El Observador | Nicolás Tabárez

Por  Nicolás Tabárez

Periodista de cultura y espectáculos en El Observador desde 2014. Para este medio produjo, guionó y condujo los podcasts Jaime: historia de un pionero y La herida. Desde 2017 coconduce y coproduce el podcast de cine Santas Listas. 
19 de abril 2024 - 11:30hs

Hola, y bienvenido de nuevo a  Doble Programa, la newsletter de recomendaciones culturales que tenemos el placer de hacer junto con Carla Colman. 

En esta edición te traigo un poco de todo: el regreso de un personaje icónico que a pesar del paso del tiempo sigue generando nuevas versiones (y la más reciente tiene argumentos para colgarse el cartel de “la mejor”, aunque por supuesto, el arte es subjetivo), un podcast sobre una tecnología que bien puede estar presente en nuestro futuro cercano, y un relato sobre uno de los episodios más oscuros de la humanidad que me dejó con el corazón estrujado pero me pareció fascinante.

Bienvenido, bienvenida. Pasá que hay lugar.

El señor Ripley ataca de nuevo

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En 1955 el mundo conoció a Thomas Ripley. Y desde entonces, al mundo se le hizo bastante difícil que este personaje lo dejara de fascinar y cautivar. Confección maestra de la escritora y guionista estadounidense Patricia Highsmith, el talentoso señor Ripley conquistó a lectores primero y a espectadores después con sus tropelías y sus engaños, gracias a la personalidad magnética de este personaje, un criminal en toda regla pero por el que es imposible no sentir cierto apego.

Ripley es de alguna forma un preludio lejano de los personajes que hoy conquistan a las masas en las ficciones más exitosas, de Breaking Bad a Peaky Blindersun antihéroe. Un hombre que estafa, asesina, engaña, usa y descarta, pero que no podemos dejar de seguir porque queremos ver si se va a salir con la suya o finalmente se le acabará la suerte, y también porque somos víctimas de su encanto, porque sabemos de dónde viene y cómo empezó, y lo vemos abrazar su identidad gradualmente;  cambiar y mutar, a lo largo de cinco novelas. 

Esa capacidad camaleónica del personaje hace que de alguna forma se sienta natural que haya tenido diferentes rostros a lo largo del tiempo, en las distintas adaptaciones que se hicieron de la obra de Highsmith. Del quinteto de novelas de la “Riplíada”, hay tres que fueron llevadas al cine, dos de ellas en dos oportunidades. Las más famosas, sin dudas, son las versiones de la primera novela, El talento de Mr. RipleyAlain Delon fue el primero en encarnar al entrañable estafador en A pleno sol, mientras que  Matt Damon lo hizo en El talentoso señor Ripley, quizás la más famosa de las adaptaciones, que se estrenó en 1999 y se puede ver en Netflix. 

Ahora, esa misma historia llegó a la plataforma de la N roja en formato serie. Ripley cuenta en ocho capítulos  ―lo que ya de entrada le permite tomarse más tiempo y retratar la evolución del personaje de forma más gradual pero igual de eficaz― la novela de Highsmith, con más cercanía al original en algunos aspectos, y un alejamiento que funciona en otros puntos.

En un prístino pero opresivo blanco y negro digno de Caravaggio, y un apartado de fotografía majestuoso dando el marco visual, esta versión del relato se permite sutilezas que están en la novela pero que los tiempos del cine impedían llevar a la pantalla, y también se anima a jugar en las canchas del suspenso y el noir, en una versión que también es más oscura y al mismo tiempo no esquiva el humor que aparece de forma más o menos voluntaria en la historia. 

Ripley

El actor irlandés Andrew Scott (tal vez lo recuerde de series como Sherlock Fleabag) es el encargado esta vez de ponerse la máscara de Ripley. Aunque no tan joven como marcaría el mandato de la historia ―el personaje es un veinteañero, Scott ya tiene 47 años―, el intérprete logra algo fundamental, la primera premisa para una actuación: que se la creamos. 

El Ripley de Scott empieza su camino en la Nueva York de 1961, como un estafador de poca monta que vive bajo la presión y la amenaza constante de ser capturado. Un miedo que no lo abandonará nunca, y que es su gran oponente, más que la culpa o el temor por sus acciones. Una circunstancia fortuita lo pone ante un millonario que le pide que viaje a Italia a buscar a su hijo, Dickie Greenleaf, un nene bien que se está quemando la plata y se niega a volver a casa a asumir el puesto que lo espera en la empresa familiar. 

Ripley se va a Europa y termina en un pueblito de la costa amalfitana conviviendo con Dickie y su novia Marge, obsesionándose gradualmente con el hombre que le mandaron buscar, y encontrándose con una situación ideal para cambiar su vida, aunque sin perder su componente psicopático.

