26 de octubre de 2019 5:04 hs

Para resumir la campaña del Frente Amplio, nada mejor que empezar por el final. Y el final muestra a Daniel Martínez ante un mar de banderas en la rambla de Montevideo gritando una arenga reservada para las gestas improbables: “¡Se puede! ¡Claro que se puede!” 

Del derrotismo inicial al triunfalismo del final

Que el candidato del oficialismo haya elegido esa frase para culminar los discursos en el último mes no es casualidad. Es más bien un síntoma del vuelco que dio la campaña del Frente Amplio, del derrotismo inicial a la confianza y el optimismo reinante en la hora final.   

Camilo dos Santos

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Tras 15 años en el poder, el oficialismo vio cómo los pronósticos se le venían encima. En el equipo de Martínez señalan que los números internos que manejaban hace un mes los dejaban bastante lejos de la meta de un cuarto gobierno. Pero desde hace unas semanas,  algo cambió y el Frente Amplio ingresó en la recta final con la fe intacta para imponerse en las urnas. 

Las horas posteriores a las internas de junio fueron un calvario para el Frente. Toda la relativa paz y armonía que había mantenido en los meses anteriores se dio vuelta y mostró un partido salpicado por rencillas personales y sectoriales. La baja participación de sus votantes, los roces durante la conformación de la fórmula, la elección de un nombre que generó dudas y críticas, la polémica por el título de Graciela Villar, las derrapadas estratégicas y hasta el involucramiento de El Gucci; todo lo que pasaba se convertía en un potencial problema y consolidaba la idea de que la alternancia estaba a la vuelta de la esquina. Las negociaciones de alianzas electorales se enredaron más de lo usual y los dirigentes del oficialismo hablaban por lo bajo de las chances ciertas de perder. 

En un momento que los dirigentes del oficialismo no pueden identificar con precisión, pero que ubican entre la convención de agosto y el “Banderolazo” de setiembre, la campaña comenzó a enderezarse. El FA pulió la estrategia y el discurso. La militancia se abroqueló y los roces internos cesaron. Mientras Martínez presentaba casi a diario sus equipos y propuestas en diferentes áreas, la artillería de la izquierda apuntó contra el colorado Ernesto Talvi y lo aisló de la competencia. El candidato endureció su discurso contra Lacalle Pou, y aprovechó la fragmentación opositora para sembrar dudas sobre la eventual coalición. Las encuestas le auguran cuarenta y poco de intención de voto, pero la dimensión de ese “poco” marcará su suerte hacia el balotaje. 

La obsesión por la coalición

La imagen de Luis Lacalle Pou sosteniendo los programas del Partido Independiente, Cabildo Abierto, Partido Colorado y de la Gente resumen el recorrido de la campaña blanca hacia este domingo. El candidato blanco se marcó como línea la “búsqueda de coincidencias y no de diferencias” con su mente puesta en una futura coalición.

Desde que el 10 de agosto, en la Convención del Partido Nacional, los nacionalistas proclamaron a Beatriz Argimón como candidata a la Vicepresidencia, la fórmula recorrió tres veces el país con el programa propio y los cuatro ajenos bajo el brazo. 

Inés Guimaraens

El objetivo era preparar el terreno para que apenas pasadas las elecciones de este domingo, la oposición comience a negociar la coalición que le permita superar al oficialismo y asegurar la victoria en noviembre. Los discursos de Lacalle Pou tenían dos fines vinculados: remarcar que sin una coalición es imposible que el Frente Amplio deje de ser gobierno y convencer de que el Partido Nacional es el mejor para liderar ese “gobierno multicolor”. Para lo último, en cada discurso intentó demostrar que los blancos están más unidos que nunca y que esa unidad es una prueba de madurez y de preparación para asumir una próxima administración. 

Por eso también insistió con debatir con Daniel Martínez, y sólo aceptó hacerlo con él, para demostrar que estaban en juego dos modelos de país. 

La campaña nacionalista transcurrió sin grandes problemas, no hubo que tomar decisiones de último momento, ni que hacer cambios a su estrategia. Además de mostrar al equipo que lo respalda, con el que viene trabajando desde las pasadas elecciones, el candidato se cuidó de cometer actos que puedieran ser tomados a su favor por el oficialismo, evitó la improvisación, así como darse por ganador.

Sin embargo, en la última semana previa a las elecciones, cuando todo parecía que venía según lo planificado, la aparición de dos audios del intendente de Colonia, Carlos Moreira, cambiaron un poco los ánimos. Los blancos tuvieron que salir a apagar un incendio que se originó en la propia interna del Partido Nacional, debieron expulsar a un dirigente de años y muy apreciado como político y ser testigos de cómo declaraba ante la Fiscalía de Colonia. Los días siguientes, el ánimo mejoró y volvió a las mentes blancas la idea que revoloteó  todos estos meses: “es ahora”. 

Del optimismo al realismo 

“Hemos protagonizado un logro pocas veces visto antes”, decía Ernesto Talvi eufórico en la noche del 30 de junio luego de confirmarse ganador con el 53% de los votos y de vencer al dos veces presidente Julio María Sanguinetti en la interna. 

