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Murió Juan Masnik, campeón uruguayo con Peñarol y de América y el mundo con Nacional

Zaguero de la vieja escuela del fútbol uruguayo, guapo por naturaleza, fue campeón uruguayo en 1964 en Peñarol, le hizo frente al Estudiantes multicampeón con Gimnasia y en 1971 fue puntal del histórico Nacional campeón del Uruguayo, la Libertadores y la Intercontinental 

En 2013, mostrando su recuerdo mundialista

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23 de febrero de 2021 a las 17:22

Juan Masnik murió este martes a los 77 años dejando un gran legado futbolero, tanto como futbolista como entrenador. 

El viernes 5 de octubre de 2007, El Observador lo visitó en su casa y el Chueco contó su historia. A continuación reproducimos esa nota. 

A sus 64 años muestra orgulloso su tobillo izquierdo y sus dos rodillas. Parece increíble: el tobillo es casi como una naranja. “Paolo Montero vivía enfrente a casa y siempre me dijo tío. Un día en un casamiento le mostré el tobillo y me contestó: ‘Los de su época estaban todos locos’. Lo que él no sabe es que la final de la Intercontinental contra Panathinaikos, la jugué con un esguince de tobillo –para variar– y su padre, el Mudo (Julio Montero Castillo), con uno igual y otro de rodilla. Era otra época y nos matábamos por jugar”.

El Chueco es Juan Masnik. Se dio el lujo de ser de los pocos jugadores que fue campeón uruguayo con los dos grandes, con Peñarol en 1964 y con Nacional en 1971 –con un gol suyo a Lorenzo Carrabs de Danubio– y 1972. Su padre era un austríaco que construía puentes y a su madre la pudo disfrutar lamentablemente solo ocho años. “A Peñarol llegué por una invitación de Roberto Matosas... ¡y jugué con cada nenes! Entre ellos, Abbadie, Rocha, Sasía, Spencer y Joya”, dice.

Fue campeón y lo disfrutó “porque era hincha a muerte de Peñarol”. “Pero dejé de serlo por culpa de los dirigentes, entonces me fui a Cerro”, recuerda como con bronca.

En 1967 Cerro fue contratado para jugar un torneo en Estados Unidos. Juan Masnik con la modelo de Miss EEUU, en el partido contra Hibernian de Escocia

En 1968 se fue a Gimnasia y Esgrima La Plata, “el club del cual hoy soy hincha”. Jugó 10 clásicos contra el mejor Estudiantes de la historia, tricampeón de la Libertadores y ganador de la Intercontinental y su estadística es: cuatro ganados, cuatro perdidos y dos empatados.

Su mejor época

En 1971 llegó a Nacional y fue fundamental con sus frentazos. Uno le dio la posibilidad a Nacional de jugar una tercera final de Copa Libertadores con Estudiantes. Hizo el 1-0 en el Estadio y debieron ir a Lima. “Allí jugué con la camiseta de Gimnasia abajo, pero después que ganamos, dimos la vuelta olímpica, y el respeto de los muchachos de Estudiantes, quienes nos aplaudieron, fue tal, que no me dio para mostrarles la casaca que más odiaban”.

“Nacional nos dio un traje espectacular para ir a Lima. Ancheta me dijo en el avión que si éramos campeones me lo quemaba, porque a mí me encantaba. El Pulpa Etchamendi lo escuchó y le dijo que si hacían eso, él me lo pagaba de su bolsillo. Fuimos campeones, llegamos a Montevideo, saludamos a Pacheco, presidente de la República y luego a cobrar a Los Céspedes. Cuando estaba en eso, sentí un tirón de atrás y era Ancheta que me abrió el saco en dos. Quise salvar el pantalón, pero también me lo quemaron. Tuve que pedir un equipo buzo prestado para volver a casa. Igual el Pulpa cumplió”, recuerda.

Con otro frentazo suyo, fueron campeones uruguayos ante Danubio el 23 de diciembre y el 25, en Navidad, concentraron para la revancha por la Intercontinental ante Panathinaikos.

