Los asuntos delicados requieren tratamientos delicados. Por estas horas pululan denuncias de abuso policial y es muy difícil en primera instancia determinar la credibilidad de algunas de ellas. Eso plantea un dilema periodístico: ¿cuánto destaque se les dan a los testimonios, los casos, los videos y los recortes de estos sin pronunciamiento de la Justicia?
Los abusos policiales no son un tema en que los periodistas debamos mirar para el costado, por más que a algunos lectores no le interese o hasta los justifiquen.
No soy de las personas que cree que los periodistas debemos escribir “en contra de los lectores” como dicen algunos colegas. Creo que a los lectores hay que escucharlos, conocer sus intereses, saber qué quieren que les expliquemos o que información necesitan saber. Pero sí considero que hay temas que por más que a ustedes no les interesen, nosotros debemos informarlos a fondo. Y por más que sigan sin importarles luego de eso, seguir reportándolos con todo el destaque que el periodista considere necesario.
Camilo dos Santos
Los abusos policiales son, sin duda, uno de estos casos. A veces las sociedades tienen otras preocupaciones (como es el caso de ahora, una mejoría en seguridad) y pueden minimizar los episodios de abusos o incluso festejarlos si es para lograr más seguridad. Pero si los periodistas no informamármos a fondo sobre una eventual oleada de abuso policial, luego, si todo se desborda, esos mismos ciudadanos nos van a cuestionar dónde estábamos y qué estábamos haciendo. Si ese escenario no deseado llegara (como ya sucedió en el pasado) sin que lo hubiésemos indagado a fondo, será difícil reconstruir la credibilidad periodística.
Del otro lado de la balanza está informar cualquier denuncia poco precisa y hacer con ellas grandes titulares. Por ejemplo, difundir un video de pocos segundos en el que se ve a un policía con un arma larga apuntando a un malabarista en una plaza, sin reconstruir el contexto de esa situación.
La inmediatez que da y exige internet, el cuestionamiento de algunos de “sesgar” y “ocultar” determinada información por no publicarla cuando todos lo están haciendo y la presión de las redes agregan complejidad a esas decisiones periodísticas.
Sería naif no creer que detrás de algunas de estas denuncias hay un interés de socavar la imagen del nuevo gobierno y en especial del nuevo ministro del Interior. En Chile, sin ir más lejos, los mayores cuestionamientos al gobierno están en cómo reaccionaron los carabineros ante las manifestaciones populares.
Diego Battiste
Por ello puede resultar peligroso que los políticos se metan en el tema sin tener todos los elementos. El intendente de Montevideo ya lo hizo y politizó el asunto.
El equilibrio y la prudencia es clave en el periodismo siempre. Más en estos casos. Y en ambos sentidos: sin dejar de informar cuando hay mérito suficiente, pero tampoco alimentando sensaciones que no tienen sustento en la realidad.
Porque además, la línea es muy fina. El malabarista de San José tenía machetes. Eso no lo sabían (o no lo dijeron) las personas que divulgaron en redes el video del policía apuntándole con el arma larga. Estaban alimentando el desprestigio a los policías y el gobierno. Del otro lado uno se podría preguntar: ¿esos machetes estaban afilados? ¿Realmente amenazó a los policías con ellos? ¿O eran machetes sin filo que usaba para sus malabares? Lo ideal parece ser esperar a que la Justicia aclare estas situaciones.
En el medio, los periodistas vamos aprendiendo de los errores. Porque sí, somos humanos y los cometemos. Y en estos días, a mi gusto, cometimos varios.
Aquí, por lo pronto, me voy a hacer cargo de uno nuestro. En El Observador cada vez que nos equivocamos corregimos y pedimos disculpas. En un país tan politizado como Uruguay, a muchos ciudadanos les cuesta entender la independencia y el rigor. Y que pese a ello, el error puede existir.
¿Qué pasó? Un hombre dijo que la policía lo había apaleado y hasta disparado cuando uno de los efectivos vio un sticker del Frente Amplio en su moto durante un operativo de rutina. El martes, el Ministerio del Interior les mostró al PIT-CNT y Adeom uno de los videos y luego lo divulgó editado. Ese video no es del episodio denunciado, sino de unos minutos después, cuando llegó el jefe del operativo con la cámara GoPro en su pecho. En el otro video, que es de las cámaras de seguridad de la zona y que no fue divulgado, no se ve tampoco ninguna agresión, según los sindicalistas que lo vieron. Pero hay cinco minutos de los que no hay video, porque fue el momento en el que el hombre salió corriendo y los policías lo hicieron detrás de él.
El video divulgado sí desacredita buena parte de la denuncia. No se lo ve golpeado, no se lo ve baleado. No le dice nada al jefe del operativo sobre la supuesta agresión. Pero nosotros titulamos por algunas horas que el video demostraba que la denuncia era falsa. Eso lo deberá demostrar la Justicia, no nosotros.
Es verdad, este error es un matiz en la lectura, pero la credibilidad periodística se juega mucho más en los errores y en cómo actuamos ante ellos que en los aciertos y las grandes noticias periodísticas que conseguimos.
Las instituciones que deben tener el protagonismo en este asunto son la Fiscalía y la Justicia.
El rol que deberán jugar los fiscales se vuelve sustancial en este clima de cambio en la seguridad. Serán la garantía de los ciudadanos y tienen que ir a fondo. No solo por las presuntas víctimas, sino también para dejar tranquilos a los policías honestos que realicen operativos como deben ser.
Los fiscales son pieza fundamental en este nuevo escenario que plantea el gobierno de Luis Lacalle Pou para la seguridad. El Ministerio del Interior está embarcado en dar señales de apoyo a la policía, como forma de atacar de manera más directa al crimen. Esa actitud, necesaria según el gobierno, puede provocar (o no) desbordes policiales. Los que tendrán el peso de poner el límite a ello si sucede son los fiscales, investigando cada caso a fondo.
Es riesgoso que las fiscalías estén saturadas, por eso también será importante que los políticos le den los recursos que necesiten para poder ejercer ese rol de contrapeso tan importante.