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28 de septiembre 2022 - 5:03hs

La lista 15 del Partido Nacional en Rivera —la que integra el subsecretario de Ambiente, Gerardo Amarilla— está movilizando a su militancia para que el próximo domingo, en las elecciones de Brasil, el derechista Duda Amaral consiga una banca en la diputación de Rio Grande Do Sul. A seis horas en auto desde allí, siguiendo la línea fronteriza que divide a Uruguay de su vecino del norte, el comité de base del Frente Amplio en el Chuy está entregando propaganda a favor del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. Algunos autos con matrícula uruguaya transitan las calles binacionales con banderas del Partido de los Trabajadores o del Partido Liberal. Y unos 70 pastores evangélicos, que ofrecen ceremonias religiosas a unos 3.000 ciudadanos uruguayos, están organizando un rezo a favor de Jair Bolsonaro.

La frontera norte de Uruguay palpita la recta final de las elecciones de Brasil. Porque por más que estos comicios del domingo —los más grandes de la región en cantidad de partidos y votantes—  parezcan un tanto lejanos para los montevideanos, su desenlace atrapa la atención de los miles de habitantes de las localidades fronterizas. Y hay razones económicas e ideológicas para que sea así.

Uruguay limita con un gigante: toda Europa —incluyendo los siete países que antes estaban integrados a la Unión Soviética y excluyendo Rusia— entran dentro de Brasil y sobra espacio. De ahí que las políticas que adopte el futuro gobierno brasileño, en especial las económicas, tengan impacto directo en la marcha uruguaya, explicó el politólogo Camilo López, especialista en sistemas políticos de la región.

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Pero en la frontera, en que muchos lugareños comparten la doble nacionalidad, los intereses son todavía mayores. Ocurre que el domingo los brasileños serán llamados a las urnas para cinco elecciones en simultáneo: se vota la Presidencia, un tercio del Senado, los diputados federales, los gobernadores de cada Estado, y los parlamentarios estaduales. Y la normativa permite que se sufrague por partidos distintos en cada una de esas elecciones.

En Rio Grande Do Sul, el Estado fronterizo con Uruguay, la última encuesta de la consultora Ipec reveló la ventaja con el 38% del candidato a gobernador Eduardo Leite, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) que integra el expresidente Fernando Henrique Cardoso. Pero el último sondeo de esa misma empresa de opinión pública da un empate técnico entre Lula (41%) y Bolsonaro (37%), mientras que a escala nacional la ventaja de más de diez puntos de Lula le permitiría ganar en primera vuelta si consigue algunos votos útiles de la centro izquierda y de los indecisos.

Pero hay más. “La iglesia (evangélica pentecostal) se posicionó en la dirección de acompañar y rezar por el presidente (Bolsonaro): él representa los valores de la familia, dignifica los valores cristianos”, dijo a El Observador el pastor Carlos, presidente de la asociación de pastores de Santana Do Livramento, la ciudad lindera a Rivera del lado brasileño y a donde, según esa misma asociación, a cada ceremonia llegan unos 3.000 devotos uruguayos (el 15% de los fieles pentecostales en esa zona).

Esta preferencia electoral —mucho más directa de la que acontece en las elecciones uruguayas— va en sintonía con el posicionamiento de varias iglesias evangélicas en el resto de Brasil. “Oh Señor, no permita que lleguen al poder personas que normalicen lo anormal, ayúdenos a detener la avalancha del mal…”, rezaba el domingo pasado el pastor Cardoso ante la mirada atenta de sus fieles en un templo de San Pablo, según narró El País de España. Y este voto “religioso” tiene cada vez más peso en el país con más católicos del mundo, pero en el que, a este ritmo, los evangélicos superarían a los católicos en solo una década.

El politólogo uruguayo Antonio Cardarello, quien en su tesis doctoral hizo un comparativo de las elecciones subnacionales de la región, explicó que “en la literatura científica se maneja la hipótesis de que la extensión de las iglesias evangélicas brasileñas hacia el lado uruguayo podría explicar la buena votación que tuvo Cabildo Abierto en Rivera en la última elección”.

Otro pastor evangélico, pero del Partido Nacional, el diputado Álvaro Dastugue, viajó este martes a Brasil donde será observador de las elecciones por el Parlasur (también lo acompañó el frenteamplista Nicolás Viera). Dastugue explicó que “en Uruguay se intenta separar la prédica religiosa de la política y, aunque depende de cada pastor, es más frecuente que el púlpito sirva de estrado político del lado brasileño”.

Como contraposición a ese avance más conservador, en Porto Alegre se fortaleció el movimiento izquierdista Cristianos Contra el Fascismo. “A partir de 2018 se expandió por casi todas las grandes ciudades, pero en la frontera con Uruguay, zona en que no hay grandes ciudades, la influencia es limitada”, explicó a El Observador el líder Tiago Santos. Aun así, reconoció el líder religioso progresista, “hay pastores que apoyan a Lula también”.

La política

Cuando la lista nacionalista 15 realizó su congreso, en julio, una persona fue llamada al frente y dio un discurso en portuñol. Era el experiodista Duda Amaral, hoy candidato a diputado estadual por el Partido Progresista (de centro derecha y que apoya a Bolsonaro), quien formalizaba el vínculo con ese sector del Partido Nacional en Rivera.

Duda Amaral El bolsonarista Duda Amaral habla en congreso de lista 15 del Partido Nacional

“Mi esposa nació en Uruguay y tiene la doble nacionalidad. Mi exesposa también es uruguaya y es la bisnieta del exsenador uruguayo José María Damboriarena. Y cuando era periodista cubría las elecciones de los dos lados de la frontera, sobre todo el voto de los que tienen doble ciudadanía”, contó Amaral a El Observador. Su vínculo con la lista 15 es, por tanto, familiar y “de amistad”. Porque “Livramento y Rivera parece una misma ciudad, la gente va y viene”.

No hay estadísticas oficiales sobre cuántas personas habilitadas para votar el domingo viven en Rivera. Las estimaciones refieren a unos 5.000 y Amaral intenta captar a los más que puede porque necesita unos 30.000 votos en Livramento para conseguir una banca.

El Chuy, donde del lado brasileño ganó Bolsonaro en la última elección (el entonces líder del Partido de la Gente, Edgardo Novick, lo festejó en 2018), supo ser un bastión del Partido de los Trabajadores. Y ahora, con el resurgir de Lula, ese espíritu se está desplegando. En el comité de base del Frente Amplio “se está haciendo campaña por Lula". "Estamos haciendo fuerza para que se pueda cambiar este gobierno conservador”, dijo Francisco Laxalte, uno de los fundadores del partido de coalición de izquierda y a quien le dicen “Cura” por sus estudios fallidos en el seminario religioso. Él, que fue edil por Treinta y Tres y luego por Rocha, admite que en las calles binacionales “se nota un aire de cambio y es posible que el sábado, el día previo a la elección, se llene de banderas”.

Y en Brasil las previas electorales son de mucho ruido —más en esta que está polarizada—, así que en la frontera esta previa se está haciendo oír.

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Chuy Rivera Jair Bolsoanro lista 15

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