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Narcos en el Uruguay

Adelanto de un capítulo del libro del periodista Antonio Ladra, donde cada capítulo cuenta la saga de un narcotraficante que operó en el mercado local de las drogas

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06 de septiembre de 2014 a las 20:39

Narcos en el Uruguay es el título del libro que presenta el martes el periodista Antonio Ladra y que enfoca el fenómeno del narcotráfico desde una visión particular: cada capítulo cuenta la saga de un narcotraficante que operó en el mercado uruguayo de las drogas. Desfilan por el libro los narcotraficantes más famosos, o poderosos, o violentos. Cuenta la historia de Maurilio Martínez, conocido como Lilo, quien desarrolló sus actividades en el oeste y fue un pionero en el narcotráfico internacional. También escribió sobre Omar Clavijo, quien fue considerado el rey de la marihuana en la zona este desde finales de los años de 1990. Relata la historia de Washington “Bocha” Risotto, quien lideró la segunda generación de narcotraficantes, entre el año 2000 y 2012.

También relata la Operación Campanita, que se inició en el año 2003 y dejó al desnudo una realidad que comenzaba a vivirse en el país, donde coincidieron uruguayos con colombianos en una red que se extendía a gran parte del primer mundo. Lo que sigue es un adelanto de ese capítulo, donde se cuenta el interés que había comenzado a tener Uruguay para los traficantes colombianos.

Cuando el 30 de enero de 2008 en Colombia se supo del asesinato de Wílber Alirio Varela, el capo narco conocido como Jabón, muchos dudaron, porque este hombre, para pasar desapercibido no había acudido como otros narcos a las cirugías, sino a la muerte. Dos veces antes había simulado su propia desaparición física, pero las dos veces se descubrió la trampa. Por eso, cuando en una cabaña ubicada en el estado de Mérida, Venezuela, apareció su cuerpo junto al de su guardaespaldas, Weimar Pérez, alias el Grasoso, la noticia fue recibida con cautela.

En el momento de su muerte, Wílber Varela, que estaba usando la identidad de un tal José Antonio Pérez Chacón, se contaba entre los 10 narcotraficantes más buscados en el mundo, a tal punto que Estados Unidos había puesto precio a su cabeza, que valía
US$ 5 millones.

Nacido en el año 1957, ya se le conocía como Jabón desde que tenía 7 años porque, según cuentan, una vez en la escuela cascó a un compañero al que le decían Mugre y lo limpió a golpes.

Varela hizo carrera en la Policía y llegó a tener los galones de sargento, pero no le duró mucho, porque pronto vio que estar del otro lado del mostrador era más redituable y empezó a trabajar como “cobrador” de cuentas –con todo lo que eso implica en el mundo narco– de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, capos del poderoso cártel de Cali.

Varela fue despiadado con todos los que lo rodeaban para hacerse con el poder; se le adjudican más de 500 muertes y así, a fuerza de fuego y sangre, se convirtió en poco tiempo en el narcotraficante más importante de Colombia. A través de la costa del Pacífico envió miles y miles de toneladas a Estados Unidos y a Europa con la ayuda de su mejor cliente, el mexicano Amado Carrillo (el Señor de los Cielos), líder del cártel de Juárez.

Con Carrillo de su lado, el poder de Varela se acrecentó enormemente; el mexicano poseía una flota de aviones que incluía varios Boeing 727 con los que transportaba la droga, convirtiéndose en el narcotraficante que más cocaína había introducido en Estados Unidos en la historia.

Pero en 1997 Amado Carrillo murió y Varela debió negociar con los sucesores del Señor de los Cielos. La muerte de Carrillo fue una sorpresa para varios, incluso las autoridades de la época.

Carrillo fue el primer narcotraficante de peso en posar sus ojos en el Río de la Plata para usar Argentina y Uruguay, pero también Chile y Brasil, como base para sus operaciones. Y de eso dio cuenta a su mejor socio, Wílber Varela que tomó nota de las intenciones de Carrillo y en su momento también apuntó hacia el sur.

Varela era un capo narco diferente al resto de sus colegas. Hacía lo posible por pasar desapercibido, y por no cometer los mismos errores que enviaron a la cárcel o a mejor vida a sus socios y a sus enemigos.

La única debilidad de Varela eran las mujeres, las modelos, las prostitutas de alto vuelo y, sobre todo, las ajenas, las que estaban con otros capos. En el momento de su muerte se hablaba de un harén de ocho compañeras más o menos estables, pero solo una admitió públicamente su relación con Jabón: Yovanna Guzmán.

