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Luciana Peker: "Los varones no soportan ver que las mujeres tienen mayores deseos que ellos, sexuales, culturales o políticos"

La periodista argentina analizó el panorama del feminismo, los movimientos reaccionarios y la importancia de repensar el amor, el sexo y los vínculos

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23 de julio de 2022 a las 05:02

Luciana Peker corre en un mundo de hombres. El colegio nacional Manuel Belgrano, que solía ser de varones, se vio obligado a educar también niñas a partir de 1982. Y ahí estaba ella, parte de la segunda generación de mujeres que corrieron en el patio cuadrado del colegio: 10 vueltas en 4 minutos. Hasta cansarse. O hasta terminar en la oficina de la rectora por usar un shortcito negro.

Porque, claro, la apertura tiene condiciones y la salida hacia la democracia había dejado entrar a las mujeres con una cláusula: el guardapolvos era obligatorio. Los varones, en cambio, se visten como quieren; la tela blanca solo tapa el cuerpo adolescente de las niñas que habían "arruinado el colegio", en palabras de la señora que firmó la sanción que le entregaron a Peker.

“Viste cuando decís ¿pero por qué soy diferente a los varones? ¿Por qué pueden correr como quieren? ¿Por qué me están diciendo que vine a arruinar la educación? Recuerdo como si fuera hoy la sensación de angustia, de que te demonizaran”, dice. Las chicas decidieron, entonces, hacer una huelga. Una huelga de guardapolvos. "Indisciplinadas", decía una nueva sanción. "Feminista originaria en la secundaria", dice hoy Peker.

Luciana Peker escribe en un mundo de hombres. En una revista del centro estudiantes que se llamaba La Puñeta. Y si correr de short era “arruinar el colegio”, escribir en una revista con nombre masturbatorio era casi una herejía. Pero a la vicerrectora lo que le espantaba no era el nombre, ni que lo hubieran elegido los varones, sino que escribieran chicas. "Ella recién se había enterado de la masturbación. La historia de la sexualidad femenina: reprimida y culpable".

El colegio Manuel Belgrano, sin quererlo ni imaginarlo, fue el lugar que la convirtió en escritora y feminista. Mientras terminaba la educación secundaria entró en un taller del escritor argentino Vicente Zito Lema y ahí descubrió que quería ser periodista. Terminó escribiendo en la revista Luna, una clásica publicación femenina de los 90, que en Argentina tuvieron tradición de hacer periodismo. "Era una forma de salir del desprecio de los varones al periodismo de las mujeres. Lo serio y lo político era lo que escribían los varones; entre la moda y la decoración, las revistas femeninas tenían una parte periodística muy seria. Empecé a escribir y a pelear por la anticoncepción gratuita en el siglo pasado, en 1998".

“A partir de ahí no solo trato temas de mujeres, sino que decido qué es de lo que quiero escribir”, asegura. Después, Peker trabajó más de 20 años: Las/12 de Página 12, pasó por Crítica e incluso Playboy, radio Nacional y revista Anfibia. Actualmente es columnista de Infobae. Publicó libros como Putita golosa. Por un feminismo del goce (Galerna, 2018), La revolución de las hijas (Paidós, 2019) y Amor y sexo en la era de las mujeres deseantes (Paidós, 2020). 

Luciana vive en un mundo que ya no es, solo, de hombres. Y contribuye al cambio. En una visita a Uruguay dialogó con El Observador sobre la revolución feminista en un contexto pospandémico, la posición vanguardista de este país en la agenda de derechos, el sexo, el placer y la revancha. A continuación, un resumen de la entrevista.

¿Qué es para usted el feminismo?

No es un canon estricto. Según los momentos va cambiando qué significa. Para mí, el feminismo es la gran revolución del siglo XXI porque no solamente propone mejoras para los derechos de las mujeres y de las diversidades, sino, en un mundo en crisis, en colapso y en decepción, es la idea de que el mundo todavía puede ser mejor.

Es una esperanza.

