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Porzecanski: "La gran diferencia con octubre de 2019 es el mayor peso del Partido Nacional frente a Cabildo y colorados"

El director de Opción advierte gran estabilidad respecto a 2019, dice que si uno ofreciera al oficialismo este escenario en 2024 "lo firman inmediatamente", y señala por qué tampoco es una "mala noticia" para el Frente Amplio

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06 de julio de 2021 a las 05:01

Preguntarle a los uruguayos a qué partido votarían si las elecciones nacionales fueran el próximo domingo puede parecer a priori un ejercicio apresurado de futurología. En definitiva, faltan más de tres años para un nuevo llamado a las urnas, ni siquiera hay una nómina clara de eventuales candidatos, y las preocupaciones ciudadanas están bastante alejadas de los pormenores electorales.

Pero si se toman los resguardos necesarios y se evitan las conclusiones apresuradas, el resultado de hacerle esa pregunta a la cantidad suficiente de uruguayos puede ser en cambio una buena aproximación al mapa de cómo se posicionan los bloques políticos en el inicio del segundo año de gobierno de Luis Lacalle Pou. 

A eso apuntó Opción Consultores, que difundió este lunes los datos de intención de voto correspondientes al mes de mayo de 2021, el primer registro en la carrera hacia 2024. Rafael Porzecanski, director de opinión pública de la consultora, afirma que los números muestran un escenario de "estabilidad" respecto a las últimas elecciones, aunque con algunos movimientos en la interna de la coalición multicolor. ¿Quiénes tienen más motivos para sonreír? ¿Cuál es la relación entre los indicadores de gestión y las preferencias ciudadanas? ¿Qué diferencias se pueden prever respecto a 2019? 

A continuación, un resumen de la entrevista que mantuvo el sociólogo con El Observador

¿Qué conclusiones se pueden sacar de la encuesta?
Primero una aclaración. Si bien las preferencias políticas son importantes, la ausencia de candidaturas y una grilla puede generar distorsiones. Sobre todo cuando tenemos un bloque político compuesto de varias fuerzas políticas y un núcleo de electores que se mueve con fronteras sin aduanas. Dicho eso, si uno analiza las tendencias por bloques observa una gran estabilidad respecto al ciclo electoral 2019: con el FA en el entorno del 40%, con los partidos de la coalición sumados superando el 50%, con diferencia de fuerzas importante. Eso se enmarca en un contexto de posicionamiento favorable para el oficialismo, diría que inesperadamente favorable en cuanto a la dimensión. Era poco previsible que el oficialismo tuviera un capital político igual o incluso superior a las expectativas previas de gestión. En ese sentido, lo que dice el informe es que no están variando las preferencias por bloque pese al clima favorable para el oficialismo. Por ahora no se da un impacto en las preferencias por bloque. Pero cuanto más tiempo tenga el gobierno para mantener este clima favorable, naturalmente será mejor para sus intereses, porque la evaluación retrospectiva de la gestión es un elemento que impacta en la intención de voto, a la corta o a la larga, pero aún no se ve un impacto en los bloques. 

¿Por qué se da esa estabilidad? 
Se pueden tejer algunas hipótesis. Hay que tener en cuenta que el FA toca un máximo en el año 2004, luego se mantuvo bastante cerca del 50% en general en 2009 y 2014, y después tuvo una caída fuerte. Entonces ya viene de perder al segmento más débil de votantes, el segmento de los “recién llegados”, como los votantes del interior. Ese segmento era el más débilmente identificado con el FA y ya fue perdido en 2019. Si bien en ese porcentaje en torno al 40% no son todos frentistas duros (el núcleo duro es bastante menor), probablemente en ese 40% la capacidad o fluidez para pasar de un bloque al otro no sea del mismo nivel a la que tuvo ese 10% que pasó del FA al bloque multicolor en 2019. Esto no implica que no pueda pasar. En un sentido inverso, el FA no está siendo capaz de convocar un significativo porcentaje de electores multicolores que regresen o prefieran al FA. Por eso es un panorama de gran estabilidad. La coalición multicolor tiene hoy una ventaja clara ante el FA en una eventual primera vuelta, pero esa ventaja el FA ya la pudo descontar en gran medida en una segunda vuelta. Acá aparecen las preguntas de qué podría pasar: si la coalición va a seguir –está dando señales de que así podría ser–, y si sigue, qué nivel de fidelización en segunda vuelta va a necesitar y tener. 