El holgado triunfo le hizo arrancar la campaña de cara a octubre con fuerza y las primeras mediciones de las encuestas generaron la ilusión de llegar a pelear un lugar en el balotaje. 

Todo lo bueno que vivieron los colorados en julio y agosto, se vino abajo en setiembre, cuando un pinzamiento en la espalda obligó al candidato a desaparecer de la escena política casi tres semanas. Mientras, el FA apuntó sus baterías contra una posible incompatibilidad del candidato a vicepresidente, Robert Silva, y dirigió sus críticas hacia cada propuesta colorada. 

Este combo, sumado al no a Pedro Bordaberry, que había decidido a último momento candidatearse, se tradujo en una baja en las encuestas. El coordinador político de Ciudadanos, Adrián Peña, dijo semanas atrás a El Observador que “estaba preparado” para una baja porque habían tenido “un envión demasiado fuerte” después de las internas.  Además reconoció que en setiembre hubo una “serie de factores” que provocaron la caída, entre los que mencionó los ataques del FA a Silva, y sumó los “problemas de coordinación como en el caso (Diego) Sanjurjo”. El asesor en Seguridad dijo a la diaria que “Bonomi ha estado entre los mejores ministros”, lo que despertó cuestionamientos internos y obligó a Talvi a endurecer sus críticas al ministro y decir que “ha fracasado claramente si se mira por sus resultados”.   

Camilo dos Santos

En un intento por desmarcarse de Luis Lacalle Pou y de buscar a votantes de centro, Talvi tomó una postura muy definida en contra de Guido Manini Ríos, candidato de Cabildo Abierto, lo que complicó el escenario para la integración de una futura coalición. 

Y finalmente, el pataleo por haber quedado afuera del debate entre Martínez y Lacalle Pou (“Eso es proscribir a uno de los partidos que, de acuerdo con las encuestas, tiene chance de ser uno de los finalistas”, dijo Talvi) también le jugó en contra, cómo él mismo admitió luego cuando dijo que a la gente no le gusta verlo enojado.

Así llega el Partido Colorado a esta instancia en la que se juega el rol que ocupará en un futuro gobierno de coalición y también la definición de liderazgos internos. Después de un camino de altibajos, según como quede conformada la bancada se confirmará si el ala renovadora con Talvi a la cabeza se consolida o si resurge la vieja guardia colorada. 

La novedad que espera consolidarse

De brazos cruzados, Guido Manini Ríos se balanceaba sobre las puntas de los pies. El general retirado tenía la mirada fija en la pantalla del televisor y apenas respondía a las palmadas en el hombro que se adivinaban a través de las puertas de vaivén. Estuvo así una hora: estático frente al monitor, mientras sus asesores se enfrascaban en conversaciones telefónicas y tomaban apuntes. 

El excomandante recién se reunió con los 50 militantes que estaban allí cuando tuvo la certeza de que su partido se perfilaba como la cuarta fuerza política. “No nos vamos a atar a ningún proyecto más que al nuestro”, afirmó en rueda de prensa, y estas palabras marcaron el rumbo de su campaña.

El ahora líder de Cabildo Abierto ganó popularidad, antes de lanzarse a la política, al enfrentarse al gobierno por la reforma del Sistema de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas, aprobada en 2018, que le valió la máxima sanción prevista: 30 días de arresto a rigor.  Su trayectoria militar terminó el 12 de marzo de 2019, cuando Vázquez lo destituyó por cuestionar el desempeño del Poder Judicial en los casos vinculados a la dictadura (1973-1985). 

Leonardo Carreño

Con la estrategia de no responder a lo que se dice de él, pero con un discurso consistente, marcado por la promesa de “terminar con el relajo” y devolverle a Uruguay “los valores perdidos”, Manini Ríos se ganó un amplio respaldo de la ciudadanía. Según las encuestas, Cabildo Abierto podría tener en la próxima legislatura cuatro bancas en el Senado y 13 en Diputados.  

Para los simpatizantes de Cabildo Abierto, Manini Ríos es una figura de culto. Su compañero de fórmula, Guillermo Domenech, lo proclama como el nuevo caudillo oriental y llegó a decir que es un enviado de Dios que guiará “a los artiguistas”. Sin embargo, la última encuesta de Equipos señala que 52% de los uruguayos le tiene antipatía. Se ha ganado amplias críticas por no desmarcarse con firmeza de una parte de sus simpatizantes. como Germán Dorrego, un convencional de Cabildo Abierto que fue señalado por el Ministerio del Interior como integrante de una agrupación que rendía culto al nazismo. 

Manini Ríos enfrenta también un caso judicial. El fiscal Rodrigo Morosoli pretende imputarlo en la audiencia del 1 de noviembre, por no haber denunciado la confesión de Gavazzo sobre que tiró al río Negro el cuerpo de Roberto Gomensoro. Ya anunció que no se amparará en los fueros parlamentarios si llega al Senado.  “Atacándome no van a apagar el fuego de Cabildo Abierto. No me apartarán del camino que me he trazado”, advirtió este jueves el candidato que adjudica la acusación a un ataque por su promisoria carrera política.

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