2020, las partes también lograron culminar las disposiciones políticas y de cooperación que contempla el acuerdo, con temas que van desde medioambiente hasta educación digital.

En junio de 2019 comenzaron los incendios en la Amazonia y poco tiempo después se desataron las críticas de organizaciones de la sociedad civil y de algunos sectores del Parlamento de la Unión Europea por la política de desforestación del presidente brasileño Jair Bolsonaro

El asunto tuvo un punto de inflexión durante una cumbre del G20, a fines de junio, en la que el presidente Emmanuel Macron atacó a su par de Brasil y dijo que no firmaría un acuerdo que llevaría a la degradación del pulmón del planeta. 

“El acuerdo está estancado por las preocupaciones de la agenda de sustentabilidad”, dice la fuente de servicio exterior europeo, aunque no demora en reconocer que esas preocupaciones medioambientales esconden “cierto proteccionismo que viene de los productores franceses e irlandeses” que se verían afectados por el régimen preferencial para productos agropecuarios.

En vista de esta férrea oposición, el Comisario de Comercio, Philip Hogan, asumió que no se podría avanzar en estas condiciones, a pesar de que entendía que el capítulo medioambiental del tratado brindaba todas las garantías de sostenibilidad en la medida que llamaba a seguir los lineamientos del Acuerdo de París. Lo hacía, sin embargo, sin especificar esos compromisos ambientales, razón por la cual se propuso trabajar en un nuevo documento que brindara detalles de esos compromisos asumidos y los cuantificara para calmar las críticas de los escépticos y opositores en la interna de la Unión Europea.  

Ese trabajo técnico se hizo y existe un borrador, aunque aún permanece oculto ya que el servicio exterior no vio ninguna voluntad política de avanzar de parte de la Comisión Europea y de los estados miembro. Incluso algunos estados habían votado resoluciones en sus parlamentos diciendo que no lo ratificarían llegado el caso. 

Las políticas de Bolsonaro, el lobby de Green Peace y otras organizaciones que llenaron Bruselas de cartelería culpando a Europa por la desforestación del Amazonia, la “transición verde” que priorizó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y las dificultades del servicio exterior para construir una narrativa que señalara las bondades del acuerdo desalentaron a los estados miembros de la UE y paralizaron el trabajo.

Todo eso hasta que Vladimir Putin comenzó a matar ucranianos desde febrero de este año y los europeos acumularon una pérdida comercial de 350 mil millones de euros (de los cuales más de la mitad podría ser compensado fortaleciendo la relación con el Mercosur, según creen). Entonces la guerra, como siempre pasa, trajo un nuevo tiempo político.

¿Dónde están ahora y cuáles son los pasos a seguir?

En el servicio exterior europeo tenían claro que para darle un nuevo impulso debían esperar a que pasara la elección francesa, ya que inevitablemente la oposición al acuerdo sería utilizada como carnada electoral. Y así fue. Pero ahora entiende que ya es momento de retomar el trabajo, sobre todo porque cuando volvieron a abrir los ojos se encontraron que China había avanzado varios casilleros en la relación con esos primos olvidados. El mensaje que permea ahora en la Unión Europea es que tienen aliados en América Latina, que hay que darles “importancia” y que ello “no se puede dar por descontado”.

Las nuevas prioridades coinciden con el fin de la presidencia de Francia en el Consejo Europeo y la asunción de República Checa, un país que si bien no tiene un interés en particular por empujar el acuerdo tampoco se opone. A esos seis meses de mandato checo le seguirá Suecia y España, dos estados que decididamente quieren cerrar la negociación. Y por eso entienden que para el fin de la presidencia española podría entrar en vigor.

Al mismo tiempo miran de reojo lo que pase en la elección presidencial de Brasil que podría condicionar la suerte del acuerdo en caso de una victoria de Bolsonaro, aunque en el Parlamento europeo hay quienes defienden que en definitiva se firman acuerdos con estados más que con gobiernos.  "Creo que Brasil es mucho más que Bolsonaro", dijo González. 

¿Qué es lo que queda por hacer? A pesar de que se comunicó la culminación de las tratativas, lo cierto es que quedaron algunos aspectos abiertos e inconclusos en materia comercial, fundamentalmente la negociación vinculada a las indicaciones geográficas. Eso se está abordando en este momento y está próximo a terminar. 

El próximo paso será hacer una revisión por parte de ambos bloques y la Unión Europea deberá traducir las 1400 páginas a 23 idiomas. 

Finalmente el acuerdo deberá ser aprobado tanto por el Consejo Europeo como por el Parlamento. Mientras que para la parte comercial solo basta conseguir dos tercios de los votos para que sea aprobada, la sección política requiere de unanimidad. Una vez que el Parlamento lo apruebe entrará en vigor provisional a la espera que lo ratifiquen los 27 estados miembro del bloque.

En Bruselas lo siguen considerando un tema complejo. Pero luego de dos años de vacío vuelven a mostrar interés. Y ahora son ellos los que empujan la carroza. 

“Uruguay empujó mucho”
Los diplomáticos europeos señalan que Uruguay “empujó mucho” el tratado dentro del Mercosur y reconocen que toda la “buena voluntad” que puso no tuvo una respuesta acorde de parte de la UE. 
En tanto, entienden que para el actual gobierno argentino el acuerdo “no es una prioridad”, por más que aceptan que hay una negociación cerrada que eventualmente habrá de avanzar. 

*El Observador fue invitado por la Unión Europea para participar de un programa para periodistas. 

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