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Munúa se quedó corto y Forlán mostró credenciales, pero así no son campeones

Los albos se recostaron demasiado, no quisieron acelerar con el 1-0 ni con un jugador más, y le dieron a Peñarol el plus de rescatar un punto, pero necesitan otro nivel de juego para aspirar al título

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10 de agosto de 2020 a las 05:00

La inquietud (que se transformó en preocupación) de Gustavo Munúa, otra vez toma cuerpo. Como si el destino estuviera dispuesto a incomodarlo durante este 2020.

Una desatención defensiva de Nacional y la escasa apuesta ofensiva, porque durante casi todo el partido esperó o corrió atrás de la pelota sin poder tener el control y la tranquilidad de manejar los tiempos, termina en el gol de David Terans. En gol y empate 1-1 para Peñarol, a los 80 minutos, cuando estaba con 10.

El clásico que marcó el regreso a la actividad en la pandemia, sin público en las tribunas del Estadio Centenario, le dejó un reconocimiento extra en este nuevo camino para Diego Forlán como DT, y un obstáculo un poco más alto para el técnico de Nacional, luego de un partido deslucido, que en su tono acompañó el contexto en que se jugó (con niebla), a la altura del momento de los dos equipos, saliendo de una larga inactividad de cinco meses y volviendo a poner todo en el campo en el partido donde no solo cuenta el valor de los tres puntos sino el peso de la responsabilidad porque del otro lado está el rival de todas las horas.

El peso de pensar a largo plazo

Munúa no tiene la culpa que las necesidades económicas de Nacional hayan forzado a Decurnex a elegir un proyecto a largo plazo con un ajustado presupuesto que se refleja en un plantel de fichas mayores y mayoría de juveniles, aunque sí la responsabilidad de haber aceptado el ofrecimiento, y los dos, técnico y presidente, el compromiso de avanzar incluso en la adversidad.

Por esa razón, y por lo que expresó Nacional este domingo, otra vez el tricolor anda con la piedra en el zapato de su funcionamiento.

No consigue soltarse, por la etapa de preparación en la que está, porque tiene un plantel acotado, con promesas de futuro, y porque los errores del equipo le terminan quitando confianza.

Con esa confianza mellada por los goles fuera de cálculo que llegaron hasta marzo y en los amistosos de los últimos 20 días, Munúa salió a esperar el clásico, con un planteamiento escasamente profundo y en un formato que no expresa el verdadero sentido futbolístico que supo mostrar el entrenador.

Las dos primeras intervenciones de Laborda reflejaron el estado de ánimo de Nacional. En los primeros siete minutos, las dos veces que tuvo que actuar, el zaguero se deshizo rápidamente del problema. La primera pelota intentó reventarla, y no fue muy lejos el balón; en la segunda, la tiró afuera, se sacó el compromiso que llegaba a su zona y le dio la pelota al rival.

Haber perdido a Corujo, uno de los zagueros titulares, e improvisar en el clásico con Oliveros en la defensa y Cougo en el lateral izquierdo, genera inquietud, y nadie quiere tomar riesgos.

Por esa razón, con esa versión que no es la mejor de Munúa, Nacional salió a esperar en el clásico. Se lo vio durante varios pasajes con los 11 futbolistas en su cancha. Eso tampoco es Munúa. Le faltó tener la pelota para generar. Le faltó velocidad para contragolpear. Le faltó generar circuitos de fútbol, abrir espacios, poner en funcionamiento al mediocampo y a correr a Santi Rodríguez de un lado y a Chory Castro de otro. No lo consiguió.

El equipo de Munúa está atado, y en ese juego que planteó Nacional, Peñarol se sintió cómodo. Sin grandes expresiones futbolísticas, fue el dueño de la pelota y de la cancha. Vadocz estableció en el mediocampo las formas que quería para su equipo. Tiró las líneas, y comenzó a dibujar. Estableció la hoja de ruta y allá fueron, con Pellistri volcado sorpresivamente a la derecha (luego pisó la izquierda), para aprovechar el punto más flaco de los albos ante la ausencia de Corujo.

Una ventaja: los pies de Neves

En este clásico, Munúa desaprovechó lo mejor que tiene: su mediocampo (Neves, Yacob, Carballo), que en 2019 Álvaro Gutiérrez se encargó de exhibir (sin Yacob) con actuaciones memorables ante Peñarol, como el 3-0 del Intermedio, en el que expresó la imposición más holgada de los albos.

Munúa lo desaprovechó porque no les dio espacio. Los recostó demasiado en su cancha, y sus jugadores se quedaron sin metros para actuar.

El único que apareció en colores en una tarde de tono grises fue Neves exclusivamente con las pelotas quietas. Por esa vía llegaron las dos ocasiones de gol que tuvieron los albos. El cabezazo de Bergessio, que terminó en la red, tuvo la virtud del delantero (logró la distancia con Abascal para cabecear cómodo), y el 80% resuelto con la pelota que le puso el volante en el corazón del área.

Las sorpresas de Forlán

Munúa mantuvo una postura conservadora durante todo el partido y cuando realizó los cambios solo modificó puestos, nunca tomó riesgos, Forlán miró para adelante. Desde el arranque con dos delanteros veloces (Britos y Terans). Apostó a la velocidad. A que Pellistri alimentara a esos atacantes y que Vadócz volcara lo que sabe con sus pases. Además, en el segundo tiempo sumó al Cebolla Rodríguez, diezmado físicamente, para reforzar el juego ofensivo.

Piquerez-Pellistri-Terans/Britos le dieron a Peñarol por la banda izquierda algunos elementos que de saber aprovecharlo en el futuro le brindará buenos réditos. Con esa estructura, y la formación que le quedaba por derecha (González-De los Santos-Terans-Britos), el juego quedaba escorado. Pero tenía juego, y llegaba al arco.

El remate en el palo de Kagelmacher al final del primer tiempo fue una buena señal. Fue un grito de rebeldía de este Peñarol.

Con ese final y el ingreso del Cebolla se animó Peñarol, que se llevó el empate, que le da créditos a Forlán, y le permite comenzar a descubrir fortalezas: Vadócz-Trindade, equilibrio en el medio, los tres de sector izquierdo del equipo y la velocidad de los delanteros.

Del otro lado, si Nacional fue con la esperanza de encontrar confianza, se fue con sensaciones encontradas: porque el equipo no termina de evitar esos goles que no debe recibir, la química entre defensa y mediocampo no aparece, la explosión de mitad de cancha hacia adelante tampoco, y los goles de Bergessio no pueden ser la única alternativa para ganar. Cuando vuelva Amaral, que estuvo en el banco y no ingresó, tendrá otra opción, pero el juego de un equipo no puede quedar reducido a nombres.

El clásico volvió a poner a rodar el fútbol de los dos grandes, con una certeza: si no elevan su nivel, la copa este año tan particular (sin el peso de la tribuna y yendo a todas las canchas) irá a otra vitrina, y River Plate, Wanderers, Fénix, Liverpool y City Torque hacen méritos para eso.

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