En Treinta y Tres, como en todo el país, se había bajado la guardia. El reporte diario del gobierno era optimista porque apenas daba cuenta de una docena de casos. La situación general estaba bajo control. Hasta que de pronto, a partir del 19 de junio, el departamento a orillas del Olimar se convirtió en protagonista de un nuevo brote, el quinto registrado en el país. Pero esta vez se trataba de uno más delicado: la mayoría de los contagiados eran trabajadores de la salud.
Más de un centenar de enfermeros y médicos debieron cuarentenarse. El Instituto Asistencial Colectivo (IAC), una de las tres mutualistas locales donde se detectaron la mayor cantidad de infectados, debió sumar esfuerzos con el hospital para evitar una posible saturación del sistema. Entre ambos prestadores se organizó una puerta única de emergencia en aquellos sectores o especialidades en los que se había convertido dificultosa la cobertura.
Hasta el momento, 39 trabajadores de la salud de Treinta y Tres se infectaron. Y el cuestionamiento no tardó en llegar: ¿Estas personas no estaban cumpliendo los protocolos en los centros de salud que trabajaban? ¿No son los enfermeros y médicos los que deberían ser más estrictos con el cumplimiento de los cuidados?
Presidencia
El propio intendente de Treinta y Tres, Elías Fuentes, en el programa televisivo Polémica en el bar, calificó de “enfermos” a los trabajadores de la salud que “andaban sin tapabocas” y “tomaban mate entre sí” en el departamento. Desde la Federación Médica del Interior (FEMI) enseguida manifestaron su malestar con los dichos de Fuentes y lo consideraron “agraviantes”.
Lo cierto es que estos trabajadores, al igual que la comunidad en general, habían aflojado en el mantenimiento de las medidas recomendadas.
Según dijo a El Observador el director departamental de salud, José Quintín Olano, los contagios no se dieron en la propia mutualista donde se detectaron los primeros casos sino en “otros momentos no asistenciales”.
“La infección intranosocomial del personal de salud es una constante en todos los hospitales del mundo en que hay covid-19, en algunos más y en otros menos. En instituciones del interior –comunidades relativamente pequeñas– esto se agrava porque el grado de vínculo extrainstitucional de los trabajadores es muy alto. Es decir, muchos trabajadores tienen su círculo de amistad y contacto entre compañeros de trabajo”, explicó el doctor.
Quintín entiende que esa amistad por fuera del trabajo potenció los contagios así como los ratos compartidos “en la media hora libre” donde los trabajadores “suelen distraerse o descuidarse en el malentendido que el otro no está contagiado”. En esos momentos es común “bajarse el tapaboca”, “tomar un té” y “compartir el cuchillo con el que se unta mermelada”. “Todo nos dice que debemos tener mucho más cuidado y precaución”, aseguró el jerarca del MSP.
Camilo dos Santos
Silvia Guerra, la asesora epidemiológica de la dirección general de Coordinación de la cartera, ve la situación con los mismos ojos que Quintín. Entiende que como el personal de salud trabaja 12 horas diarias, su círculo de amistad suele ser el mismo que su círculo laboral. “Si les preguntás quienes son sus amigos, quiénes son los padrinos de sus hijos, quiénes son las personas con las que van a vacacionar, son sus compañeros de trabajo”, sostuvo.
El secretario general de FEMI, Osvaldo Bianchi, que vive en el departamento afectado, cree que el afloje del personal de la salud fue un afloje de la sociedad toda y pidió no estigmatizar a estos trabajadores. “Del coronavirus nos curamos. Pero de la vergüenza y el estigma es complicado”, dijo.
De todas formas, espera que ese afloje –y posterior brote– que se dio en Treinta y Tres sirva como aprendizaje para el resto del país. “Hubo cierta bajada de guardia y pasó lo que pasó”, advirtió.
¿Cómo surgió el brote?
La primera hipótesis que manejaron las autoridades sobre cómo fue el inicio de los contagios es el ejemplo más gráfico: los cuidados recomendados habían dejado de ser tomados en cuenta. Es que las miradas, en un principio, apuntaban a una nurse local –uno de los primeros casos detectados– que había viajado al Chuy dos semanas antes con cuatro amigas enfermeras y hasta habían compartido mate en el camino, según dijeron fuentes de la mutualista.
Pero con el paso de los días esa primera hipótesis se descartó. Primero, porque las otras tres compañeras de viaje no se enfermaron. Y segundo, porque los síntomas aparecen una semana después del contagio, no dos semanas después como ocurrió con la nurse.
Además, un estudio del Institut Pasteur y otros laboratorios públicos sobre la cepa del virus que había provocado ese foco arrojó más luz sobre el asunto. Los científicos llegaron a la conclusión que el virus había ingresado desde Brasil y estaba circulando en el departamento mucho antes del 19 de junio, cuando se detectó el primer caso. Creen que podría haber estado en esa comunidad ya desde el 16 de mayo, pero que se trató de casos asintomáticos o muy leves que no requirieron consultas. La nurse en cuestión fue una de las primeras que consultó por tener síntomas, pese a que eran leves. Otros de sus compañeros, que luego dieron positivo, también habían tenido síntomas leves pero lo atribuyeron al cansancio o al frío del invierno.
Guerra contó que “se está avanzando en la investigación” del origen del brote pero aseguró que aún “no se tiene una conclusión”. Por el momento, desde el MSP manejan tres hipótesis que “están dependiendo de unos exámenes –de anticuerpos y de identificación de la cepa– que se solicitaron y que todavía no están listos”. La epidemióloga prefirió no revelar cuáles son estas hipótesis hasta que no se confirme una de ellas.