4 de enero de 2012 12:40 hs

Rafael Nadal es uno de los mejores tenistas del mundo. ¿Se trata solo de talento o hay algo más? Esa es la pregunta que el escritor y asesor de empresas español Santiago Álvarez de Mon tomó como caso estudio para explicar en qué consiste “la mentalidad ganadora”.

Tras varios meses de entrevistas con el tenista y su entorno, comprobó que el éxito de Nadal es una combinación de talento, entrenamiento incansable y una importante cuota de convicción ganadora. Esta última es una cualidad que reúnen muchos empresarios y ejecutivos que están convencidos de que las metas que se proponen, incluso aquellas que parecen imposibles, se pueden lograr.

Para ellos, los obstáculos y los fracasos son la confirmación de que siguen en carrera.

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Con ganas, ganas, así se titula el último libro de Álvarez de Mon, quien sostiene que las personas pueden lograr sus metas cambiando su actitud frente a la vida. Repasa temas como la educación, la figura del mentor, el esfuerzo y la disciplina.

En Uruguay, un país que sigue siendo percibido como bastante pesimista, estos líderes buscan abrirse camino en las empresas, tratando de impregnar su filosofía ganadora a sus equipos de trabajo, teniendo en cuenta que esta forma de ver el mundo, muchas veces cuestionada por el entorno, implica “cambiar la cabeza”.

El punto de partida

“Los ejecutivos con actitud ganadora son personas que saben adónde quieren llegar, que en cada problema ven una oportunidad”, explicó el coordinador de Innovación y Emprendimientos de la Universidad ORT, Enrique Topolansky.

Aseguró que se trata de personas “muy carismáticas” que logran que la gente se “identifique” con su personalidad y adhiera a sus proyectos.

En tanto, el profesor de Comportamiento Humano en la Organización del IEEM Juan José García, dijo que se trata de ejecutivos que tienen la capacidad de perder. “Son personas que ganaron muchas batallas, pero antes tuvieron que perder varias. Atrás de cada éxito hay muchos actos fallidos”, explicó.

"Una persona con mentalidad ganadora tiene la capacidad de convertir el fracaso en experiencia” .

Juan José García
Profesor del IEEM

Por su parte,Enrique Baliño, socio fundador de Xn Consultores, empresa especializada en desarrollo de liderazgo y cambio organizacional, dijo que la actitud positiva es una de las cuatro actitudes fundamentales para alcanzar el éxito (las otras son actitud de equipo, de mejora continua y de responsabilidad).

Baliño, autor de No + pálidas, hace una distinción entre optimistas y positivos: “Los optimistas son los que se sientan a esperar que las cosas mejoren, pero sin hacer nada, mientras que los positivos se trazan objetivos ambiciosos y trabajan para conseguirlos”. Agregó que en el extremo opuesto se localiza el negativo, “Que es aquel que ni siquiera lo intenta porque está seguro de que no lo puede hacer”.

¿Se nace o se hace?

Las empresas que aspiran a tener a sus empleados motivados se preguntan si la actitud positiva es innata o se puede desarrollar. Según los expertos, existe un componente innato y otro adquirido.

Coinciden en que a la cuota de talento natural se añade el ambiente familiar y cultural que forjó la personalidad del individuo.

Topolansky indicó que “la educación de su familia, el centro educativo al que acudió, los deportes que practicó” y hasta el modo como aprendió a “relacionarse” son aspectos que condicionan la actitud ante la vida.

Según el docente, todas las personas pueden llegar adonde quieren, “el problema son las mochilas que se van incorporando a lo largo de la vida”.

Modelar la actitud
Universidad ORT. Brinda talleres de comportamiento de forma extracurricular para “modelar la actitud”. Se ayuda a los jóvenes a que conozcan sus puntos fuertes y débiles y desarrollen el espíritu necesario para llevar a cabo un emprendimiento. En estos talleres se cuenta con el aporte de ex alumnos, quienes relatan su experiencia empresarial.

En tanto, García, del IEEM, explicó que cuando prevalece una mentalidad pesimista en determinado contexto social es difícil que surja una persona con mentalidad ganadora. Incluso, cuando aparece en ese entorno una persona positiva “enseguida es visto como un loquito”.

Entrenar ganadores

La buena noticia es que la mentalidad positiva se puede desarrollar y entrenar. En este sentido, Enrique Baliño destacó que uno de los primeros pasos es “cambiar la cabeza” al momento de levantarse de la cama cada día, ya que eso condiciona el resto del día.

