Que a Moré le sienta bien el humor campero ya había quedado claro con su rol del Tape Olmedo en Hay barullo en el resorte, que hace más de un año presenta el Teatro Circular, sobre textos de Julio César Castro (Juceca) y con dirección de Jorge Bolani. Con gran acierto, Eduardo Cervieri –quien realizó la adaptación de los cuentos de Juceca junto al director y tiene en su haber varios trabajos llevando al teatro obras de Roberto Fontanarrosa– convocó al actor del Circular para interpretar un papel que, sin duda, corona el gran talento cómico de Moré: Inodoro Pereyra.
Moré e Isasmendi hacen una gran dupla, logrando el tiempo preciso para el disfrute de los juegos de palabras propios del universo de Fontanarrosa. Es notorio que los momentos más disfrutables de la puesta son, por lo general, los que se centran en la relación entre ambos, a los que se ve muy cómodos en sus papeles.
Pese a la solidez de los actores, incluyendo un buen desempeño de Bertha Moreno como Eulogia, la obra cuenta con elementos que no la favorecen. En principio, algunas interpretaciones por parte del elenco secundario no parecen estar a la altura de los protagonistas, algo que es totalmente al revés en Hay barullo en el resorte, donde todo el elenco presenta un gran nivel.
A esto se suma una estética general que podría mejorar. El problema no es de la escenografía, minimalista como en la historieta y formada por la casa de Inodoro Pereyra y un árbol solitario. El mayor inconveniente viene del vestuario y de las resoluciones estéticas utilizadas para paliar la escasez de actores, como son la utilización de muñecos y títeres o la aparición de un grupo de indios pintados, elementos que no se sienten como las mejores elecciones posibles.
Salvo estos aspectos, la obra se disfruta por el humor de Fontanarrosa, la actuación de sus protagonistas y la adaptación de Cervieri, pero la sensación general es que en algunos detalles de la puesta, menos hubiese significado más.