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29 de marzo 2023 - 7:37hs

A mediados de febrero, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro dijo que la Plataforma Unitaria no daba garantías de seriedad como para continuar las negociaciones iniciadas el año pasado en Ciudad de México. La Plataforma es el espacio opositor que irá a internas para elegir una fórmula competitiva de cara a las elecciones presidenciales que el gobierno bolivariano se comprometió a llamar en 2024.

La mesa de negociación de México permanece en punto muerto y no parece sencillo que se vuelva a reactivar en el corto plazo. Nicolás Maduro condiciona el regreso al diálogo con la oposición a la liberación de los fondos venezolanos congelados en el extranjero y la concesión de licencias a la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) para poder exportar el crudo extraído que no tiene salida por las sanciones de Washington.

El nuevo mensaje de Maduro llegó a la Casa Blanca a través de Juan González, el asesor de Joe Biden para América latina. También a través de la diplomacia colombiana, cada vez más interesada en tener relaciones estables con Venezuela.

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El gobierno de los Estados Unidos, a su vez, insiste en que necesita gestos de Maduro, como la liberación de presos y el levantamiento de inhabilitaciones a políticos de la oposición. Ese sería el camino para acceder a liberar dinero con el que se crearía un fondo, supervisado por Naciones Unidas, destinado a combatir la crisis social y económica de Venezuela, mientras se avanzaría en el proceso electoral.

La última vez que el gobierno y la oposición venezolanos se reunieron fue en noviembre de 2022 y estuvieron de acuerdo en que Washington descongelara esos fondos estatales en el extranjero, que suman varios miles de millones de dólares. Sin embargo, la Casa Blanca no dio ese paso.

La Oficina de Control de Bienes en el Extranjero de los Estados Unidos (OFAC) advirtió que esos activos pueden ser reclamados por los acreedores a los que Venezuela les debe dinero. Sin embargo, en el Palacio de Miraflores, sede del gobierno venezolano, creen que es una maniobra de Biden para demorar su relación con Caracas.

Desde noviembre no hubo avances en el diálogo y el 14 de febrero Maduro dijo que a ese paso su gobierno no dialogará con la oposición porque cree que ese espectro de partidos no tiene la voluntad suficiente como para presionar a Biden.

En México se debe concretar una fecha exacta para las elecciones presidenciales de 2024 y la promesa por parte del chavismo de que la oposición podrá disputar la presidencia con garantías.

La Plataforma Unitaria va a celebrar un referéndum del que saldrá un candidato único que recibirá, en principio, el apoyo del resto. Los antichavistas no lograron cohesionarse en estos años y eso le dio un margen mayor a Maduro.

A principios de año, tanto Washington como Bruselas –sede de la Unión Europea– eliminaron la presidencia interina de Juan Guaidó, al que durante años reconocieron como “presidente designado”.

Guaidó perdió todo el respaldo y, en paralelo, la coyuntura internacional favoreció a Maduro por la crisis energética. Por caso, España y Colombia restablecieron relaciones diplomáticas y reabrieron sus embajadas.

El presidente de Colombia Gustavo Petro, en su primer encuentro con Maduro, dijo que Venezuela debería ir a una “democracia liberal”. Usó este término en una rueda de prensa conjunta ante el disgusto del mandatario venezolano.

Eso no fue obstáculo para que avanzaran las relaciones entre Caracas y Bogotá. Incluso Petro va a organizar un foro con la oposición para acercar las partes y para que Washington no demore ese camino de diálogo en México.

Maduro le pidió a Petro que en ese encuentro se incluyera a partidos que él considera de oposición moderada y que los antichavistas no quieren por el grado de enemistad que tienen con la Plataforma Unitaria.

Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y mano derecha de Maduro, es un hábil negociador y quiere poner en la mesa la concesión de licencias para vender petróleo venezolano. Pero las sanciones de los Estados Unidos lo prohíben. Hasta ahora, Washington sólo se lo permitió a Chevron, como un acercamiento al chavismo a raíz de la guerra en Ucrania. Esas licencias serían oxígeno para las maltrechas arcas venezolanas. PDVSA tiene un rojo en sus balances de US$ 3.000 millones.

Por su parte, Colombia también asumió un rol activo en ese escenario. El embajador que tiene Petro en Caracas, Armando Benedetti, logró buena sintonía con el chavismo y realizó discretos viajes a Washington. También está en esa tarea el embajador colombiano en Washington, Luis Gilberto Murillo. Estas movidas de Petro buscan también que Maduro lo ayude en los complejos procesos de paz.

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