“Todas las personas cuando se levantan toman una decisión. La decisión de ser desgraciado o infeliz ese día y contagiar esa actitud al resto, o la de hacer todo lo contrario”, explicó Baliño.

Otro cambio que sugiere Baliño es ir modificando el lenguaje cotidiano, ya que “las palabras construyen mundos” y usar todo el tiempo expresiones negativas juega en contra de los ejecutivos.

Por su parte, Juan José García, del IEEM, agregó que otro elemento fundamental es la presencia de un mentor. Advirtió que este maestro puede ser un referente de la infancia o algún ejemplo que la persona tomó siendo adulto. No obstante, aclaró que lo importante es tener un referente.

El dato

Rodolfo Castilla, de Citi, advirtió que un buen líder debe ser capaz de trasmitir la actitud ganadora a su equipo: “La capacidad de uno solo no sirve para nada”.

Para García la “globalización” es un aspecto que juega a favor, ya que el gran flujo de información que hay en el mundo hace que se puedan conocer más referentes a seguir.

Esfuerzo empresarial

Los expertos consultados coinciden en que las empresas deben esforzarse para hallar personas en sus filas con actitud ganadora.

Aseguran que esa mentalidad se puede contagiar al equipo, pero que lo más común es que prevalezca en los líderes, ya que dentro de una empresa “se necesitan jugadores de todos los estilos”, dijo Baliño.

Advirtió que las empresas deben combinar ejecutivos más operativos de bajo perfil con otros que tengan una actitud más proactiva y estratégica.

Por otra parte, Topolansky, de ORT, aclaró que si bien las empresas uruguayas han trabajado mucho al respecto, aún les queda bastante por hacer para motivar a sus ejecutivos con mentalidad ganadora. “Todavía no dan el clima de confianza para que la persona pueda trazar una idea y sentir que los va a proyectar”, analizó.

El dato

“Tanto si usted cree que puede, como que no puede, seguramente tenga razón”. Es la famosa frase del magnate Henry Ford, a menudo citada cuando se trata la cuestión de actitud.

Más arriesgados y exigentes

Gonzalo Frasca es el director creativo de Powerful Robot Games, la empresa de videojuegos que él mismo creó en el 2002 cuando retornó de EEUU, tras dejar su cargo en Cartoon Network. “Cuando les dije a mis amigos que me volvía a Uruguay me dijeron que estaba loco, pero yo sabía que era la decisión”, contó Frasca, quien siguió recibiendo un salario de la compañía estadounidense. Su jefe decidió continuar pagándole el sueldo durante seis meses, con la esperanza de que el programador retornara a EEUU. Hoy, Frasca dirige su empresa, tiene a Cartoon Network como cliente y además es docente de la Universidad ORT.

Frasca sabía que su vocación era hacer videojuegos y que la única manera de hacerlo en Uruguay era poner su propia empresa. Para llevar adelante ese proyecto su actitud fue fundamental. “A uno no tiene que importarle el escenario de que todo salga horrible, si no nunca vas hacer nada. Sé que el mundo seguro es ganar un sueldo fijo todos los meses, pero preferí tirarme al agua”, agregó.

Haber crecido en Uruguay le enseñó que lo peor que le puede pasar “es comer arroz dos años seguidos”, pero “morirte, no te vas a morir”. De todos modos aclaró, que al talento natural y las ganas de tomar riesgo hay que sumar el trabajo duro. “Si no te rompés el alma, el talento no sirve para nada”, sentenció.

Frasca tiene claro que hay que pasar por pruebas difíciles. “Hasta que no te fundís una vez, no sos emprendedor de verdad”, dijo.

Otra persona con mentalidad ganadora es el gerente de Banca Privada para el Cono Sur de Citi, Rodolfo Castilla, un argentino de 32 años que ocupa una gerencia regional con gran proyección. Su actitud se refleja en un “estilo de mejora continua”.

Esta filosofía de trabajo fue algo que aprendió de los gerentes con los que trabajó a lo largo de su carrera, pero también es un valor que incorporó en su casa. “La autoexigencia la heredé de mi madre, que es psicóloga y siempre trabajó muchísimo. Hoy, con 60 años, trabaja 12 horas por día, realmente ama lo que hace y yo soy igual”, contó Castilla. También aprendió mucho del esposo de su madre, quien durante 30 años fue CEO de una importante multinacional. “La ambición sana siempre es buena”, destacó.

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