6 de mayo de 2011 19:12 hs

En Caudillos, último libro del historiador y periodista Lincoln Maiztegui Casas publicado por la editorial Planeta y presentado esta semana, la polémica se instala desde antes de empezar.

Ya en la primera oración del prólogo se lee: “Escribir este libro sobre caudillos (…) presenta un problema de arranque. Definir qué debe entenderse por un ‘caudillo’”.


Los caudillos han pululado lo largo de la historia política y militar del territorio que se denominó primero como Banda Oriental, luego la Provincia Oriental, luego la Cisplatina y finalmente la República Oriental del Uruguay. El lector uruguayo sabe a qué se refiere el término –los caudillos son personajes militares y también civiles, de profundo arrastre popular–, y la definición de la Real Academia Española no satisface las intenciones de Maiztegui.

Más noticias

El autor pone un ejemplo incontrastable. “Nadie duda de que Fructuoso Rivera fue un caudillo”, escribe. Pero enseguida, luego de hacer un repaso somero de algunos episodios de la agitada vida del fundador del Partido Colorado, Maiztegui pone la sombra de la duda: “Pero, ¿cuántos Rivera existen en la historia nacional? Tal vez ninguno”.


El plan del libro es realizar una “sinopsis biográfica de 40 caudillos orientales de todos los tiempos”. En este tomo se incluye los 20 primeros elegidos. Y basta repasar el índice para que la polémica vuelva a apoderarse de los lectores.

Hay algunos nombres obvios (Rivera, Lavalleja, Venancio Flores, Timoteo Aparicio) pero rápidamente llegan las sorpresas. El primero de la lista, por ejemplo, no es oriental, sino español: Francisco Javier de Elío, gobernador de Montevideo entre 1808 y 1811.

“Elío fue el primer héroe popular que tuvimos”, argumenta Maiztegui en diálogo con El Observador.
También está el marino irlandés Guillermo Brown, Anacleto Medina, Gregorio “Goyo” Suárez, Pablo Galarza y Basilisio Saravia. Luego aparece los dos únicos caudillos civiles del volumen: Emilio Frugoni y José Batlle y Ordóñez.


Otros caudillos reseñados son Eduardo Acevedo Díaz, Justino Muniz, Basilio Muñoz, Pablo Galarza, Bernabé Rivera y la única mujer considerada como tal en este primer tomo, Josefa Oribe de Contucci.

Para rematar este primer tomo concluye con otro hombre polémico que todavía divide aguas: el ex presidente Jorge Pacheco Areco. “La inclusión de Pacheco Areco seguramente sorprenderá a muchos y molestará a algunos”, escribe Maiztegui. Pero no hay complejos ni disculpas en la prosa de Maiztegui, sino una visión sincera y abierta a la crítica.


“¿Cabe considerar a todos ellos como caudillos?”, se pregunta el autor. “No hay una respuesta absoluta. Transemos en que ejercieron todos una autoridad derivada esencialmente de sus atributos personales”, se responde.


“Durante mucho tiempo los doctores criticaron a los caudillos como causa de la ruina del país. Pero ellos (los doctores) solo representaban otro tipo de caudillismo. Unos y otros manejaban a la gente”, dice el autor, quien si bien colocó una sola mujer en la nómina reconoce que fueron “importantísimas”.


Un narrador nato
Si el contenido genera el atractivo del punzón desafiante de la elección de los caudillos, no es menor la forma en que están escritos cada uno de los capítulos. Existe en cada uno de ellos un sentido narrativo preciso y medido, siempre valorando el peso de una anécdota que pinte al personaje mejor que la explicación sesuda. Cada capítulo es un retrato –en el sentido literario del término– del personaje histórico en cuestión y la experiencia de Maiztegui sabe cómo hacerlo bien.


Ya los cinco tomos de la colección Orientales, también editada por Planeta, prefiguraban este estilo narrado, que si bien sigue un orden cronológico también se saltea etapas y elude la minucia injustificada, usando por momentos recursos literarios y hasta cinematográficos en pos de hacer más interesante la prosa.


Bienvenida la polémica
En un país de escaso debate de ideas y de escuálidas discusiones intelectuales es muy bienvenida la polémica histórica. La obsesión de nuestra liturgia por los números redondos hacen de este año del Bicentenario una fecha especial para estas discusiones. La lista que eligió Maiztegui conforma un hermoso entrevero de lanzas y oradores. Además, en el mismo prólogo se esboza que en un próximo segundo tomo habrá figuras como Luis Alberto de Herrera y Wilson Ferreira Aldunate.


La gran base de estas biografías fueron los artículos escritos para la sección “Recortes de historia” del diario El Observador, que aparecieron desde 2000 hasta ahora.
El mejor consejo para el lector de este libro es que se busque un par de amigos, encuentren un buen café, abran las páginas, lean algún párrafo y se adentren en el debate de ese fabuloso universo que es la historia nacional.

Textual

Francisco de Elío. “El vehemente patriota español, fernandista apasionado, el rígido militar capaz de expulsar a golpes a su enviado, se había convertido en el caudillo de la ciudad que con tanta hostilidad lo había recibido, y en presidente de la primera Junta autónoma de Montevideo”. (pág. 34)

Timoteo Aparicio. “En abril de 1872 se llegó al acuerdo de paz que establecía la coparticipación en el poder. Sin el coraje y el patriotismo del general Aparicio, la historia del país hubiera sido mucho más difícil y violenta, y el Partido Nacional posiblemente hubiera desaparecido”. (pág. 175)

Emilio Frugoni. “El mandatario continuó con la ceremonia que incluía el juramento de rigor: “Yo, Gabriel Terra, juro por mi honor…”. Y en ese momento la augusta sala volvió a temblar: ‘¡Ese juramento no tiene valor, porque este hombre ha demostrado que no cumple lo que jura!’”. (pág. 257)

Jorge Pacheco Areco. ”Hay una cosa innegable, porque lo dicen las cifras: terminó sus tres años y poco de Presidencia con la popularidad que pocos gobernantes hayan conocido y aunque fracasó en su intento de ser relecto, ganó las elecciones de 1971.” (pág. 306)

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos