Selección > ELIMINATORIA RUSIA 2018

Messi y compañía: la amenaza que no fue

Con un bloque defensivo de hasta diez hombres, Uruguay logró detener a un tridente que prometía goles

Messi con la pelota dominada ante una cortina de volantes celestes

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01 de septiembre de 2017 a las 07:00

Desde el momento en que Jorge Sampaoli logró desvincularse de Sevilla para asumir como entrenador de la selección Argentina, los entrenadores del continente abrieron los ojos.

Metódico, obsesivo, cultor de la presión alta y la intensidad con pelota dominada, Sampaoli demostró sus credenciales en Chile, donde ganó una Copa América y se ganó un lugar en la Liga Española.

Llegó para revitalizar a una selección Argentina pasmada en el letargo de un técnico fundamentalista del equilibrio como Edgardo Bauza. En sus primeros días en Ezeiza cambió el sistema y sentó las bases de la revolución: línea de tres defensores, dos volantes mixtos en la contención, dos extremos ofensivos y tres delanteros, con los goles que prometía Mauro Icardi, el artillero relegado.

Lo arriesgado del sistema y el contraste con la cautela táctica que proponen los equipos de Óscar Tabárez, presagiaban un partido de dominios, con un equipo dispuesto a adueñarse de la pelota y proponer circuitos ante un rival dispuesto a la destrucción defensiva y nutrirse de balones largos para jugar a la espalda de los volantes.

Sin embargo el partido se jugó con otras cartas y quedó claro desde el primer minuto de juego, cuando Uruguay salió dispuesto a refugiarse en un bloque defensivo y escalonar a Messi para marginarlo de su zona de influencia.

La cacería de Messi

Con una línea fija de cuatro volantes por delante de la última zona, Uruguay planteó un partido a su medida. El escenario de la superioridad rival le sienta bien a Tabárez, que gusta de conformar equipos rocosos en su zona medular, duros defensivamente y cortos a la hora de desplegarse.

Nahitan Nandez y Cristian Rodríguez se pararon como externos con la clara misión de ser el primer eslabón en la marca de Messi y de colaborar con los laterales, mientras que los internos, Matías Vecino y Álvaro González, se alternaron en el sistema para ocupar espacios y hacer los relevos pertinentes.

Uruguay llegó a defender con cinco hombres atrás cuando Vecino se hundió entre los zagueros para intentar sacar la pelota limpia. Messi, que comenzó el partido sobre la banda derecha para poder recortar hacia el centro con su pierna hábil, se sintió incómodo desde el principio.

Rodríguez, Vecino y Silva se turnaron para filtrarlo y la tortura duró apenas 18 minutos, cuando decidió cambiar de bando con Paulo Dybala para jugar por izquierda. A esa altura, el 3-4-3 en el dibujo de Argentina había mutado a un 3-4-2-1, con Icardi como referencia.

El bloque defensivo de Uruguay, decidido a asfixiar a su rival más desequilibrante, logró su primera victoria en el partido: romper el sistema inicial de Argentina y lograr que Messi jugará más lejos del arco.

El retroceso de Messi abrió un nuevo escenario ya que a medida que el rosarino bajaba, Uruguay se desordenaba. ¿Por qué? Porque Nandez y Rodríguez salieron a buscarlo más lejos y eso obligó a tomar como referencia defensiva a Ángel Di María y Marcos Acuña, los nuevos socios en ese sector.
Sin Messi como maestro de orquesta, los solistas comenzaron a desafinar.

Sin la pelota ni el respaldo colectivo, Dybala estuvo lejos del perfil punzante y vertical que muestra en Juventus mientras Icardi fue la sombra del goleador que debe ser como referencia ofensiva de un equipo candidato a todo por historia y nombres.

Cambios que llevan tiempo

La falta de gol no puede ser un elemento de crítica para Sampaoli ya que con Bauza en el cargo el equipo anotó 15 goles en 15 partidos de la Eliminatoria y en seis partidos no logró romper el cero rival.
Con recursos en zona de volantes como para crear juego y con delanteros de la talla de Lionel Messi, Mauro Icardi, Sergio Agüero, Paulo Dybala, Lucas Pratto, Ángel Di María o Gonzalo Higuaín por nombrar algunos de los que estuvieron en esta aventura, el promedio es una catástrofe colectiva.

Messi, Dybala e Icardi, que no jugaron nunca en la Primera División de Argentina, están bajo el mando de un Sampaoli que cumple con la misma condición.

Acostumbrar el paladar de los hinchas es un tema secundario en la agenda del equipo. La prioridad está en encontrar un funcionamiento ofensivo acorde a los nombres propios.

Ante Uruguay el bloque de Tabárez fue una muralla infranqueable en un partido que prometía juego, goles y gambetas y que terminó con un pacto de no agresión.
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