Como si ingresaran en una máquina del tiempo y se trasladaran 10 años atrás: así se sienten los cardiólogos que no ceden en su enfrentamiento con las autoridades del Fondo Nacional de Recursos (FNR).
Para ellos, la decisión de adjudicar a un único fabricante el suministro de stents coronarios configura una “medida regresiva de pérdida de calidad asistencial” porque el monopolio limitará la variedad de stents y eso impactará en la respuesta que se le dará al paciente con una arteria obstruida, ya que cada uno admite determinado diámetro y longitud de stent.
Óscar Bazzino, presidente de la Sociedad Uruguaya de Cardiología (SUC), imagina dos escenarios negativos para el especialista que se enfrente a una persona con una arteria obstruida y no pueda echar mano al stent que precisa. Si se trata de una urgencia no hay muchas opciones: el paciente pasa a cirugía. Si se trata de una patología crónica y hay más tiempo para pensar, el cardiólogo suspende el procedimiento y le ofrece al paciente dos posibilidades: viajar a su costo a Buenos Aires o San Pablo, donde hay buenos centros de hemodinamia, o coordinar una cirugía programada.
Para Bazzino el impacto del monopolio de stents será tal que disminuirán los procedimientos sencillos de desobstrucción de arterias (angioplastias) y aumentarán las cirugías cardíacas. Con la variedad de stents que ofrece la empresa que ganó el concurso de precios del FNR, en la SUC estiman que habrá un 5% menos de angioplastias.
La angioplastia implica anestesia local en una pequeña zona (el puño, por lo general) por la que el especialista accede a la arteria para llegar al corazón con un catéter, ayudado por un stent. En dos días, el paciente está en su casa y a la semana se reintegra a trabajar.
Una cirugía, en cambio, implica hacer una incisión más grande, separar el esternón, parar el corazón, y que una bomba de circulación mientras haga el trabajo de suplantarlo; después se debe cerrar la herida y pasar a CTI donde el paciente nunca está menos de dos días. Si la cirugía no opone dificultades y la persona es joven, la recuperación le lleva al menos un mes.
La angioplastia y la cirugía cuestan más o menos lo mismo. Pero si además de los costos y aranceles directos se tiene en cuenta lo que la institución gasta en una internación prolongada, el seguimiento que amerita la persona operada o el tiempo que le lleva volver a su trabajo, la ecuación cambia.
“Igual, no estoy hablando de costos. Estoy hablando de lo que se le hace pasar a alguien sin ser necesario. Pero lo peor de todo en el ranking de cosas negativas es que si no podés resolver el caso con un stent y no podés echar mano a otro, se te puede morir en la mesa (de operaciones)”, advirtió Bazzino a El Observador.
El “costo en vidas”, que según la SUC tendrá la decisión del FNR, fue el plato fuerte en la argumentación que los cardiólogos dieron a los diputados de la comisión de Salud con la esperanza de revertir la posición. Sin embargo, el FNR y el Ministerio de Salud Pública dijeron que solo habrá marcha atrás en caso de que se aporte evidencia científica que demuestre ese impacto (ver nota aparte).
Análisis financiero
Los stents coronarios solo se utilizan en los institutos de medicina altamente especializada, que son financiados por el FNR. Por eso este organismo es el único comprador de stents. Hoy día hay al menos cinco fabricantes en el mercado uruguayo, pero hace un mes el FNR definió, tras un llamado a precios, otorgar a Nafferton, representante de Boston Scientific, el monopolio de stents. Biosud, una de las empresas que no resultó ganadora, presentó al FNR un recurso para que revea su decisión argumentando que se viola la ley de defensa de la competencia.
Entre los cardiólogos hay plena convicción de que al otorgar el monopolio a un solo fabricante por tres años, que se pueden prorrogar a dos más, los demás no tendrán razones para quedarse en Uruguay.
Según han dicho las autoridades del FNR, su decisión respondió a un análisis financiero que les permitirá un ahorro anual de US$ 800 mil, pero también a una intención de ampliar la cobertura. Al contrario de lo que plantean los cardiólogos, en el FNR calculan que con el dinero ahorrado se podrán indicar más angioplastias a pacientes que hoy no acceden a esos procedimientos.
Rosana Gambogi, de la subdirección técnica, dijo a El Observador hace unos días que “la Sociedad de Cardiología está poniendo el foco en situaciones puntuales y dejando de lado la posibilidad de una cobertura más amplia”. Para ellos, la empresa ganadora garantiza la variedad de stents necesaria.
Sociedad de Cardiología prepara su evidencia
Delegados de la Sociedad Uruguaya de Cardiología (SUC), de la Cátedra de Cardiología, del Fondo Nacional de Recursos (FNR) y del Ministerio de Salud Pública pasaron por la comisión de Salud de Diputados en las últimas semanas para presentar sus argumentos en torno a la polémica adjudicación del suministro de stents a un solo proveedor. Finalmente, el FNR aceptó reconsiderar su decisión si es que se le presenta evidencia científica y bibliográfica que demuestre el impacto en vidas que los cardiólogos argumentan. Para el FNR, la opinión de expertos no es suficiente para revertir la decisión. Óscar Bazzino, presidente de la SUC, dijo a El Observador que la sociedad ya está armando un dosier con evidencia y realizando consultas en el exterior que aporten mayor contundencia. Igual, Bazzino se quejó: “No es correcto que una institución cambie una conducta clínica sin asesoramiento técnico, y luego pida documentación científica. Tendría que ser al revés: si querés cambiar lo que se hace tras años de progreso científico, demostrame vos a mí por qué eso será bueno”.
800.000
Dólares. El Fondo Nacional de Recursos ahorrará ese monto anual por tener solo un proveedor de stents coronarios. Cada angioplastia vale unos US$ 100 mil, de los cuales el stent representa 12,7%