15 de septiembre de 2017 5:00 hs

Sin un buen asado, el paseo de la Expo Prado puede no estar completo. Los lugares para degustar algunos de esos cortes se multiplican en los caminos de la Rural. Sin embargo, la tradicional carne asada no es la única opción que presenta la feria en términos gastronómicos.

Por ejemplo, la creciente popularidad de los alimentos a base de productos orgánicos puede apreciarse en el stand de la Intendencia de Rocha, casi al inicio del recorrido por la Expo, donde se encuentran dos propuestas que conjugan sabores distintos con el respeto por el medio ambiente, y donde pueden adquirirse productos para llevar.

Una es Manita, un emprendimiento que ya tiene varios años y que comenzó con un producto elaborado en familia. Junto a su esposa, José Amaral lleva a delante una empresa que se dedica a elaborar manteca de maní y otros derivados, de manera casera y con el agregado de que todos sus productos se hacen de manera ecológica.

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"Cuando empezamos tuvimos que luchar contra la gente para explicarles que la manteca de maní ayuda a bajar el colesterol. Tiene grasas no saturadas, que no se sedimentan, y en el tránsito arrastran el colesterol sedimentado. Todos nuestros productos deleitan el paladar, pero también tienen beneficios terapéuticos", explicó Amaral.

En Manita ofrecen, entre otras cosas, manteca de maní con dulce de leche, con chocolate, además de crema de ajo, de aceituna, de morrón, de avellanas y pasta de sésamo. La mayoría de sus productos cuestan entre $160 y $350.

Otra de las opciones rochenses es la de El Brocal, una cooperativa de ocho mujeres que se dedican a elaborar diferentes productos basados en frutos silvestres de Castillos, entre ellos licor y vino de butiá.
Según contó Rosa Martínez, una de las cooperativistas, ellas mismas se encargan de todas las etapas del proceso, incluida la recolección. "Hacemos mermeladas, vinos, licores, varios tipos de dulces, tenemos quesos, paté de morrón, quinotos en almíbar, bombones rellenos. Todo lo que podamos hacer con frutos nativos, lo hacemos", dijo Martínez.

En ese mismo plan orgánico está Graneco, una cooperativa del barrio Colón que, mediante un molino ubicado en la UTU del barrio, produce distintas variantes de harinas. Se lo puede encontrar en el stand de la Intendencia de Montevideo, y además de las harinas (entre las que se destacan una elaborada en base a arvejas), también se venden distintas tortas, panes y budines producidos con ellas.

Para comer en el predio

Si el almuerzo encuentra al visitante en pleno recorrido por el predio de la Rural, una de las opciones para escapar a la carne es acercarse hasta el stand Aromas y Sabores, donde se encontrará con variadas propuestas. Se destaca la comida venezolana, que tiene en Papa Rike uno de sus exponente.

El local tiene su base en Pocitos, y en el Prado ofrece las clásicas arepas, los tequeños y las cachapas a un precio accesible (no pasan los $160) y para llevar. Atendido por uno de los encargados, Enrique Molina, es una buena oportunidad para explorar sabores distintos.

"Es un menú un poco reducido, pero de lo más representativo de la comida venezolana. La idea es dar a conocer la gastronomía del país, que el uruguayo se anime a probar algo distinto. Hay una falsa percepción de que la comida venezolana es picante, pero al contrario: es sana y sabrosa a la vez", aseguró Molina.

Si, en cambio, no se quiere prescindir de la carne en el almuerzo, otra opción es dirigirse hasta el local de Angus, que si bien funciona como restaurante, prepara diversos platos para comer al paso. Allí se destacan los sándwiches y las albóndigas de jabalí, dos elaboraciones originales del chef Federico Amándola, encargado de la cocina.

"Servimos el sándwich en pan de focacchia, con tomate secos, rúcula y mermelada de cebolla. Lleva una cocción de cuatro horas y media y en él están todas las partes del jabalí: paleta, entrecot, lomo", dijo Amándola. Las albóndigas, por su parte, se elaboran con carne de los cuartos traseros del jabalí y se acompañan con salsa de tomates asados, ajo y oliva. Las albóndigas cuestan $120 y el sándwich de jabalí $140.

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