El feminismo es esperanza. Es la no resignación, en un mundo en que la pandemia vino a mostrar que todo puede ser peor, donde todos estamos más desilusionados, más decepcionados, más asustados. Pero para las mujeres el presente es mejor que el pasado, y el futuro puede ser mejor que el presente. ¿Por qué? Por el feminismo. Lo que plantean los sectores conservadores y reaccionarios es que el pasado es mejor. En un mundo en crisis, para mí el feminismo todavía es la idea de que la construcción de un futuro, mejor en algunos casos y de reducción de daños en el plano ambiental, es posible.

¿Qué características tiene este feminismo que se impulsa desde el sur?

La palabra sur es central. Es una palabra que se usó en los debates políticos y culturales en los años 70 como un gran eje para pensar el mundo, la tensión entre países centrales y países periféricos. Hoy siguen existiendo tensiones de poder. Que desde el sur hayamos construido derechos para las mujeres que hoy son dignos de imitación en el norte muestra hasta qué punto las mujeres hemos construido herramientas muy valiosas. La lucha por el aborto legal después del retroceso del fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos tiene el color verde que viene del sur, del pañuelo verde de la Argentina, con la importancia de Uruguay como pionero en el 2012 y con lo que significó para las argentinas el ejemplo uruguayo de la tasa de mortalidad materna cero por las interrupciones voluntarias del embarazo. Uruguay claramente es el país pionero en la región. Hay una unidad rioplatense entre uruguayas y argentinas muy fuerte, mucho más fuerte hoy que en otros temas políticos o económicos. Eso también es el feminismo: reconocernos latinoamericanas y del sur. Incluso las personas que pueden no estar de acuerdo con alguna de las leyes o las propuestas podrían comprender el nivel de impacto que tuvieron las formas de construcción política y de mejoramiento de las democracias latinoamericanas, incluso más allá de las propias leyes de aborto o de interrupción voluntaria del embarazo. Significó una mejora en la participación y en la calidad democrática.

Introdujo el tema del feminismo del goce y de la importancia de reclamar el placer en sus artículos y libros, ¿qué implica pensar la sexualidad desde esa perspectiva?

El feminismo tiene décadas de denunciar la violencia de género y la violencia sexual. Es muy importante entender que lo que en el mundo se llama la liberación de la palabra nació en Argentina, en el sur. Y nace por construcciones políticas particulares de nuestros pueblos en el 2015 con Ni Una Menos y se popularizan en el 2017 con el #MeToo. Si alguien hoy se informa a través de Netflix, que es básicamente lo que está pasando, va a creer que la lucha contra las violaciones nace en Estados Unidos, o ahora con Intimidad que la lucha contra la violencia digital nace en España. No somos las que contamos la historia. Cuando las mujeres empezamos a escribir la historia, se empezó a contar a partir de las series audiovisuales y según ese relato la oposición a la violación la hacen desde Estados Unidos. Pero nace en el sur y tiene otra connotación política. Una de las cosas que se intentó decir para contrarrestar ese fenómeno fue que las mujeres ya no queríamos tener sexo. Bueno, no queremos que nos violen, no es que no queremos sexo. Una cosa es que no quieras que te obliguen y otra cosa es que quieras disfrutarlo. Si se piensa en la connotación de nuestras culturas, de los carnavales, las playas, el gozo del verano, la cumbia, el vallenato en las caderas, el reguetón, es imposible pensar que las latinas podemos ser moralistas y pacatas, sino disfrutar del cuerpo. En el 2016 o 2017, empecé a escribir sobre el feminismo del goce. Hoy está claro que las mujeres no solamente queremos tener sexo, sino que poder nombrar la violencia sexual permitió que la liberación fuera mucho más masiva y más potente que en los 60 o en los 70. Hoy notamos muchas más mujeres deseantes, con ganas de tener sexo, y eso habla de que la mayor razón de la frigidez femenina era que nos violaban. Sacabas la violación y tenías mujeres ultralubricadas.

Sin embargo, permanece una molestia hacia la mujer deseante.