Pensando en lo que puede pasar en 2024, ¿a qué cree que se debió ese acortamiento de la brecha en el balotaje de 2019? ¿incidió la incertidumbre que generaba una nueva coalición?
Hay muchas hipótesis. Por un lado inciden elementos de liderazgos. Hay que recordar que cuando Luis Lacalle Pou llega al balotaje, había un segmento minoritario pero importante de electores de partidos de la coalición que manifestaban antipatía o indiferencia hacia su figura. Si se repiten las circunstancias, hay que ver con qué nivel de popularidad llegaría un representante de la coalición multicolor. El otro tema es cómo el electorado percibe ahora, y cómo lo hará en 2024, a esa coalición. En 2019 era un fenómeno nuevo que generaba incertidumbre, y el FA jugó en campaña con eso, con el hecho de que había gran incertidumbre por la diversidad ideológica, también por un jugador nuevo como Cabildo Abierto. En la próxima elección esa novedad no va a estar como factor que altere los niveles de fidelización electoral entre una vuelta y la otra. Pero es un tema importante a seguir. Por otro lado, una enseñanza de 2019 es que una ventaja de varios puntos de la coalición multicolor no necesariamente se traduce en una ventaja efectiva en el balotaje. 

Hablamos de la estabilidad en la comparación con 2019. ¿Qué ocurre al comparar con 2016? ¿Hay una referencia de cómo estaba el mapa de preferencias al segundo año del gobierno de Tabaré Vázquez?
En 2016 en realidad las cosas estaban en una dinámica similar en términos de distribución de fuerzas, con algunas diferencias. Una de ellas obviamente es que no estaba Cabildo Abierto. Teníamos al Frente Amplio y el Partido Nacional en una situación de mucha paridad y muy distanciados del resto, en el entorno del 30%. El Partido Colorado estaba en un piso de entre 7% y 8%. Y más atrás los indefinidos u otros partidos como el Partido Independiente o el Partido de la Gente. Era un momento también donde había caído mucho la aprobación de gestión. Entonces teníamos un fuerte peso de frentistas indefinidos. Un porcentaje lo logró empezar a revertir, sobre todo después de las internas. Ahora el Frente Amplio sigue teniendo un porcentaje relevante de indefinidos, y eso queda en evidencia cuando hacemos la repregunta a los que en primera instancia no nombran un partido específico, pero es menor al que tenía "escondido" entre los indefinidos en 2016. 

¿Qué ocurre hoy con los indefinidos cuando se les repregunta a qué partido consideran más cercano?
En definitiva el FA crece 4 puntos, el PN crece 2 puntos, y colorados y cabildantes crecen un punto cada uno. Hay una distribución cercana a 50% entre los bloques. Cuando uno analiza la intención de voto en 2019 y va proyectando indecisos, no fue muy lejano a una distribución pareja de los indecisos. Acá lo que ocurre es que el FA se distancia un poco más del Partido Nacional. Pero si uno sale de la lógica octubre y entra en una lógica noviembre, es probable que haya paridad entre los bloques. Todo ese electorado indeciso o con identificaciones partidarias más débiles es un segmento pequeño pero absolutamente relevante de cara a 2024. 

¿Identifican en el trabajo de campo la existencia de votantes "de la coalición"? 
Eso lo ves sobre todo a nivel cualitativo, pero hay algo de evidencia para verlo cuantitativamente. Por ejemplo, en el porcentaje de electores que se sienten cercanos tanto al Partido Nacional como al Partido Colorado, o a Cabildo Abierto y el Partido Nacional. Lo veías claramente cuando analizabas la primera y segunda opción de los electores. Se veía claramente que había un electorado multicolor que podía circular. Eso también se vio en los propios acontecimientos. Después de las internas, con la confirmación de las candidaturas de Manini Ríos y Talvi, el que perdió peso relativo dentro de la coalición fue el Partido Nacional.

Hoy los datos muestran un despegue importante del Partido Nacional dentro de la coalición. ¿Cómo lo posiciona en esa interna? 
La gran diferencia con la comparación de la elección de octubre de 2019 es el mayor peso del Partido Nacional frente a Cabildo Abierto y el Partido Colorado. Hay varias posibilidades. Por un lado, se da el efecto socio mayoritario: está ejerciendo la conducción del gobierno, Lacalle Pou tiene un rol muy saliente, y la pandemia fue un área de gestión donde Presidencia tuvo una impronta muy fuerte. Entonces esa impronta particular sin dudas favorece la marca partidaria del Partido Nacional y lo pone como principal protagonista de la vidriera política, en un contexto además favorable al oficialismo. En ese sentido tiene el potencial de generar una mayor cosecha electoral. 

