Para empezar, la propuesta de Lacalle Pou generó de inmediato una ola de consultas a expertos tributaristas sobre las diferencias entre los sistemas impositivos de ambos países y cómo podría realizarse la radicación fiscal.
Dado el momento hipersensible para los ciudadanos de mayor nivel de ingreso, que fueron explícitamente señalados por el gobierno como los que tienen que hacer el mayor sacrificio en un momento de emergencia, la propuesta de Lacalle Pou encontró alta receptividad.
La perspectiva de aumentos en los impuestos a bienes personales y en ganancias, la duplicación de la tasa por patrimonio radicado en el exterior, además la mayor presión de tributos provinciales (por caso, en Buenos Aires se puede llegar a un incremento del 75% de la tasa para inmuebles) abonaron el terreno para que haya quienes dediquen sus horas a ver cómo pueden eludir la nueva escalada fiscal.
Marcelo Umpiérrez Y eso en lo que atañe a los tributos por ingresos personales o al patrimonio familiar. Pero luego se deben agregar el aumento de las retenciones por exportación en el agro y ramas de servicios y los efectos del cepo cambiario y los nuevos cargos a la compra de dólares. Esta medida, combinada con la obligación de facturar en pesos para los profesionales que tienen clientes fuera del país, implica una disminución de 24 por ciento en términos de divisas.
Uruguay en la mira
Lo cierto es que las facilidades a las que aludió Lacalle –la no tributación por bienes en el exterior, por ejemplo- contrastan con la mayor agresividad fiscal argentina y determinó la ola de consultas en los estudios jurídicos y contables.
Entre los muchos artículos que abundaron sobre las diferencias tributarias de ambos países y las condiciones a cumplir para ser considerado residente fiscal en Uruguay, el experto Iván Sasovsky publicó uno en el que expresa: “El gobierno argentino corre de atrás en esta carrera en la que los hechos resultan más que elocuentes (impuestos mucho más bajos y simples), siendo que enfrente se encuentra uno de los países más libres y en el cual los impuestos nunca han sido un problema”.
En tanto, el experto tributarista César Litvin calculó que el aumento a los bienes personales aumentó en 12 veces en el período de un año, si se toma en consideración el patrimonio radicado en el exterior.
Por su parte, Mariano Sardans, director de la gerenciadora de patrimonios FDI, destacó la rapidez de reflejos de Lacalle y observó: “la propuesta tiene incentivos desde el punto de vista de la fiscalidad porque daría una ventaja para los primeros cinco años, y obviamente Uruguay tiene impuestos más bajos, como el de la renta financiera a los individuos, del 12%”.
Los medios argentinos destacaron cómo en eventos como el realizado en el hotel Enjoy de Punta del Este, en el marco de la Expo Real Estate, se colmó la asistencia a las charlas sobre cómo obtener la residencia fiscal, lo cual obligó a repetir dos veces la ponencia.
De “cagadores” e indignados
Pero lo que motivó la explosión definitiva del tema Uruguay, y su salto desde las columnas de expertos a los ruidosos paneles periodísticos de los canales de noticias fue la irrupción de Mujica.
Como suele ocurrir en estos casos, la frase fue malinterpretada y dio lugar a reacciones indignadas. No fueron pocos quienes entendieron que, en vez de referirse como “cagadores” a los presuntos evasores de impuestos, Mujica señalaba con ese calificativo a los 45 millones de argentinos sin excepción.
En consecuencia, las reacciones transitaron el camino del orgullo nacional herido. Que no sólo se expresó por la vía de insultos en las redes sociales y frases airadas en los canales de televisión, sino que hasta llegó al ámbito político.
Por caso, Miguel Pichetto, excompañero de fórmula presidencial de Mauricio Macri, le reclamó al gobierno que saliera a repudiar oficialmente los dichos de Mujica, a los que calificó como “un agravio y una ofensa que no deben ser consentidas en silencio”.
Y, tras recordar cómo en 2002 Jorge Batlle había pedido disculpas tras su famosa frase sobre la “manga de ladrones”, reclamó: “Hay que recuperar el orgullo de ser argentinos y no permitir que nadie nos agravie”.
Tampoco faltaron quienes señalaron presuntas contradicciones en Mujica y la izquierda uruguaya por calificar como “cagadores” a los mismos inversores que erigieron buena parte de la infraestructura edilicia en Punta del Este y que sostienen la actividad turística del país.
Por caso, un editorial del diario Clarín, titulado “¿De qué cagadores habla Mujica?”, recuerda que en 2011, cuando era presidente, pedía a los argentinos que fueran a invertir en Uruguay. Y pone como ejemplo a los empresarios protagonistas del comentado episodio del chancho arrojado desde el helicóptero.
EFE La nota recuerda que uno de ellos construyó el aeropuerto de Carmelo, el club de campo El Faro y el Puerto Camacho.
Y argumenta: “Uruguay ha sido un paraíso para el lavado de plata argentina. Casi sin controles y con un sistema financiero semejante a una pista de aterrizaje que estaba a tiro y que dejó de estarlo por presiones internacionales”.
