Apoco más de dos años del endurecimiento comercial de Argentina para restringir al máximo sus importaciones, ya son al menos una docena las empresas de distintos rubros de actividad que dejaron de colocar su producción en ese mercado.
Para varias de ellas, se trata de uno de sus principales destinos. Es por eso que varias firmas debieron redireccionar su negocio en el nuevo contexto, reduciendo su plantilla de trabajadores, apuntado a otros mercados y/o directamente declarándose en concurso de acreedores como el caso del fabricante de productos plásticos Laja. Los industriales reconocen el esfuerzo en las gestiones del gobierno uruguayo ante su par argentino para agilizar la liberación de las licencias de importación. No obstante, según el vicepresidente de la Cámara de Industrias (CIU), Gabriel Murara, estas gestiones muchas veces son infructuosas porque chocan contra una decisión política “que no tiene marcha atrás”.
“Hay muchas víctimas por la política comercial argentina y seguramente la lista seguirá ampliándose”, vaticinó el vicepresidente de la CIU. Agregó que varias firma del sector vestimenta y autopartes están “prácticamente paradas”, tienen personal en seguro de paro y dificultades financieras para mantenerse en pie.
Damnificados
La industria automotriz local es una de las ramas más afectadas por las trabas argentinas.
La planta local Chery solamente pudo exportar 1/3 del cupo de 4.000 vehículos que podía colocar en la vecina orilla sin pagar arancel. Esta firma tiene hoy apenas 40 trabajadores en actividad y 300 empleados en seguro de paro desde el pasado 1º de junio. Según informó a El Observador el secretario ejecutivo de la Cámara de Armadores, Ramón Cattaneo, a Chery hay que añadirle otras tres industrias. Es el caso de la argentina Tacsa (armado de ómnibus), los camiones Dong-Feng y Bongo de KIA que tampoco pueden colocar su producción industrial en la vecina orilla. En el caso de Dong-Feng, apenas recibió autorización para exportar 30 unidades de un cupo de 600 unidades que pidió a principios de año. De todas formas, esta armadora no ha exportado ninguna unidad en 2012, aclaró Cattaneo.
La industria gráfica uruguaya también sufrió un duro revés en 2012 con prácticamente una paralización de las ventas a la vecina orilla. Un empresario del sector, que prefirió el anonimato, comentó a El Observador que las imprentas Pressur, Zonalibro e Impresora Sudamericana directamente dejaron de colocar sus libros en Argentina.
Las firmas uruguayas eran las responsables del 8% del mercado de libros argentino. No obstante, más del 80% de los libros que se comercializan en Uruguay provienen de imprentas argentinas, criticó el empresario. Dijo que actualmente varias firmas del vecino del Plata están colocando libros en Uruguay con precios por debajo del costo de producción porque “necesitan los dólares” para importar. “Me extraña que el gobierno no tome medidas el respecto”, rechazó.
Por otro lado, una de las ramas que ha acaparado mayor atención y preocupación del gobierno para agilizar sus ventas ha sido la vestimenta. Se trata de un sector que tiene dificultadles para buscar otros mercados alternativos, y que registra una alta ocupación de mano de obra. La empresa Carlos Rother fue una de las que debió reestructura su negocio y reducir su actividad por la pérdida de este mercado.
El titular de Cámara de la Vestimenta, Elbio Fuscaldo, dijo a El Observador que a Argentina se vende con “inseguridad” y “cada vez menos”. Agregó que varios empresarios están analizando “qué van hacer” con sus fábricas en un futuro, aunque aún no se produjo ningún cierre como consecuencia exclusiva de las trabas argentinas.
A juicio Fuscaldo el gobierno tiene un “déficit” en la definición de políticas micro. “Si hay proteccionismo en el mundo, tan malo no debe ser; no sólo Argentina lo aplica, Brasil también lo hace. Acá está estigmatizado”, afirmó.
En tanto, otro rubro como los alimentos sufrió las consecuencias sobre mediados del año pasado cuando fue el centro de persecución del polémico secretario de Comercio Interior de Argentina, Guillermo Moreno. Eso llevó a que a compañías locales como Monte Cudine (sopas) y El Trigal (galletitas) a abandonar el mercado vecino. Por su parte, la empresa de neumáticos recauchutados Serisur y la de cerámicas Metzen & Sena fueron otras de las “víctimas” del proteccionismo argentino.
Por último, la fabricante de plásticos Laja se convirtió en la primera empresa que se presentó a concurso de acreedores, al declarase insolvente con pasivo de $ 600 millones (unos US$ 28 millones) por las trabas argentinas, según consignó El País.