Resulta interesante también ver cómo Tom Ripley sigue manteniendo su atractivo y sigue dando jugo a pesar del paso del tiempo, y de una sombra y un legado que se ha extendido y dejado hijos de todo tipo, como patentan estrenos recientes como la película Saltburn (se la encuentra en Amazon Prime), cuya historia y cuyo protagonista tienen una conexión directa con el estafador creado por Highsmith. 

Pero acá, entre nosotros, te digo que me quedo con el original. Me quedo con Ripley.

Supongo que eso me convierte en otra de sus víctimas.

Ripley

Yo y mi otro yo (virtual)

Hablando de engaños, dobles identidades y máscaras, hace unos días me devoré de un tirón los seis capítulos del podcast español Gemelos digitales, la obra más reciente en este formato del  periodista y escritor Jorge Carrión. 

Analista de la cultura pop y de los formatos narrativos (recomiendo mucho su libro Teleshakespeare, sobre algunas de las series actuales más populares y destacadas), en los últimos años Carrión empezó a interesarse también por temas como la inteligencia artificial y las inteligencias no humanas, las nuevas tecnologías y el lugar de la humanidad en este nuevo mundo que está surgiendo. 

De esas inquietudes vienen sus últimos proyectos, que desembocan en este podcast de (ciencia) ficción, pero que se empapa también del ensayo para profundizar en los gemelos digitales del título, una tecnología que consiste en replicar de forma virtual pero altamente precisa a un objeto, una máquina o hasta a una persona para realizar pruebas, ensayos o simulaciones que luego se aplican a la versión real. 

Jorge Carrión, autor de Gemelos digitales

Por ejemplo, un médico podría usar a un gemelo digital para definir cuál sería el mejor tratamiento para un paciente según su metabolismo y sus características, o simular cómo se deterioraría su cuerpo en caso de que no baje su nivel de colesterol en sangre. 

En esta ficción, un periodista español es invitado a visitar un pueblo chino, Crossroads, donde esta tecnología se aplica para absolutamente todo. Este viaje disparará un misterio y una potencial conspiración, el trasfondo para hablar tanto sobre las posibilidades como sobre los riesgos de los duplicados digitales, los metaversos y la IA. 

Inquietante (como todo lo que genera lo vinculado a la novedad de la inteligencia artificial y sus capacidades), cautivador y un gran disparador de preguntas, algo que suele ser una buena señal cuando hablamos de una obra de ficción. Se puede escuchar en Spotify. 

En la vuelta:

Para leer con pañuelos a mano 

La portada de Pies Descalzos

Te pido disculpas, pero estas semanas voy a estar medio reiterativo. Pero bueno, uno no viaja a Japón todos los días. Y cuando es un viaje que soñás con hacer hace muchos años, el tema se empieza a convertir en algo recurrente. Así que en los últimos meses vengo consumiendo muchas historias vinculadas a ese país. 

En marzo se editó en Uruguay el primero de los tres tomos que recopilan el manga (cómic) Pies descalzos, una historia seminal que desde su publicación fue adaptada como película en distintas oportunidades, y que sigue siendo uno de los relatos más certeros y conmovedores del trauma del bombardeo atómico de  Hiroshima

Su autor, Keiji Nakazawa, sobrevivió al ataque estadounidense cuando tenía seis años, y en esas memorias se basó para crear esta ficción, que está protagonizada por un niño llamado Gen y su familia. 

Algo que me intrigó particularmente de cómo está contado este episodio es que se toma su tiempo para ponernos en situación (empieza algunos meses antes del fatídico 6 de agosto de 1945), y para ilustrar de una forma bastante crítica al Japón de ese momento, cuestionando al gobierno que decidió seguir adelante con una guerra que era prácticamente imposible ganar y que aplastaba de una forma completamente violenta e irracional cualquier cuestionamiento a la lógica bélica que surgiera de la población, y también a ciertos comportamientos de los propios japoneses, desde la explotación y discriminación a los inmigrantes coreanos hasta la violencia con la que eran capaces de tratar a sus propios vecinos. 

Si, más allá de narrar un episodio oscuro de la historia humana, Pies descalzos no se limita a eso, y pinta un panorama bastante sombrío para Gen y los suyos, que salen de una y la vida va y les pega otra. Y otra. Y otra. Puede que esta no sea una historia fácil de leer, y a veces el ensañamiento de Nakazawa con su contraparte ficticia puede parecer excesivo, pero es también una historia sobre la resiliencia, sobre el encontrar luz y un camino en los momentos más complejos, y también una advertencia sobre los lugares a los que la humanidad puede caer. 

Gracias por tu lectura en esta nueva edición de Doble ProgramaNos reencontramos en dos semanas, con Carla en el timón. 

Te recuerdo que podés escribirme a este mail, y podés escribirle a Carla por acá. Aceptamos sugerencias, críticas (constructivas, obvio), recomendaciones, o comentarios. 

Hasta la próxima.
 

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