19 de marzo de 2020 15:00 hs

Como sucedió en 2001, un virus paraliza al mercado ganadero en Uruguay y –colateralmente– golpea a la lechería. No se trata de la fiebre aftosa, como entonces, sino del nuevo coronavirus (Covid-19), lo que hace que varias cosas sean diferentes. Por un lado, no se trata de un problema que cuestione la calidad de la carne uruguaya, pero sí plantea una situación inédita, justamente por lo global.

Los restaurantes del mundo están cerrados y no puede saberse por cuánto tiempo. Lo mismo pasa con los hoteles. Ambos son destinos principales de la carne que Uruguay exporta. Pero la incertidumbre es similar: la industria ha dejado de pasar precios, es decir se embarcan los negocios ya pactados, pero no se sabe cómo pueden seguir, ni cuando pueden volver a darse cotizaciones.

El presidente de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF), Daniel Belerati, dijo en el programa Tiempo de Cambio de radio Rural que pueden pasar semanas antes de que la comercialización se reinicie, pero ni siquiera eso puede asegurarse. “No quiero talentear”, explicó.

“Realmente lo que ha pasado en la semana pasada termina volcando la balanza a que esto es más grave que en 2001, nunca compradores europeos con quienes tenemos relaciones comerciales desde hace decenas de años nos habían planteado, como en la semana pasada, que se les liberara la mercadería que va navegando, hay licencias GATT embarcadas, Hilton y 481 embarcado”, dijo.

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Eso es levantar la mercadería de puertos, pero no pagar, explicó, dado que no hay funcionamiento de restaurantes u otros servicios de comidas afuera de casa, que es el destino del 90% del destino de la carne uruguaya enfriada que tiene una vida útil de 90 días y que va a una rápida distribución.

“Nunca había pasado algo así. Unos piden retirar la mercadería sin pagar, otros piden postergar los envíos”, lamentó Belerati.

La esperanza china

La esperanza es China, admitió, “que recién está empezando a mostrar que va a comprar”, aunque “en este momento está en un 25% de lo que compraba antes”. 

Todo esto implica que la faena en el segundo trimestre caerá todavía más que en el primero y que el entore del próximo verano será todavía más numeroso.

Pero en el corto plazo y en lo que queda de este año la actividad de la industria cárnica tendrá una caída muy importante.

De todos modos, no pareciera comparable en volumen al derrumbe cuando hubo fiebre aftosa en el país. En aquel entonces la faena de mayo de 2001 no llegó a 30 mil vacunos desde más de 150 mil en abril. No pasará eso esta vez. Pero la actividad de la industria ya venía bajando de 2,3 millones a 2,1 millones en períodos de 12 meses. Caerá por debajo de los 2 millones anualizados en el próximo trimestre.

La clave está en que China pueda recuperarse a tiempo como para sostener a la cadena funcionando. De acuerdo a Belerati, la exportación a China está en 25% de lo normal, como se adelantó, pero parece ir levantando.

La gente ha vuelto a trabajar en China y están abriendo los restaurantes, explicó por su parte Daniel Castiglioni, director de la empresa Castitrading, que coloca carne uruguaya en ese mercado.

En lo que va de este mes, las exportaciones destinadas a China son la mitad de las de la primera mitad de marzo del año pasado en volumen. Igual sigue siendo el principal destino.

El arroz, es otra historia

La carne de Uruguay es un producto de lujo, central en restaurantes y hoteles y, por lo tanto, es un alimento prescindible en una situación excepcional, como la actual. Lo opuesto pasa con el arroz, que luego de varios años malos puede tener una mejora de precios, porque el consumo sube con las cuarentenas. Paradoja inversa de un producto básico de quien obligadamente debe cocinar en su hogar.

No solo se dispararon las ventas de arroz en el mercado local, sino que a nivel global las góndolas de los supermercados se han visto vaciadas del cereal y el precio en Tailandia se dispara, lo que puede ser una ayuda totalmente inesperada para la cosecha arrocera que está en sus comienzos en Uruguay.

Los precios del arroz de Tailandia subierón 7% la semana pasada y los exportadores encuentran dificultades para abasatecerse y cumplir los compromisos pactados, explica el reporte semanal del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés).

El grano de referencia para Uruguay alcanzó los US$ 470 a US$ 495 por tonelada el 12 de marzo, el nivel más alto desde agosto de 2013, un aumento de US$ 10 a US$ 28 por tonelada y de US$ 460 a US$ 467 en la semana pasada.

La prisa de los consumidores para abastecerse de artículos básicos empieza a ser un factor a considerar y posiblemente también esté sosteniendo al trigo. Desde el jueves, la demanda de supermercados de Brasil por  arroz y porotos ha aumentado en un 50%, según dijo Renato Franzner, presidente de Urbano Alimentos, al sitio Planeta Arroz.

“El aumento de la demanda comenzó a venir de San Pablo y Río de Janeiro a finales de la semana pasada y ahora vemos mayores pedidos en todo el país”, dijo el ejecutivo. Como resultado, Urbano Alimentos, que ya trabaja en tres turnos, aumentó la producción del 70% a 100% de la capacidad instalada.

“Aun así, nos llevará entre 30 y 40 días encontrarnos con el abasto a los pedidos actuales”, se indicó.

Tener sistemas integrados permite compensar vaivenes y dar seguridad alimentaria, además de mantener sectores económicos en funcionamiento, cuya demanda no cesa ni aún en las peores catástrofes, como la que estamos viviendo.

Si la tendencia se afianza, volverá a haber al menos una comercialización que permita a los productores vender. En la crisis de Lehman Brother, entre setiembre de 2008 y enero de 2009, los precios cayeron a la mitad, de dos a un dólar por kilo vivo. También desde un precio récord en aquel entonces a uno muy bajo. En aquel entonces, considerando precios por kilo de carcasa, el descenso fue de US$ 3,60 a US$ 1,95 en su momento de máxima incertidumbre para ir gradualmente recuperando y retomar la normalidad un año después.

Esta es una situación comparable, pero diferente por dos razones. Por un lado este es un fenómeno biológico y no financiero, y es difícil proyectar cuándo se volverá  a la normalidad. Por otro lado, en aquel entonces no estaba China como comprador, que en esta crisis pasa a ser la gran esperanza para una normalización.

El precio del novillo gordo –que alcanzó un récord de US$ 4,40 en noviembre– fue durante esta semana de US$ 3 y en algunos casos fue US$ 3,20 por kilo.

Pero como coinciden todos los exportadores, “China está un poquitito mejor cada semana”.

Ahí está la esperanza de que el agro, como en toda crisis, vaya poniendo al conjunto de la economía a funcionar de nuevo en el mediano plazo. Con China andando y la gente manteniendo lo básico del alimento, los precios del agro serán un termómetro más de la gradual recuperación de la economía global. El pánico impulsando al trigo y al arroz, y la carne mostrando el regreso gradual a la vida social.

Oli SCARFF / AFP

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