¿Por qué a los que querían combatir el #MeToo, el Ni Una Menos y las denuncias de violencia sexual diciendo que no iba a haber más sexo les preocupa tanto ahora que las mujeres quieran tener sexo? Creo que no se soporta a las mujeres deseantes porque ese deseo femenino es político y habla de este deseo de cambiar el mundo. Muchos varones ante esta frustración política, económica y laboral también tienen la libido sexual muy baja. Antes, cuando creían que iban a ser millonarios o que iban a entrar a Sierra Maestra y ser revolucionarios –cada cual con su modelo– estaban todos muy entusiasmados y tenían el deseo sexual muy arriba. Claro, a las mujeres antes no nos dejaban navegar, entonces ahora estamos muy contentas, leemos libros, vamos a fiestas. Estamos muy entusiasmadas. Estamos muy deseantes. Creo que los varones no soportan ver que las mujeres tienen mayores deseos que ellos, ya sean sexuales, culturales o políticos.

¿Por qué es importante hablar del amor en relación con el feminismo?

Es central y es uno de los temas que más interesan en tiempos de crisis política, y con todo lo que generó la pandemia mucho más. Descubrimos que estar solos no está bueno, pero convivir con alguien con quien no te llevás bien o que te oprime, menos. Pocas veces en la historia una crisis política incidió tan fuertemente en la intimidad y en la vida cotidiana. El amor fue la herramienta con la que generaban opresión hacia las mujeres: "quedate tranquila", "quedate en tu casa", "soportá que tu marido te sea infiel", “sosegá tus intereses y tus deseos". Eso por supuesto fue nocivo. Ahí es donde entran los cuestionamientos a lo que se llama el amor romántico. Ahora, el amor romántico violento, diría yo. Lo que pasó pos auge del feminismo, que es el momento en el que estamos ahora, es que básicamente la mayoría de las mujeres quieren tener un novio o dos, una novia, quieren tener muchas experiencias sexuales, quieren tener un amor o tener hijos con alguien que sea compañero. La gran interpelación ahora es amorosa, y las mujeres hemos llegado a esas conclusiones después de muchos cuestionamientos, lecturas, escuchas, y los varones están como "¿Eh? ¿Qué pasó?". No han escuchado, no han leído, no han participado y quieren modelos muy clásicos, quieren seguir siendo los dominantes en la cama o quieren seguir teniendo familias a la vieja usanza. En ese sentido se produce una dificultad en el encuentro entre esos varones y las nuevas mujeres.

¿Cuál es el lugar de los varones en esta revolución?

Creo fervientemente que hay un lugar para los varones. La concepción política del feminismo es una muestra de esperanza y de no resignación, una herramienta de lucha por un mundo mejor. Ese mundo mejor no involucra solo los temas de género. Por ejemplo, es claramente ambiental. Hay que lograr pautas para poder convivir con varones, generar protocolos en donde no sea lo mismo una conducta machista, aunque esté mal, que una violación. Generar cambios con los varones. Sí es cierto que los varones no están muy dispuestos a esos cambios. Creo que el rol de los varones es escuchar, leer, aprender, acompañar y bancarse ser interpelados; no necesariamente el feminismo debe salir bajar a todos los varones por todas las cosas que se les pueden cuestionar. No estoy de acuerdo con que hoy haya varones ultrarreaccionarios que quieran volver a tener el poder de oprimir a las mujeres o varones que sean oprimidos por todas las conductas que hacen.

Habla de de una época de retroceso machista, de una venganza por los espacios que han adquirido las mujeres.

Pospandemia se consolidó la idea de venganza contra las mujeres. En lo político han surgido, resurgido o se han consolidado movimientos políticos muy reaccionarios en relación con los derechos de las mujeres en toda América Latina y Europa. Muchos jóvenes hoy quieren negar o retroceder absolutamente con el avance de los feminismos. No soportan que sean las mujeres las que digan "así me gusta o así no me gusta", que tengan poder sobre su cuerpo y sobre su sexualidad. Hay mucha venganza sexual y en la intimidad, en las relaciones amorosas y sexuales, hay una venganza de los varones. Es una venganza que no los conduce a buen puerto. No es una venganza en donde salgan ganando. Porque creo que los varones pueden interpelar conductas de ciertas mujeres, de ciertos feminismos, o en nombre de ciertos feminismos; porque a veces se hacen cosas en nombre del feminismo que no son lógicas o no están buenas, se han apropiado de las palabras que usamos para ejercer acciones que son nocivas para la lucha de los feminismos.

