Su manera de querer ser distinto a todos generó varios momentos polémicos durante el año y a punto estuvo de que lo despidieran, pero salió airoso y festeja su primer título
El técnico tricolor le da un beso a una de sus hijas
Si Carrasco no fuera Carrasco, el técnico de Nacional sería menos cuestionado. Un entrenador que toma el equipo en el décimo lugar del Apertura, que remonta y llega al final de ese torneo con posibilidades de ganarlo, y que una fecha antes del final del Clausura ya es campeón y ganador de la Tabla Anual, es para levantarle un monolito, como decía Minguito. Pero resulta que Juan Ramón tiene un carácter complicado, el ego en las nubes y toma decisiones como las del sábado, cuando incluyó a Anderson y quitó del equipo a Santiago García, que dejan boquiabierto a más de uno.
“Uno es distinto y rompe con los mitos”, dice Carrasco hablando de sí mismo en tercera persona. Es verdad que es diferente y también que va a contramano de las costumbres, pero eso no quiere decir que todo lo que hace lo hace bien. Desde el inicio del año y hasta la hora 18 del sábado cuando terminó el partido, le dio a su esposa un beso con sabor a tejido, se abrazó con sus colaboradores y gritó “Nacional nomá” hacia la tribuna Delgado, pasó de todo. Momentos delicados, otros polémicos y también tuvo aciertos, por supuesto.
Los encontronazos con el entrenador aparecieron tras los resultados negativos. Siempre sucede así. Las victorias maquillan los inconvenientes y las derrotas los dejan a flor de piel. Nacional empezó el año sin ganar en sus primeros cuatro partidos oficiales. Surgieron entonces diferencias con los dirigentes y con los hinchas. Sus actitudes de no concentrar con el plantel, de no concurrir a los entrenamientos, de no viajar con los jugadores en el ómnibus o la forma en que armaba los equipos, abrieron el cráter de la polémica. Al día siguiente de la derrota contra Argentinos Juniors en el Parque Central por la Copa Libertadores, Carrasco no concurrió a Los Céspedes y fue el preparador físico Mauricio Marchetti quien tuvo que enfrentar al plantel en ese difícil trance.
Tres de los cuatro dirigentes que votaron en contra de su contratación se tomaron licencia. Los foros partidarios se encendieron con los mensajes de los hinchas, enfurecidos con el técnico. Carrasco continuó en su puesto porque tuvo el apoyo del presidente Ricardo Alarcón y del gerente deportivo Daniel Enríquez. Este se acercó más al entrenador luego de los primeros barquinazos, lo cobijó, porque de esa forma también cuidó sus espaldas, después que un sector de la dirigencia comenzara a criticarlo también a él.
Juan Ramón tuvo que dejar el lirismo de lado después de perder frente a América en México y Fénix. Una reunión con los jugadores le hizo cambiar de idea y frente a Fluminense en Río de Janeiro: el equipo consiguió un 0-0 arrinconado en su arco y con el Morro García como único delantero.
El técnico después tuvo gestos que no agradaron en el club y que crearon cierto clima adverso en el plantel. La rotación del capitanato, dejando desairado a Alejandro Lembo, un referente del grupo, fue una decisión polémica. También la rotación de los goleros fue un tema de discusión, aunque luego las buenas actuaciones de Rodrigo Muñoz y de Leonardo Burián lo dejaron bien parado.
Los inconvenientes con Horacio Peralta, el día que faltó a un entrenamiento y se pelearon Anderson, Charquero y Peralta, echaron sal a las heridas. El último “Carrascazo” fue la determinación de incluir a Anderson de delantero en una práctica, lo que generó la molestia de Fornaroli. La actuación en la Libertadores no fue buena, si bien estuvo a un gol de clasificar; pero se quedó afuera en la primera parte y eso es un fracaso para los tricolores.
Entre lo positivo, hay destacar la titularidad de Facundo Píriz, un jugador que se convirtió en bastión del equipo cuando nadie lo tenía en la agenda. Mantuvo su idea futbolística de jugar con un solo volante de marca y tres delanteros siempre. Más allá de los dolores de cabeza, Nacional es hasta el momento el equipo más goleador de la temporada y en el Clausura el menos goleado. Ganó el clásico más importante. Y acabó siendo campeón, pese a todo. Aunque aún falta el postre.