“Lacalle ladrón”. “Mujica asesino”. Las acusaciones, pintadas sin pudor por los muros del país, resumen con bastante certeza lo que fue la campaña electoral de 2009, una de las más sucias desde la apertura democrática. El hallazgo de un arsenal en la casa de un particular, que la oposición blanca y colorada quiso endosarlo a los tupamaros, y las constantes referencias a los hechos de corrupción ocurridos durante el gobierno del exlíder herrerista, fueron solo dos de los tantos ataques arteros de aquellos días de furia electoral.
“Hace unos años los agravios verbales se perdían en el aire, de repente los replicaba la televisión si se realizaban en un acto político. Ahora las redes sociales y la inteligencia artificial son incontrolables. Habrá que estar detrás de cada video y posteo falso. Va a ser muy difícil. Esto me hace acordar a la campaña de 2009…”, dijo a El Observador el dirigente blanco.
En tanto, un dirigente frenteamplista cercano a Yamandú Orsi compartió esa inquietud. “Sí, me acuerdo de la campaña de 2009. Yo no descarto que se dé el mismo clima. Sobre campañas sucias hay que recordar la que lanzó Sartori en la elección pasada”, sostuvo.
El mencionado senador nacionalista había contratado en 2019 al estratega venezolano Juan José Rendón, especialista en campañas sucias y conocido como “el rey de la magia negra”.
Durante la campaña que llevó a Luis Lacalle Pou a la presidencia, fueron publicadas páginas truchas administradas por extranjeros donde se publicaron contenidos manipulados para favorecer a Sartori.
El dirigente blanco reconoció la contratación de Rendon pero negó haber propiciado la difusión de noticias falsas.
En tanto, en aquella campaña de 2009 que recuerdan los dirigentes blancos y frenteamplistas también hubo un publicista extranjero contratado por un candidato local. Se trató de Ramiro Agulla, quien trabajó para Luis Lacalle Herrera no sin controversia. Un aviso del publicista estuvo en medio de la polémica por usar conceptos parecidos y los mismos extras contratados para un spot del político argentino Francisco de Narvárez.
Un operador nacionalista dijo a El Observador que le inquieta la escalada de violencia verbal entre algunos protagonista políticos y su exacerbación a través del “poder de fuego” de las redes sociales.
“Falta decir que el que sale en el spot no soy yo, sino que es un doble. Ahora estamos diciendo que somos engañosos, me parece que estamos pasando los límites”, se defendió Lacalle Herrera ante las críticas. La propaganda “clonada” fue levantada poco después.
Pero el spot que prendió fuego la campaña pocos días antes del balotaje, fue creado por publicistas uruguayos. Diseñado con el formato de un informativo, asociaba el arsenal de unas 700 armas encontrado por entonces en la casa de Saúl Feldman con el Movimiento de Liberación Nacional (MLN-T).
“Que empezó el juego sucio, empezó el juego sucio, y lamentablemente a niveles que todos tenemos que rechazar”, dijo por entonces Danilo Astori, quien luego sería vicepresidente del triunfante Jose Mujica.
Por su lado, los frenteamplistas auguraban un futuro terrorífico si ganaba Lacalle Herrera quien, entre otras cosas, prometió que utilizaría una figurada motosierra para cortar algunos gastos del Estado. “Parece que hay algunos que ahora plantean que van a venir con una motosierra, y van a cortar de raíz cabezas. Yo me imaginaba incluso esas películas de terror que a mí no me gustan mirar”, dijo en aquellos días la dirigente comunista Marina Arismendi.
En tanto, la militancia frenteamplista usaba cada muro que se le presentaba para recordar con un “Lacalle ladrón” los hechos de corrupción ocurridos durante la gestión del lider nacionalista (1990-1994).
Volviendo al presente, ¿es posible que en 2024 se replique aquella campaña de dudosa pulcritud?
Si con elementos un tanto artesanales se difundió un informativo incendiario, ¿qué no se puede lograr con la inteligencia artificial en boga?
Pero, además de los rudimentos técnicos, se precisa la existencia de cerebros que piensen cómo enlodar al de enfrente.
Entre los blancos, se observa como un síntoma de polarización de la izquierda las, consideran, cada vez más frecuentes críticas hacia el gobierno que recrudecieron una vez conocido los entretelones del caso Marset que le costó el cargo a dos ministros, un viceministro y un asesor presidencial.
El precandidato presidencial Yamandú Orsi llegó a calificar de “omertá”―código de honor mafioso― lo que consideró un excesivo silencio del mandatario frente a las irregularidades cometidas. “Es una lealtad en algunos casos lindando con lo que es la omertá. Hay como un abuso en eso de la lealtad y la amistad. (…) La lealtad de esa forma termina rozando el ‘yo te cuido, yo te cubro’”, dijo Orsi.
La pasada semana el Frente Amplio adhirió a la marcha organizada por el PIT-CNT bajo la vaga consigna “Por la democracia y contra la corrupción”. En el comunicado de apoyo a la movilización, el Secretariado Ejecutivo de la izquierda aludió al "grave hecho que genera heridas en la credibilidad y la institucionalidad de la República".
Si con elementos un tanto artesanales se difundió un informativo incendiario, ¿qué no se puede lograr con la inteligencia artificial en boga?
Es claro que la relación entre el oficialismo y la izquierda opositora pasa por uno de sus peores momentos. Las cosas empezaron a recalentarse con la imputación al senador Gustavo Penadés por varios delitos vinculados a la explotación sexual de menores.
Al igual que en el caso Marset, en ese episodio la postura de la izquierda mutó de una actitud de prudencia a otra de acusaciones graves.
Es así que el presidente del FA, Fernando Pereira, dijo que en el Partido Nacional se enojaron más porque Penadés les mintió cuando les prometió a sus dirigentes que no había abusado de menores que por los delitos cometidos por el legislador. Los blancos le respondieron con no menos violencia y el senador Sebastián Da Silva propuso declararlo persona no grata.
Para comprender cómo viene aderezada la relación oficialismo-oposición, basta con ver cómo vienen involucionando algunas relaciones personales.
Por ejemplo, el senador frenteamplista Charles Carrera se enojó con su par nacionalista Jorge Gandini ―quien sostuvo que en el Ministerio del Interior hubo desvío de fondos cuando el dirigente de izquierda era director general de Secretaría― y fantaseó con emprenderla a los tiros o a sablazos.
“Para algunas cosas sería bueno que volviera la ley de duelos. (…) A Gandini, ni un vaso de agua”, arremetió en declaraciones a Diamante FM. “Está mal este muchacho”, matizó Gandini en radio Sarandí.
Mientras estos tiroteos verbales suceden, la actividad parlamentaria se va deprimiendo y en el horizonte se dibujan esas urnas que nos convocan a todos cada cinco años, pero a las que los políticos parecen dedicarles un interés perpetuo.
Lo cierto es que ya no hay vuelta atrás. Lo que no se hizo ya no se podrá hacer, y lo que se intente se encontrará con una realidad inevitable: el tiempo pasa y la campaña electoral se cierne como una enorme ola en el horizonte. Sin el cuidado necesario, el ejercicio pacífico de la política, ese arte de lo posible corre el riesgo de convertirse, al menos en las palabras, en una inquietante imposibilidad.