Masnik también participó del récord de 16 clásicos y tres años seguidos sin perder ante Peñarol. “El primero de ellos fue justo el primero mío y el día de mi cumpleaños y del Pulpa, el 2 de marzo de 1971. Ganamos 2-1. Etchamendi nos dijo: ‘A éstos si se puede hay que ganarle con un penal y en la hora. Y así fue’”.

Jugó junto a Pelé en Cosmos de Nueva York. “Era un fenómeno. Maradona tenía una zurda maravillosa, pero Pelé era un hombre completo, con cabezazo, chilena, de todo y, además, una excelente persona”.

"Si mis hijos me recuerdan el 25% de lo que yo recuerdo a mi padre, estaré más que feliz", Juan Masnik. 

El Mundial de Alemania 1974 lo tuvo como capitán de Uruguay.

“Fue un fracaso. Había muchos caciques y pocos indios. Hicimos una gira previa de 15 encuentros con un equipo y después, el periodismo empezó a dar manija para traer futbolistas del exterior. Entonces no nos conocíamos. Y así nos fue. Contra Holanda sentí vergüenza. Después del partido con Suecia y de 51 internacionales, dije: ‘No va más’, y así fue”.

Como técnico debutó en Nacional y lo sacó campeón de su primera Liguilla en 1982 y también fue campeón en El Salvador.

Por entonces manejaba un almacén –junto a un socio frente a su casa– y vivía feliz alejado del fútbol.

Su historial en el fútbol
COMO JUGADOR
1964 Peñarol
1965-1967 Cerro
1968-1970 Gimnasia y Esgrima La Plata (Argentina)
1971-1974 Nacional
1975 Cosmos (Estados Unidos)
1976-1977 Universidad Católica (Chile)
COMO TÉCNICO
1982 Nacional
1983 River Plate
1984 Progreso
1985-1987 Sportivo Italiano
1990-1991 Luis A. Firpo (El Salvador)
1992-1993 Marte (El Salvador)
1993-1994 FAS (El Salvador)
1996-1997 Alianza (El Salvador)
1999-2000 FAS (El Salvador)

(Producción Marcelo Decaux). 

Durante el Mundial de Alemania 2006, Masnik también contó más historias relacionadas con la participación de Uruguay. 

"Mi único Mundial lo jugué en Alemania 1974 y la verdad que el combinado que presentamos no fue un equipo realista. Jugamos la eliminatoria y una gira previa con un equipo del medio bajo la conducción de Bagnulo y para el Mundial llegaron ocho repatriados y cambiamos de entrenador porque pasó a dirigir el Tano Porta. Una locura. Llegué lesionado al evento pero no quería perdérmelo. En la gira previa, en un partido en Hong Kong en una cancha embarrada barrí una pelota y me abrí la rodilla con una piedra. Me dieron 10 puntos. Después fuimos a Australia y antes de jugar, mientras me vendaban, el “Indio” Olivera, en broma, le dice al médico: ‘No lo vende que se le va a abrir más ese tajo que la boca del Bombón González’. Y yo le retruqué: ‘A mí se me abrirá, pero a vos te saco quebrado’. Resulta que en el partido faltando 10 minutos queda una pelota picando en el área y yo a dos metros de la jugada salto para trabar al rival y evito el gol pero al caer se me abrieron todos los puntos. Ensangrentado igual terminé el partido pero al Indio lo fracturó un australiano. Fue algo increíble porque nos predijimos nuestras propias desgracias. Así llegué a un Mundial en el que no sabíamos nada de Holanda, salvo que habían goleado a Argentina. Antes de salir al campo lo miré feo a Cruyff –yo era el capitán– y ya sospeché que eran buenos por la confianza que demostraban. Y al empezar el partido nos desconcertaron. Eran el fútbol total, metían pressing, jugaban sin puestos fijos y no aflojaban con nada. Recuerdo una incidencia en la que Rep me barrió abajo y yo salté para evitar la falta y cuando caigo le doy terrible pisotón en la tibia, de pura rabia e impotencia pero siguieron jugando igual. 

 

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