Sobre el carácter aurático que tuvo el año 1968, cargado de ideas, promesas y sucesos que transformaron la historia por venir y la forma cómo se veía el pasado inmediato, se han escrito infinidad de artículos –sin ir más lejos, dos por mí firmados en este diario a principios de año– y otros tantos saldrán publicados antes de que termine diciembre, pues el tiempo pasa rápido y ya transcurrieron 50 años desde 1968. El mundo cambió bastante, también las perspectivas para interpretarlo y analizarlo; sin embargo, lo ocurrido en 1968 no ha perdido vigencia, lo cual destaca la importancia de aquella superposición de hechos y realidades, las cuales en cierta manera siguen llegando invictas al presente; incluso las que han envejecido más, continúan dejando margen para las moralejas y las interpretaciones en el espejo retrovisor.
Más rock, menos Che Guevara
En 1968 el rock pesado se transformaba en la música revolucionaria de una generación