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27 de enero 2023 - 5:01hs

Cincuenta y cincuenta: el arte y la popularidad. La calidad de la obra y el reconocimiento. El trabajo y el disfrute. Bien y mal. Mateo Palacios y Trueno. El rapero argentino es a los 20 años uno de los artistas más populares –en todo sentido– en emerger de la efervescente y cada vez más internacional escena del hip hop de su país.

Con su segundo disco, Bien o mal, a cuestas, el músico viene de recorrer escenarios de distintas partes del mundo y de llenar tres Luna Park en Buenos Aires. Este 2 de febrero empezará un nuevo tramo de la gira de presentación del álbum con una actuación en Atlántida, como parte del festival Canelones suena bien, junto a los locatarios Clipper y Peke 77.

Bien o mal es tanto un disco de celebración como de protesta. Un disco que mira tanto al pasado como al futuro. A lo argentino y a lo latinoamericano como al rap estadounidense del que todo desciende. Que junta referencias a Illya Kuryaki and the Valderramas, con guiños a N.W.A, a La Mona Jiménez y al candombe y la murga uruguayas en Tierra Zanta, una canción en la participan los folcloristas La Charo y Víctor Heredia en la que, ya sea con menciones en la letra o con la presencia de ritmos típicos, Trueno buscó representar a su zona del mundo.

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La conexión con Uruguay va más allá de lo musical en el caso de Trueno: se extiende también a la sangre. Su abuelo es el músico Yamandú Palacios, referente del canto popular, Autor de canciones como Los boliches y Coplas al compadre Juan Miguel y acompañante de su amigo Alfredo Zitarrosa como guitarrista. Su padre, nacido en Uruguay pero exiliado junto a su familia en la dictadura, es el rapero Pedro “Peligro” Palacios, pionero del rap en Argentina.

La música y el arte, entonces, son herencias familiares y mundos casi ineludibles para Trueno, que a sus 20 años tiene claro que la música para él es una necesidad, pero también que con su obra puede ser la voz de los que no la tienen. La voz de una generación, de una tierra, de una región. Una mochila que no le pesa y que porta con orgullo.

En la previa a su show en Atlántida, el rapero del barrio de La Boca dialogó con El Observador. Este es un resumen de esa conversación:

Tu abuelo era músico, tu padre lo es, él y tu madre se conocieron haciendo teatro. Con el arte tan presente en tu vida, ¿alguna vez te planteaste dedicarte a otra cosa que no fuera ser músico?

De guachín, como todos los pibitos, quería jugar en Boca (risas). Hice taekwondo, karate, tuve muchos sueños, pero siempre el hip hop estuvo ahí. Pasa que nunca me lo había planteado como un trabajo, era algo que hacía para desconectarme, y también porque realmente me movilizaba, ya fuera batallar, improvisar, escribir, escuchar, bailar. Me copé con todo menos con ser DJ, que es lo que más me cuesta porque soy malísimo con la tecnología. Después hice de todo: bailé, beatbox, MC, corista de mi padre cuando tenía su banda. Era algo que no lo pensaba desde lo lucrativo, porque no era una posibilidad en ese momento, el hip hop no era una salida económica fiable; hoy por suerte los artistas podemos vivir de esto por todo el trabajo que hicimos en todos esos años. Pero siempre la música va a estar presente en mi vida, no como algo que es un trabajo o una profesión, sino como una movilización de lo que a uno le pasa y necesita expulsar por ese lado. 

Hay algo en Bien o Mal que es que se cruzan la celebración de lo propio (la música, la cultura, el barrio) con la denuncia y la crítica. ¿Cómo te planteaste hablar de esa dualidad?

La maduración personal se basa en entender y agradecer a tu entorno y a tu familia. Uno se va dando cuenta de que no está solo en este mundo, que si abrís un poquitito los ojos y mirás más allá de tu cuadra y de tu manzana, tenés una comunidad, una familia. Y si te vas a otro lugar del mundo sabés que hay gente que viene del mismo lugar del mundo que vos, y que realmente somos una familia, y eso uno lo tiene que defender, eso se tiene que mantener en pie. Me di cuenta de eso por los viajes que hicimos, los países que conocimos, encontrarme con mis compatriotas, que es algo que antes no me había pasado, porque no había salido del país. Desde ese conocimiento y esa maduración creció un montón mi orgullo y el agradecimiento a la parte del mundo en la que me tocó nacer y vivir, y creo que estamos todos orgullosos de ella y no la cambiamos por nada. Así que lo mínimo que podía hacer era representarlo en la música.

El rapero publicó su segundo disco, Bien o Mal, en 2022

En la canción Dance Crip decís que sos “la cara de los jóvenes del país”. ¿Cómo es pararse desde ese lugar y reivindicar ser un artista popular?

Creo que es un 50% y 50%. Yo lo divido en dos partes iguales, el arte y el reconocimiento, la obra y la popularidad. Hay algo de eso que es el recibimiento de la gente, la expansión de las canciones, las reproducciones, los números, que queda totalmente en manos del público. La gente te elige o no te elige, yo podría haber sacado toda esa música y que no la escuchara nadie. A mí por suerte también me tocó una etapa del hip hop en Argentina en la que se llegó al respeto y a la admiración que siempre quisimos que tenga, por el nivel que hay y por el trabajo que hubo para que esto sea un verdadero movimiento. Para que nos vean como nos tienen que ver. Yo hago las canciones sin pensar, uno nunca puede descifrar cómo la gente se lo va a tomar, si le va a gustar o no, mis canciones son una catarsis que necesito hacer, y todo lo que pasa, cada show que llenamos para mí es una sorpresa y un agradecimiento grande porque uno nunca sabe.

¿Desde qué lugar componés?

Desde el primer tema que saqué hasta el último lo hice porque lo necesitaba, porque la música es algo que no puedo dejar de hacer, es lo que me moviliza, es mi propósito en este mundo. Y que la gente de mi barrio me diga que habla mediante mi música, que la gente que no tiene una oportunidad, un micrófono o una cámara piensa igual que yo y siente que está hablando también cuando hablo, es un agradecimiento y reconocimiento que es una caricia al alma, es increíble poder decir "no estoy solo, somos un movimiento", y poder ser la cara o la voz de un montón de gente que no puede hablar o que no tiene los medios para hacerlo me parece el éxito más contundente que se puede tener como artista, como músico. 

¿Cómo te llevás con el éxito y la popularidad, hay alguien o algo que te ayuda a tener los pies sobre la tierra?

Es difícil de explicar. Siento que los pies sobre la tierra los voy a tener siempre, porque es lo que me toca, y yo me muevo con mi gente. Mis amigos trabajan conmigo, mi familia trabaja conmigo, todo lo soñamos juntos y todo lo disfrutamos juntos, como tiene que ser. Y todo lo demás no me distrae, no me satisface ninguna de las otras cosas que te puede traer el reconocimiento, o ser artista. Lo único que disfrutamos es poder conocer el mundo, llevar nuestro mensaje a diferentes fronteras y representar al país en todo el mundo. Esa es la única misión: llevar al rap argentino lo más alto que se pueda, no hay otro camino. No hay otro éxito ni otra cima. 

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