20 de diciembre de 2015 5:00 hs


La historia que tenía para contar estaba clara. Ni siquiera necesitaba de una construcción muy elaborada. Era el cambio. Era la esperanza de transformar muchas cosas para que el país saliera de la crisis más profunda que le había tocado vivir.

En 2005 Tabaré Vázquez llegaba por primera vez al gobierno con un plan muy consolidado y claro. Había reformas previstas. Había un rumbo trazado, al que luego le agregó algunas cosas sobre la marcha. Los resultados fueron buenos. Cumplió el objetivo de las transformaciones y a nivel comunicacional también pasó con nota, al lograr índices de aprobación muy altos. Logró convertirse en un "mito de gobierno", como llaman los expertos en comunicación política a las gestiones que tienen un buen relato construido y luego aplicado.

Su predecesor, José Mujica, también logró construir un muy buen relato. La comunicación es una de sus grandes virtudes como político y tras cinco años en los que dejó muy pocas cosas concretas para el país (aunque sí muchos cambios culturales de discutible valoración), también se fue por la puerta grande en popularidad. Su relato previo era que los pobres pueden llegar al poder y realizar cambios pensando en ellos. El buen estado de la economía y los avances sociales le permitieron consolidar ese relato durante su gestión.

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¿Pero cuál es el relato del tercer gobierno del Frente Amplio? Pasaron 10 años desde ese 2005 en el que llegaron por primera vez al gobierno y por más que uno se esfuerce en buscarlo, no aparece. Ya en la campaña electoral del 2014 el Frente Amplio sufrió ese tema. Tuvo que cambiar el slogan "vamos bien" por el "Uruguay no se detiene". En ningún caso logró contar, desde la comunicación, una historia atrapante sobre el rumbo que le daría al país.

¿Problemas de comunicación, o problemas políticos?
Cuando un gobierno va mal, muchas veces se escucha el argumento de que no son problemas de gestión, sino de comunicación. "Gobierno bien pero comunico mal", es el título de un artículo de Mario Riorda, un politólogo argentino experto en comunicación gubernamental, que afirma que "cuando se dice que se gobierna bien pero se comunica mal, se dice una mentira".

"La comunicación política tiene un objetivo: generar consenso. Si la comunicación política no actúa bien, no hay consenso y si no hay consenso, no hay buena gestión", escribió Riorda en ese mismo artículo. Y es bueno mirar al gobierno de Vázquez bajo esa mirada. La ausencia de relato no es un problema de comunicación. O al menos no lo es exclusivamente. Es sobre todo un drama político.

Que el presidente y sus ministros no hayan logrado marcar la agenda durante todo el primer año de gestión es un asunto político. Se pasaron desde marzo –o incluso antes– intentando atajar penales. Muchos de ellos incluso se transformaron en goles en contra.

Cuanto intentaron poner asuntos en la agenda mediática, algunos se volvieron un boomerang, como en la educación por ejemplo. De hecho, es difícil encontrar una semana del 2015 en la que los medios, el gobierno, los políticos, los sindicalistas y las autoridades se hayan pasado discutiendo una propuesta o iniciativa del Poder Ejecutivo. La mayor parte del tiempo los gobernantes bailaron con la música puesta por otros y eso difícilmente los ayudó a marcar un rumbo de la gestión.

Los otros factores
El año político que termina también tuvo otros factores que no colaboraron a que el gobierno saliera de esa situación política compleja.

Por un lado, la ausencia casi constante de Vázquez. No solo en los medios. Un presidente puede decidir no aparecer todos los días en la televisión pero puede enviar señales políticas por otras vías, o tener contactos fluidos con voceros y actores políticos importantes. El presidente eligió otro camino.

Es cierto que en su primer gobierno no fue muy diferente. Vázquez está aplicando para esta gestión muchas recetas que le salieron bien hace 10 años. Pero las realidades cambian y al aplicar los mismos procesos a contextos diferentes, es probable que produzcan resultados distintos. Tanto en la comunicación como en la política.

¿Esta situación es responsabilidad solamente del presidente? No. Principalmente sí, pero no solo. También del Frente Amplio. Su partido político y especialmente algunos sectores más volcados a la izquierda se la están haciendo difícil. En el Parlamento y en el plano sindical. Y el expresidente Mujica también le está complicando el escenario.

Es por eso que algunos expertos en el análisis político como Luis Eduardo González o Ignacio Zuasnabar señalaron meses atrás que lo que está sufriendo el gobierno es una tormenta perfecta, en la que se suman problemas internos de la gestión de gobierno con factores de su relacionamiento con la fuerza política.

Para cambiar el rumbo de un año magro, el gobierno no solo deberá cambiar la comunicación (algo que el presidente ya empezó a hacer sobre el final del año con más apariciones públicas), sino sobre todo utilizarla para generar esos consensos políticos de los que hablaba Riorda. Y para motivar, convencer y acordar, Vázquez necesita clarificar el relato de qué país quiere.

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