Fútbol > HISTORIAS

Roland Marcenaro, entre Markarian y Tabárez, sueña y hace soñar a Cerrito

Guió a una sub 17 a un quinto puesto Mundial, fue ayudante de Markarian en Grecia donde casi se cae de un avión en Islas Feroe, le tocó descender con Miramar Misiones y ahora vuelve a levantar vuelo con el sorprendente Cerrito

Tiempo de lectura: -'

24 de octubre de 2020 a las 05:02

Antes de comenzar el campeonato de la Segunda División Profesional, Rampla Juniors, Racing, Juventud y Villa Teresa eran los grandes favoritos. Disputadas las primeras 14 fechas del torneo, sin embargo, el líder es Cerrito con 29 puntos y un solo partido perdido.

El equipo es dirigido desde la cuarta fecha de la segunda rueda de 2019 por Roland Marcenaro, un entrenador que se inicio en 1996 en las formativas de Miramar Misiones y que ahora relanza su carrera tras trabajar como ayudante técnico de Diego Aguirre y Sergio Markarian.
“Creo que si logramos el ascenso mi carrera puede volver a tomar forma”, reflexiona en diálogo con Referí. Pero antes de pensar en lo individual Marcenaro piensa y siente el fútbol en colectivo.

“Es un consorcio de 30 personas donde todos tienen que tirar para el mismo lado, no es fácil”, advierte. “Lo más difícil en el fútbol es lograr que el jugador que no juega le sume al grupo. Cuando el jugador no juega y se ofusca, los vestuarios no son fáciles. Eso se transmite a la directiva y a la hinchada aunque ahora no esté en forma presencial”.

Y este año, en Cerrito, Marcenaro siente que se logró esa comunión. Pero no pone al yo como el responsable. Sino al nosotros. Al grupo de jugadores primero. Y también al trabajo del presidente Auro Acosta: “Acá se paga todos los meses, jamás se le debe un pese a nadie y hasta se paga aguinaldo que nadie paga. Hay aire acondicionado en el vestuario, ropa, cancha, cancha de fútbol 5 cuando llueve. No somos Manchester, pero estamos bien. El momento de Cerrito no es casualidad. Pero a veces tenés todo eso y no se te da. Hay equipos que llegan en ómnibus al Charrúa, nosotros no, pero estamos arriba en la tabla”.

De repente, la charla se ve interrumpida por la presencia del empresario Flavio Perchman quien felicita a Marcenaro por el momento que atraviesa su equipo.

“Para mí los candidatos eran ustedes y Villa Española, por ese sentido de pertenencia que tienen. El tercer ascenso va a estar peleado”, le dice.

“Pero mirá que no nos tenía nadie”, le replica Marcenaro.

Pero los equipos de este entrenador siempre tuvieron una línea de juego bien trabajada.

Desde aquel Miramar Misiones que en 2003 hizo la mayor cantidad de puntos de su historia en Primera –clasificando a una Liguilla–, pasando por las selecciones uruguayas sub 17 que condujo entre 2006 y 2009 hasta el propio Miramar al que retornó a mediados de 2018 para intentar salvarlo del descenso a la C.

El aprendizaje de descender

“No se pudo porque estábamos muy comprometidos ya. Pero me dejó un gran aprendizaje: cómo llegarle a un jugador que cada vez que entra a la cancha sabe que está peleando un descenso. Nunca me había pasado, pero es una sensación terrible”.

“Tuvimos muchos partidos de errar goles increíbles abajo del arco. Y era esa mochila con la que cargaba el jugador”, agrega.

A pesar de que el equipo jugaba en una cancha destruida, sin pasto, Miramar Misiones respetaba una línea de juego.

“Es lo que me gusta de los equipos. Te das cuenta cuál está trabajado y cuál no. Cerro Largo con Danielo Núñez es un equipo que tiene una identidad, por mencionar uno”.

Llevaba dos años y medio alejado de las canchas cuando el futbolista Adrián Speranza, al que había dirigido en su primer pasaje de los cebritas, lo invitó a dirigir al club.

“A mí Miramar no me renovó después de la campaña de 2003 y en 2010 estuve 10 partidos y me sacaron. Pero no tuve ningún problema en volver, además fue el club que me permitió empezar mi carrera. Pero el trabajo de 2018 todavía ni lo cobré. En este país los jugadores reclaman y cobran, pero los entrenadores no podemos. Es increíble, pero así funciona”.

El primer trabajo de ocho años que hizo en los cebritas (cuatro en juveniles, cuatro en Primera), un pasaje en 2004 por Cerro interrumpido por una huelga de 45 días de los futbolistas que lo llevó a renunciar y haber participado de un proyecto que presentó Gustavo Poyet en la Organización del Fútbol Infantil en 2005, del que participaron Sergio Markarian y Óscar Tabárez, le abrieron las puertas de la selección uruguaya.

Quinto en un Mundial

“A principios de 2006 el Maestro me ofreció la sub 15 y la sub 17. Después de una semana de trabajo le dije que era imposible dirigir a la dos y ahí se sumó Fabián Coito”.

“Fue el peor momento del proceso. Al Maestro cada tres horas lo querían echar. Hasta que Uruguay no clasificó al Mundial de Sudáfrica 2010 y terminó cuarto fue una cosa el proceso. Antes hacían cola para echar al Maestro. Después que se vio el trabajo se lo apoyó y hoy somos un ejemplo en el mundo. Pero nadie se hace cargo de lo que decían entre 2006 y 2010”.

