1 de diciembre 2013 - 16:15hs

En 2005 los médicos le encontraron a Américo Vernazza dos pequeños nódulos de 1 milímetro cada uno en la próstata. Su PSA –el estudio que mide la concentración de una proteína en la sangre y cuyo resultado puede indicar la presencia de células malignas– dio 5 ng/ml. Con un resultado de 4 o más y que vaya en aumento ya se puede sospechar de cáncer. Con ese y otros exámenes, le dijeron que deberían operarlo.


A través de un conocido, Vernazza dio con el veterinario Edelmar Siqueira, productor de las gotas GS. Compartió con él los resultados del examen. “No es para enloquecerse, pero empiece el tratamiento con las gotas”, le recomendó Siqueira. Así lo hizo.
Desde entonces se realizó exámenes de sangre cada seis meses. Sus resultados mejoraron: su PSA rondó en todos estos años entre 2,5 ng/ml y 3 ng/ml. Desconcertados, el urólogo y el oncólogo que lo tratan le indicaron distintos exámenes y le pospusieron la cirugía. Le llegaron a decir que no sabrían si sería necesario operarlo. Él nunca les dijo que estaba tomando las gotas de Siqueira.


Hace dos meses Vernazza debió suspender el tratamiento porque el Ministerio de Salud Pública (MSP) prohibió la venta del producto (ver nota en página anterior). Y la semana pasada se encontró con que su PSA había aumentado a 5,4 ng/ml. Ya no está tranquilo. Cree que si el tiempo transcurre y las gotas no vuelven al mercado, deberá aceptar la operación. “Tampoco voy a jugar con mi vida”, dijo a El Observador.

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Vernazza conseguía las GS en un local de homeopatía de Parque Posadas. Hasta hace un tiempo ese era el único lugar de Montevideo en el que se podía comprar el producto y sus consumidores solían compartir sus experiencias. Ahora es refugio de la desesperación.


Las gotas que son furor
El teléfono de Siqueira suena al menos 140 veces por día. Son todos usuarios de las gotas que hoy están “desahuciados”, según él. “Me dicen que se les muere un hijo o un padre. No es lindo escuchar esto. Y si son amigos, más feo todavía”, expresó el creador de las gotas a El Observador por teléfono desde Rocha. El diálogo se entrecortaba a cada rato por las llamadas que iban quedando en espera.


Pero él no puede hacer nada. Nunca vendió directamente el producto, sino a través de los locales de Homeopatía Francesa. “La gente acudió a todas las farmacias del país y en tres dias se agotó todo el stock”, aseguró.


Siqueira calcula que los consumidores de GS son alrededor de 50.000. Algunos toman un frasco por mes y otros uno por semana. Son uruguayos de todos los departamentos pero también hay argentinos, brasileños, españoles, estadounidenses y canadienses.
En el sitio web del veterinario se afirma que las gotas “han dado resultados positivos en procesos tumorales, psoriasis, sarcoidiosis, polimiositis, procesos varicosos, úlceras varicosas y elefantiasis”. También se asegura que el producto “mejora las defensas del organismo, disminuye la inflamación y alivia el dolor en artritis y artrosis”. Además, hay decenas de casos descritos para cada patología en los que se detalla el tratamiento recibido y sus consecuencias.


“Quiero seguir tomando”
A Mercedes Tejeira le detectaron hace poco dos tumores en el pulmón y uno en el hígado. Cinco años antes tuvo también cáncer de mama.
Ella es otra de las usuarias de las gotas de Siqueira. Dice que tiene “recién 54 años”, de modo que no está pronta para morir y quiere “seguir tomando” la homeopatía. Por su experiencia previa sabe que “no hay que dejarse estar y abandonarlas”. Después que le extirparon el tumor de la mama, no tomó por unos meses y le reapareció el cáncer en otros órganos.


En realidad, Tejeira no tiene forma de conocer el efecto de las gotas porque siempre las combinó con la medicina tradicional. “No dejo de ir a los médicos, pero les tengo una confianza bárbara a las gotas. No sé por qué. Les tengo fe”, admitió a El Observador.
Carlos Techera es oriundo de Varela, uno de los pueblos en los que vive y trabaja Siqueira. Cuenta que allí, donde habitan 7 mil personas, las gotas son muy conocidas y mucha gente las toma hace 10 o 15 años para tratar sus distintas patologías. Esa gente ahora está “muy inquieta”.


El padre de Techera es uno de ellos. Hace dos años le tuvieron que sacar el intestino por un tumor maligno. Tomó las gotas GS desde que recibió el primer diagnóstico y fue estricto en seguirlas tomando después de la operación. Pese a que está “totalmente curado”, según su hijo, ahora que ya no accede a la homeopatía el anciano de 87 años tiene miedo de morir.

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