18 de julio 2014 - 11:05hs

Espacio Periscopio es una manera de estar en casa, para muchos jóvenes y no tan jóvenes del ambiente cultural y universitario –se diría– aunque no hay que presentar ningún diploma. En todo caso es gente que prefiere propuestas que se encuentren en el terreno del arte, más que del entretenimiento. Si hubiera que etiquetar el estilo la palabra más fácil es indie, esa manera de decir que hay una propuesta personal de crear, con ganas de decir ciertas cosas, más que de vender ciertas cosas.

A las 8 de la noche, el miércoles, ya había un centenar de personas esperando a que abriera ese espacio tan esperado, alrededor de un pizarrón que decía “zarpamos”.

La idea fue de Ana de Rodatis y Patricia Kramer, socias en una productora de diseño gráfico y comunicación, que compraron esa casona en Jackson y Durazno, donde ya sabían que iba a haber arte, disciplinado de distintas maneras.

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Y también gastronomía. De hecho, hace dos meses abrió Perillán, un restaurante que cimentó su fama en sus 10 temporadas en La Pedrera, ubicado en la rambla frente al acantilado. Su dueña, Fernanda Cortinas, ya había sido vanguardia en movidas cool, como Pacha Mama, varios pisos bajo la plaza Independencia.

Pero eso es la planta de arriba. El Espacio Periscopio es abajo, en un sótano trabajado con ganas, con un escenario coqueto, presidido por un piano vertical y bien iluminado, en contraste con la atmósfera tenue de las mesas. Las paredes están intervenidas por Magela Ferrero, con poemas inéditos de su autoría, escritos por mano propia a golpes de inspiración.

Los socios de este proyecto son tres, ya que a Kramer y De Rogatis se sumó Adrián Minutti, también productor y gestor cultural.

“Don Periscopio es un personaje que se llama así; es el que lleva el timón y solo él sabe con certeza a dónde va”, define De Rogatis, quien recuerda que en ese sótano se puso en escena Proyecto Felisberto, una obra de Mariana Percovich sobre el singular escritor uruguayo, una puesta que causó una profunda impresión entre los que tuvieron el privilegio de admirarla.
También se proyectó La educación prohibida, una película que se ha vuelto de culto, por una gran cantidad de razones, entre las cuales se destaca su ambición y honestidad.

El espacio abrió con la actuación de Pitufo Lombardo, Ana Prada y Pata Kramer, con un público que duplicaba en número la cantidad de sillas (80). Ya está programada la sala por dos meses, con una entrada de $ 200 sea el espectáculo que sea, excepto los miércoles, que es la noche de La Covacha Milonga, música para bailar al ritmo del dos por cuatro, con entrada a $ 150.

De Rogatis tiene una vasta experiencia en esto de mover un boliche; lo ha hecho con éxito en el Paysandú, Bar Lobo y El Tartamudo. Sin embargo, siente que esta vez es especial: “Esto es un gran abismo”, “somos eternos aprendices”, “tengo miedo”, “soy feliz” son algunas de las maneras en que se acerca a lo que le está pasando en esta aventura.

Si se juzga por la atmósfera durante la noche del estreno, el miércoles, las cosas no pueden salir mal. El sótano estaba repleto, la música sonó bien y había un ambiente de complicidad entre desconocidos, como diciendo “qué bueno que estamos acá, ¿no?”

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