Zinedine Zidane solucionó uno de esos días grises que de vez en cuando aparecen en el Bernabéu y con su participación activa y modélica sacó al Real Madrid de un día oscuro, ante un rival firme, en una jornada donde las rotaciones de Carlos Queiroz hubieran sido polémicas de no haber firmado un resultado positivo.
Queiroz dio el día libre a dos cracks de inicio. Dejó a Helguera y Ronaldo, con muchos kilómetros ambos a la espalda tras una semana de selecciones, y dio el testigo a Borja y a Portillo.
Suele ocurrir este año que los rivales del Madrid en el Bernabéu no se esconden. Lo del miedo escénico es más para los clubes europeos. Aquí, en la Liga española todo el mundo anda valiente. Sin complejos.
César Ferrando, el técnico del Albacete, planteó un partido con un riesgo moderado. Viaud, el francés que hizo la mili con Zidane, se volvió a encontrar esta noche con su paisano. A Zidane marcarle bien es como tener suerte en una rifa. Zizou estuvo enorme, como casi siempre.
El Real Madrid fue a menudo previsible. Sin Roberto Carlos, Solari fue su sustituto. Sube menos el argentino. Con más cabeza y frialdad, Solari anduvo además más pendiente de Carlos Aranda, un chaval criado en la fábrica del Madrid, que hoy estuvo ansioso, con ganas de agradar y de demostrar al Bernabéu que él también pudo ser madridista. Solari llegó bien. Dos veces en el primer tramo y dos ocasiones. Una la mandó al palo con la derecha, su pierna mala.
Queiroz tiró de Ronaldo. No estaba el partido ya para bromas ni para dar facilidades. Así que Portillo se fue a la ducha. Y el brasileño se desplazó a la izquierda, en teoría, la banda más floja del cuadro manchego. La última media hora fue ya unidireccional. Ahí ya mandó el equipo de Queiroz. El Madrid, con todo su arsenal, en busca de una victoria que se le resistía y el Albacete, pensando ya en la gesta de un empate con sabor a victoria. Defendió con orgullo el Albacete su heroicidad aplicándose en el juego aéreo con Unai y Pablo al frente.
Tenía que ser Zidane, sin duda el futbolista más entero del equipo de Queiroz. Zidane mandó a la red de cabeza un balón que se paseó por el área, y terminó con el sufrimiento del Bernabeú. Lo del axioma, semana de selecciones igual a angustia colectiva casi se cumple. Pero el libreto del Madrid es tan amplio, que cuando no es un crack, hay otro siempre con las pilas puestas. El de hoy fue Zidane.
(EFE)