¿Y en qué lugar deja eso a sus socios menores?
Eso está ligado al dilema del socio menor. Cuando al gobierno le va bien, el dilema del socio menor es cómo diferenciarse del gobierno de turno y marcar un matiz que a su vez sea una opción atractiva para el elector. En un contexto de satisfacción con el oficialismo la tendencia lógica sería ir por el socio principal. Después hay un elemento de más largo plazo. El posicionamiento ventajoso del Partido Nacional sin grilla de candidatos frente al Partido Colorado lleva varios lustros, empezando en la crisis de 2002. A partir de allí la marca partidaria Partido Colorado ha estado debilitada y ha tenido dificultades de posicionamiento. Hoy está además en un piso históricamente bajo porque junto a las debilidades de más largo plazo se suma la falta de oferta concreta de candidaturas que pueda visibilizar el elector. Porque aunque a veces uno no lo mencione, cuando uno hace una pregunta de intención de voto por partido, el elector a veces se imagina un candidato concreto. Y hoy el Partido Colorado no lo tiene. Está la opción de Pedro Bordaberry en el aire, pero todavía es una incógnita. Con Cabildo Abierto es más lineal, porque por el momento viene mostrando señales de que Manini volverá a ser candidato. En todo caso los problemas que tiene Cabildo Abierto para no marcar como la elección pasada puede tener que ver en parte con que todavía es un partido muy joven, al que incluso algunos electores de bajo nivel de conocimiento político pueden no registrar siquiera como nombre. Ahí habría que ver qué pasaría si uno pusiera una grilla de candidatos concreta incluyendo a Manini. Los análisis preliminares que hemos hecho nos indican que al incluir a Manini, Cabildo Abierto marca mejor.

Hablaba de cómo los resultados de la interna en 2019, con la aparición de Cabildo Abierto y de Talvi en el Partido Colorado, cambiaron un poco el peso del Partido Nacional. ¿Estos números muestran diferencias significativas respecto a aquel escenario? ¿Hay una tracción por el hecho de liderar la coalición?

Es difícil saber si este despegue es diferente del que tenía para el ciclo 2019. Hay un elemento nuevo, que es que ocupa el gobierno, al gobierno le está yendo bien, y es el socio mayoritario. Ese elemento puede ser una tracción, sí. Por otro lado, para ver realmente el peso de la marca partidaria ante los socios necesitás saber cuáles son los candidatos. Eso fue otra de las enseñanzas de 2019, como comentaba antes. La aparición de Manini y Talvi, con una oferta diferente en estilo y propuestas  la de Lacalle Pou, generó movimientos en la correlación de fuerzas, con un relativo emparejamiento dentro de los partidos que luego conformaron la coalición multicolor. 

¿Hasta qué punto ese crecimiento del PN en detrimento de los socios es una fortaleza y en qué punto puede ser también un factor de riesgo dentro de la coalición?
Es el famoso equilibrio entre diversidad de oferta y riesgo de fuga. Una oferta diversa y potente te permite cubrir segmentos amplios del electorado. Fue lo que la vieja ley de lemas les permitió al Partido Colorado y el Partido Nacional. Pero con las reglas de juego actuales, si diversificás mucho esa oferta en octubre, tenés el riesgo de menor fidelización en noviembre. En ese sentido, no parece casualidad que el FA haya tenido la mayor capacidad de captación de electorado externo precisamente cuando el bloque contrario se presentó más fragmentado. Por otro lado, si homogeneizás la oferta de la coalición multicolor en octubre, por ejemplo con un Partido Nacional que se lleve la amplia mayoría de votos) corrés el riesgo inverso de perder los electores que están en los bordes. De hecho ese es el riesgo que corre el FA, aunque en el pasado logró compensarlo con una oferta interna muy diversa ideológicamente y sectores de identidad propia muy fuertes.

¿Puede alimentar cierto descontento entre los socios, que se sientan disminuidos?
Y bueno… cuanto mayor sea la satisfacción interna de los socios, con más energía tirarán todos del carro. Aunque también hay que tener en cuenta los incentivos que a veces hacen superar malhumores ocasionales.

Mirando estos números, ¿quién tiene más elementos para sonreír de cara a 2024?
Los dos bloques tienen noticias alentadoras y a la vez desafíos. La buena noticia para el FA es que la buena valoración de gestión del gobierno y la fuerte imagen del presidente no están repercutiendo sobre las preferencias partidarias y de bloques. Eventualmente están repercutiendo en la correlación de fuerzas en la coalición multicolor, pero la base electoral que apoyó al FA en 2019 hoy sigue más cerca de sus filas que de la coalición multicolor. En un contexto de dificultad para la oposición, y de posicionamiento muy fuerte para el gobierno, en algún punto quizá el empate le sirve o al menos no es mala noticia. Para la coalición, la buena noticia es que en 2019 con una estructura muy similar de preferencias, le ganó al Frente Amplio y consiguió una sólida mayoría parlamentaria. Probablemente si uno les ofrece a los dirigentes y electores de la coalición multicolor el escenario de 2019 replicado en 2024, lo van a firmar inmediatamente. Para ambos está claro que el escenario de preferencias sigue siendo de paridad. Después si ingresamos a la interna de la coalición oficialista, es claro que el Partido Nacional es el mejor perfilado dentro de la coalición para pasar al balotaje. Habrá que ver qué puede pasar con los socios menores, que tienen el desafío de contrarrestar un poco su posicionamiento partidario más débil con ofertas de candidaturas potentes. Ahí quien parece tener los mayores desafíos e incertidumbres es el Partido Colorado.

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