En el Sudamericano de Ecuador 2007 no pudo clasificar a la ronda final: “Colombia y Venezuela arreglaron el partido para que clasificara Venezuela. Pero a Venezuela, que en ese momento era la sombra negra de Uruguay en todas las categorías le ganamos con paseo, 4-1 en Azogues a 2.700 metros de altura”.

En aquel equipo dirigió a Nicola Pérez, Sebastián Coates, Jonathan Urretaviscaya, Mauricio Pereyra, el Pato Guzmán, Marcelo Lacerda, Rodrigo Pastorini, Santiago Silva y Facundo Píriz: “A Píriz casi que ni lo puse y siempre me quedé mal, porque jugaba de lateral y tenía en el medio a Jonathan Leites que después desapareció”.

Uruguay preparó ese torneo con cuatro amistosos y el siguiente Sudamericano con 28 partidos. ¿Resultado? La celeste fue tercera en el Sudamericano de Chile y quinta en el Mundial de Egipto 2009. “Perdimos por penales con España, en el primer tiempo estábamos 3-1 abajo y con un carácter bárbaro lo empatamos 3-3”.

Los jugadores se le vienen a la memoria con un dejo de nostalgia: Salvador Ichazo, Ramón Arias, Diego Polenta, Bruno Marchelli, Sebastián Rodríguez, Ignacio Avilés, Adrián Luna, Sebastián Gallegos, Gonzalo Barreto y Bernardo Laureiro. Y de repente eleva la voz: “¡Brugman! Qué jugador Gastón Brugman, jugaba en cualquier puesto del medio, no necesitaba tirarse para recuperar el balón y lo jugaba con gran inteligencia. Hoy lo veo a (William) Klingender en Cerrito igual. Llega justo a la pelota y la recupera y cuando la tiene, es impredecible para los defensores rivales”.  

Cuando volvió del Mundial, su contrato y el de Diego Aguirre (sub 20) no fueron renovados.

“Era una manera de sacar también al Maestro, aunque en el caso de Diego él no quería seguir porque se fue a Peñarol”.

"Cada vez que inicio un proceso les dibujo a mis jugadores un carro en un pizarrón, con cintas hacia delante y cintas hacia atrás. Yo les digo que al jugador que está con cintas tirando hacia adelante lo quiero. Que el que está tirando para atrás, se va para la casa. Y el que está arriba y va para un lado o para el otro, también se va para la casa, porque va para adelante porque algunos tiran o va para atrás porque a algunos no les gusta. Hasta 2006 había muchos arriba del carro o tirando para atrás. Después de 2010 hay muchos arriba del carro o tirando para adelante en Uruguay", grafica. 

A Catar con Aguirre

Con el tiempo fue ayudante de Aguirre en Al Rayyan y Al Gharafa en Catar. “Diego ve el fútbol muy bien, el equipo que te pone en cancha juega, tiene un carisma especial y llegada con el jugador”.

En Al Rayyan dirigió al equipo B 

Y después Markarian lo llevó a la selección de Grecia.

“Llegamos en las Eliminatorias para la Euro 2016 con contrato en euros hasta el Mundial de Rusia 2018. Pero estuvimos dos meses y solo dirigimos dos partidos. Empatamos con Hungría y perdimos con Islas Feroe”.

Se muerde el labio inferior y hace un gesto de negación con los ojos perdidos. Islas Feroe... “Pero nadie sabe lo que nos pasó”, dice.

“Una vez en un aeropuerto, me puse a hablar con un abogado chileno y le comenté que estaba en el fútbol y que uno de los primeros viajes en Grecia era ese destino. Y me dijo: ‘¿Vas a ir a Islas Feroe? Te vas a acordar de mí’. No me dijo más nada. El día que viajamos fuimos en vuelo chárter. Fue un viaje normal hasta que empezamos a descender. Solo se veían nubes y nubes. Entonces, de repente, el avión se pone de punta, nariz para arriba y arranca a toda velocidad. No sabés lo que fue el griterío de todo el plantel. Estaba al lado del presidente de la delegación y el hombre ya mayor se descompensó. Cuando el avión se estabiliza el piloto dice que va a hacer un segundo intento. Y pasa exactamente lo mismo. Tampoco pudo y tuvo que irse a Copenhague. Llegamos el jueves de noche y jugábamos el sábado. El viernes de tarde volvimos a viajar en un avión británico chiquito. El aterrizaje duró dos segundos. Islas Feroe está en el Atlántico Norte, con picos montañosos, nubes y una pista corta en el aeropuerto. Los pilotos y el avión al que recurrieron ya estaban habituados a esos viajes. No sabemos lo que sufrimos. El día del partido, en el primer tiempo tuvimos 12 chances de gol. Pensé que los goleábamos. Perdimos 2-1. Se armó flor de revuelo, el griego es muy complicado, el ambiente se puso muy espeso y Sergio decidió renunciar”.

Después de esa experiencia pasó a aquel Méndez Piana inhóspito (muy diferente al actual) y ahora dirige -y sorprende- con Cerrito que fecha a fecha alimenta el sueño de subir.   

REPORTAR ERROR

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...