Yovanna, una ambiciosa y hermosa modelo colombiana, sostuvo una relación de ocho años con Jabón; hasta la muerte misma del narco.

En el ambiente narco se habla de las mujeres de manera despectiva, como si realmente fueran trofeos para exhibir y cuanto más famosas y lindas sean, mejor.

Entre los narcos, a estas mujeres les llaman las “prepagos”, pero Yovanna siempre lo negó. “Yo no fui la ‘prepago’ de Varela, ni él me pagó por mis servicios de cama”.

En Colombia existen muchos y variados reinados de belleza, casi todos han sido infiltrados por la mafia en busca de bellezas para sus capos, en procura de sus “prepagas”. Existen desde el Reinado Nacional de Belleza, el Maja, el del Café, el Chica Med, el Reinado Nacional del Bambuco, hasta certámenes más pequeños, como el Reinado de la Panela y el de la Guayaba.

En Uruguay, uno de los certámenes más conocidos y famosos es Miss Universo Uruguay. Desde el año 2005 es manejado por el empresario colombiano Antonio Vergara Olmos, quien también es director de Miss Maja Mundial y Miss Maja Colombia.

A la Policía uruguaya le consta por diversos indicios, pero no lo puede probar ante la Justicia, que en algún momento Antonio Vergara Olmos llegó a elegir en Uruguay chicas para Jabón.

Vergara Olmos se ha visto envuelto en varios escándalos por su relación primero con paramilitares y últimamente con narcos que presuntamente financian los certámenes de belleza.

El último de los escándalos se dio en 2013, cuando la ganadora de la corona Miss Universo Uruguay, Micaela Orsi, renunció luego de denunciar que en el marco de su preparación en Colombia recibió propuestas que la “incomodaron”.

Antes, en el año 2009, Vergara trajo a Uruguay a un narco mexicano, Eduardo Caballero Chávez, conocido como el Charly, un confeso adicto a las modelos de pasarela quien apareció como jurado en el certamen Miss Universo Uruguay.

Estos hechos alimentaron en la Policía uruguaya la sospecha de que Vergara estuvo, en algún momento, trabajando para Wílber Varela, a quien le hizo llegar un álbum con las fotos de las misses para que el narco eligiera.

Yovanna Guzmán confirmó para este trabajo que efectivamente Wílber Varela, estuvo en Punta del Este por lo menos una vez, presuntamente en uno de esos certámenes de belleza. Sin embargo, a las autoridades uruguayas no les consta, por lo que es dable pensar que el narco viajó de incógnito en un viaje privado y pudo sortear los frágiles controles de migración.

La sospecha recayó en un viaje que llegó a Punta del Este en diciembre de 2007, cuando aterrizó en el aeropuerto de Laguna del Sauce un avión privado desde Brasil. En el plan de vuelo se informaba que iban a ser cuatro los pasajeros, pero al final solo arribaron tres. Se cree que Jabón, debidamente camuflado y portando documentos falsificados, ocupó el lugar de uno de los pilotos de la aeronave.

Pero además, el narco, antes de esa fecha, estuvo por viajar a Uruguay dos veces, según reportes de la DEA enviados a sus colegas uruguayos y cuyas fuentes eran integrantes de la propia organización de Jabón.

El narco, que era buscado por las autoridades de Estados Unidos y Colombia y también por sus enemigos, tomaba diversos recaudos para su seguridad. De acuerdo con un investigador consultado para este trabajo, en general armaba tres equipos de guardaespaldas diferentes, y les informaba a cada uno sobre sus futuros movimientos y destinos, obviamente diferentes, y muchas veces cuando se estaba por concretar el viaje, no lo hacía.

Cuando saltaron las alarmas sobre la posibilidad de los viajes de Jabón a Uruguay, el exclusivo hotel Conrad, en donde se suponía que iba a hospedarse, se llenó de agentes de inteligencia policial de varios países que esperaban poder atrapar al escurridizo traficante. Pero en estas tierras no llegó a caer, sino en Venezuela y por la traición de su lugarteniente, su jefe de finanzas, Luis Enrique Calle Serna, conocido en el mundo criminal con los alias el Cantante, Comba o Combatiente, que se quería quedar con el negocio y con las prepagas de Jabón.

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