¿Cuáles son esas acciones nocivas para el feminismo?

El exceso de internas, no bancar a otras mujeres, y usar la palabra feminismo y algunas luchas que ejercemos hace muchos años con muchos costos –como la lucha contra la abuso sexual– para ponerle ese nombre a cualquier acción que pueda ser cuestionable o que haya generado dolor de un varón. Eso denigra las palabras, las acciones y las metodologías. También termina siendo un búmeran. Hay intervenciones que son posibles: leyes por supuesto, protocolos de acción dentro de cada oficio, métodos de interpelación. No es lo mismo un varón que interrumpe a una mujer que está hablando que un varón que comete una violación. Hay que cuestionar las metodologías de los machismos, pero generar distintas formas de acción. Si a todo le llamamos abuso estamos denigrando nuestras propias formas de acción.

¿Y cuál es el rol de los medios y de periodismo en este contexto?

Creo que el rol del periodismo es central: es interpelar, informar y no fomentar la demonización de estos cambios. No quiere decir que haya que sesgar o no publicar determinada información, porque creo en la libertad de expresión, la pluralidad y el debate. Pero sí comprender la dimensión que tiene históricamente que las mujeres por primera vez, las trans, las personas no binarias, la diversidad sexual puedan tomar la palabra.

En más de 20 años de trayectoria ha tenido que pagar un costo por ser mujer, periodista y feminista

La venganza se ejerce, se minimiza lo que hacemos, las trayectorias parecen diluirse, se cuestiona más lo que hacemos las mujeres que hacemos que lo que no hacen las mujeres que nunca hicieron. Es muy costoso en lo personal y en lo político poner esto en juego. A lo largo de la historia se conocen pocas escritoras y gran parte de las que podemos leer y que son nuestras referencias son mujeres para las que el costo de escribir fue muy alto. El gran desafío es que escribamos y lo disfrutemos. Y que nos dejen disfrutar.

De hecho ha recibido amenazas

La violencia sexual en América Latina se ejerce con una plataforma de impunidad política y cultural. En algunos países tenemos garantías democráticas, que claramente son más altas en el Cono Sur, en Uruguay, en Argentina, en Chile; pero en algunos países de Latinoamérica las salidas posdictaduras son con escenarios más complejos, con crimen organizado y narcotráfico, como México, Colombia o El Salvador, que han generado organizaciones criminales que amenazan a las mujeres más sistemáticamente. Con femicidios políticos muy claros, como en Honduras el de Berta Cáceres o en Brasil el de Marielle Franco. Creo que desde el sur, y desde el Río de la Plata particularmente, tenemos la posibilidad de denunciar la violencia entendiendo que las amenazas contra nuestra vida no tendrán que impedirnos que otras lo sigan haciendo. Sin embargo, hoy ocurre. En ese sentido, tenemos que intentar pelear por que sean democracias con garantías para la palabra de las mujeres, no solo la poética sino también para aquellas que se animan a denunciar.

Dice que el feminismo es la gran revolución del siglo XXI, ¿cómo lo proyecta hacia el futuro?

Creo que hay dos salidas: o un mundo resignado, y por lo tanto reaccionario, o un mundo donde los feminismos vuelven a tomar cuerpo y palabra y se vuelve resistencia, se vuelve reducción de daños a lo que ya no es posible mejorar, y se vuelve revolucionario en todo lo que todavía se puede hacer mejor. También un feminismo que haga que las mujeres que lo viven sean más felices, que es el gran desafío, y con varones que puedan estar dispuestos a escuchar y a disfrutar ese cambio.

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