Un auto cargado con comida, compras de supermercado, un poco de abrigo, una computadora, un libro y una guitarra esperaban en el aeropuerto de Carrasco que Victoria Raymond (25) llegara de su interrumpido viaje de Ciencias Económicas.
La economista volvía junto con dos amigos de estar dos meses en Japón y, una vez que pisaron tierra uruguaya, se fueron a Piriápolis para pasar la cuarentena, sin saludar a ningún familiar.
Los tres jóvenes llegaron a Uruguay el 9 de mayo tras una largo periplo de vuelos. Viajaron 12 horas de Tokio a Doha, la capital de Catar, y de allí hasta San Pablo otras 16 horas. Desde San Pablo se tomaron uno de los vuelos que coordina Cancillería con la aerolínea Amazonas, cuyo pasaje les costó US$ 300.
Eligieron hacer la cuarentena juntos en una casa prestada que consiguieron en Piriápolis a través de amigos de los padres. “Decidimos hacerla juntos porque convivimos durante dos meses en Japón. Si tenemos el virus, lo tenemos todos”, dijo Raymond a El Observador, que aclaró que ninguno tiene los síntomas del coronavirus covid-19.
La economista explicó que el riesgo que tienen de tener el virus es alto, pese a que en Japón tomaron todas las precauciones para prevenirlo. En los viajes estuvieron en contacto con muchas personas de distintas nacionalidades, lo que aumentan las posibilidades de contagio.
Gentileza Victoria Raymond Esas pantallas son del aeropuerto de Narita, que es el principal aeropuerto de Tokio. De los cuatro vuelos programados para el día, tres estaban cancelados Las personas que llegan al país desde zonas de riesgo o con síntomas de coronavirus deben cumplir una cuarentena obligatoria durante 14 días. En el aeropuerto, contó Raymond, tienen que completar un formulario con la dirección en la que harán la cuarentena.
Japón, el lugar más seguro
El viaje de estos estudiantes comenzó el 12 de febrero y el itinerario inicial marcaba que recorrerían el mundo hasta fines de julio. Pero la planificación solo se cumplió durante un mes: Raymond recorrió Nueva Zelanda, Australia, Indonesia y Singapur y cuando llegó a Malasia comenzaron las complicaciones por el cierre de frontera de los países ante los contagios que se extendían por el mundo.
"Somos siempre optimistas. Capaz que las cosas son un poco diferentes, pero es cuestión de encontrarle la vuelta", uno de los estudiantes que volvió del viaje de Ciencias Económicas.
“Cuando estaba en Malasia me echaron de un hostel. Me dijeron que iban a cerrar porque entraban en cuarentena; fui a comer de un lugar y también me echaron y así fue que el otro día decidí irme”, contó.
El 18 de marzo, entonces, decidió ir de Malasia a Tokio, un destino que había descartado, pero que encontró como “escape” porque en ese momento “era un lugar seguro”.
“La idea era esperar a que pasara un poco la tormenta en Japón, donde estaban controlando bastante bien los casos. Es un país relativamente seguro y serio, que nos dio esa confianza como para decir: nos quedamos acá y esperamos a que pase la situación y poder retomar”, explicó a El Observador el contador Santiago Fulco (25), otro de los cuarentenados en la casa de Pirápolis, quien pensaba volver en setiembre.
Japón fue uno de los primeros países en confirmar casos de contagio de coronavirus después de que China comenzara a alertar del brote, pero el país nunca decretó el aislamiento obligatorio y las actividades, aunque con menos gente, no fueron suspendidas.
“Vimos que los japoneses son muy respetuosos. Lo que les dicen lo re cumplen, lo hacen”, destacó Raymond y contó, por ejemplo, que en los semáforos hay altavoces que alertan de mantener dos metros de distancia y las personas las respetan. “A nadie se le cruza por la cabeza que se hagan cosas de otra manera que no son como se tienen que hacer”, complementó Fulco.
Raymond contó que en Tokio vivieron en un “mundo paralelo” a Uruguay porque pudieron hacer vida normal, aunque tomando precauciones. Habían tiendas abiertas, supermercados y shoppings, pero estaban cerrados los museos y aquellos lugares que pudieran tener aglomeración de personas. “Nos quedamos apenados de no ir al museo de Hiroshima. Había ciertas atracciones que estaban cerradas, pero la vida era bastante normal”, comentó la economista.
Gentileza Victoria Raymond Los jóvenes estuvieron una semana en Tokio y luego se fueron a la Isla de Okinawa, lugar que prácticamente no tenía casos positivos de covid-19 cuando llegaron, aunque de a poco aumentaron.
A Japón iban con la esperanza de que la emergencia sanitaria mundial terminara, pero la situación no mejoró, las fronteras siguieron cerrando y los egresados de la facultad de Ciencias Económicas decidieron volver.
La nueva realidad
Raymond y Fulco regresaron a Uruguay unos cuantos meses antes de lo que tenían previsto y piensan en cómo encarar esta “nueva realidad” con la que se encontraron. “Hay tiempo para pensar y para estar tranquilos”, comentó Fulco.
Gentileza Victoria Raymond La economista Victoria Raymond en el viaje de regreso a Uruguay tras dos meses en Tokio Uno de los puntos sobre los que reflexionan es sobre su futuro laboral porque antes de viajar renunciaron a sus trabajos. “Pensamos que iban a ser pila de meses, que íbamos a volver con otra cabeza y con Uruguay normal”, explicó la economista. Y lamentó que, además de no tener empleo, “no hay trabajo para encontrar”.
“Igual somos siempre optimistas. Capaz que las cosas son un poco diferentes, pero es cuestión de encontrarle la vuelta”, afirmó Fulco.