“Estudios uruguayos se han especializado en vender empresas de papel a argentinos, comprar inmuebles a nombre de terceros o armar una telaraña de trampas para engañar a la AFIP. ¿Cómo llamar a todos ellos? Aquí les diríamos garcas”, agrega el indignado editorial.
Por supuesto, para los argentinos es difícil captar a la distancia las sutilezas de la interna política uruguaya. Por eso, no pueden comprender en su real dimensión que la frase de Mujica, más que tener una pretensión de ofensa a los argentinos estaba dirigida a criticar un estilo de gobierno que ya se insinúa en Lacalle Pou.
De hecho, pocos notaron que los US$ 24.000 millones de uruguayos colocados fuera del país a los que hizo alusión Mujica, si se llevan a escala, no difieren tanto de la gran masa de US$ 300.000 millones que los argentinos mantienen a resguardo de confiscaciones fuera del sistema financiero.
Estudiando el contraataque
Llamativamente, uno de los más medidos a la hora de comentar el tema fue quien presuntamente debería estar más preocupado por la nueva avanzada uruguaya: el presidente Alberto Fernández. Si bien se mostró alerta por la posibilidad de perder recursos fiscales, se cuidó de no pronunciar frases que pudieran tensar la relación. Tal vez los recientes episodios de pelea retórica con el brasileño Jair Bolsonaro hayan actuado como disuasor de una nueva pelea intra Mercosur.
El presidente se limitó a manifestar su crítica por la propuesta de Lacalle Pou y le dejó una recomendación: “Tengo la impresión que a Uruguay le costó tanto salir de ese mote de paraíso fiscal que volver a caer en eso me parece que no es una buena idea”.
Mientras se intensifica el ruido en torno a Uruguay y las frases de Mujica, los funcionarios del gobierno argentino empiezan a estudiar el tema, no sin temor de que pueda llegar a interferir con sus metas de incremento en la recaudación fiscal.
Si bien el objetivo de que 100.000 argentinos crucen el charco parece ambicioso y nadie lo cree factible, también es cierto que hay un malestar creciente por la presión impositiva y que Uruguay aparece como un destino natural para miles de individuos y empresas que se niegan a ser la variable del ajuste fiscal.
El interés no se limita a los individuos sino también a las empresas, que estudian la posibilidad de una radicación uruguaya a los efectos de mejorar su perfil tributario.
Por lo pronto, en Uruguay hay unas 350 firmas argentinas, con inversiones que superan los US$ 5.300 millones. Y la lista incluye desde peso-pesados de la industria como Techint hasta un “unicornio” del comercio electrónico como Mercado Libre, pasando por un creciente número de pymes y de emprendimientos agrícolas.
Síntomas de que el fenómeno está en crecimiento se ven, por ejemplo, en los negocios inmobiliarios rurales uruguayos, que durante 2019 tuvieron incrementos que en algunas zonas llegaron al 20%, por causa de la llegada de argentinos.
Con la nueva presión impositiva al campo y la perspectiva de conflictos en torno a las retenciones de exportación, hay quienes auguran que el éxodo hacia Uruguay se hará más intenso este año.
Curiosamente, el rubro en el que no se registra tanto movimiento es el más tradicional: las cuentas bancarias. A pesar de la incertidumbre política creada en Argentina –y que se reflejó en la salida de US$ 13.000 millones del sistema bancario- apenas un 2% de esa fuga terminó recalando en bancos uruguayos.
De hecho, entre los individuos de mayores recursos, la plaza financiera uruguaya ya no parece atractiva, algo que se ve reflejado en los montos promedios de las cuentas de no residentes, que en casos como el del Banco República apenas supera los US$ 20 mil.
Pero lo que es seguro es que en el equipo de Alberto Fernández no están dispuestos a permitir pasivamente una pérdida de contribuyentes de alto nivel de ingresos, que es justamente el público al que apunta Lacalle Pou. Y menos ahora, que el mercado empieza a reaccionar positivamente ante las señales de responsabilidad fiscal y cuando hasta los economistas más escépticos corrigieron sus proyecciones, a la espera de un déficit primario inferior al 1% para este año.
Por lo pronto, ya se avisó que el castigo a las cuentas bancarias y a propiedades en el exterior (que deberán tributar el doble de los patrimonios radicados en el país) se podría evitar si los titulares accedieran a repatriar un 5% de lo colocado fuera de fronteras. Además, se empezaron a suavizar las puntas más filosas de los controles cambiarios, al punto que se emitió una resolución por la cual se permite la compra de dólares sin el cargo del 30% y se habilita su remisión fuera del país para el caso de los inversores extranjeros que sean parte de emprendimientos productivos.
Y en algunos casos, como en las retenciones a los productores agrícolas, hubo reuniones en las que los funcionarios dieron a entender que habrá un cronograma de reducciones graduales y de medidas compensatorias.
En definitiva, señales de que el duro apriete fiscal del arranque de la gestión Fernández podría empezar a suavizarse en la medida en que se note un cambio de rumbo en la economía y se retome el camino del crecimiento.
Señales, claro está, que muchos siguen poniendo en duda. Pero que al menos marcan una consecuencia positiva del debate argentino en torno a Uruguay.