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Una semana de silencio de Bonomi tras fuga de Morabito

El Ministerio del Interior sigue sin dar explicaciones públicas

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29 de junio de 2019 a las 05:00

Era domingo de noche. El mafioso italiano Rocco Morabito, uno de los delincuentes más peligrosos del mundo, junto con otros tres reclusos –que como él esperaban ser extraditados para enfrentar juicios en otros países– escaparon de la Cárcel Central como perico por su casa. Burlaron todas las medidas de seguridad y las cámaras del centro penitenciario no estaban en funcionamiento en el momento de la huida. 

El plan de escape ya había sido advertido por inteligencia carcelaria en junio de 2018 pero ni el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR)  ni la Policía Nacional supieron cómo contrarrestarlo. Tampoco dieron respuesta a los constantes reclamos de Mary González, directora del Cárcel Central, que desde hacía un año y medio denunciaba los bajos controles de seguridad que había en la cárcel céntrica y  reclamaba que Morabito fuera a otro lugar.

Pero a casi una semana del hecho, las autoridades del Ministerio del Interior no hicieron declaraciones públicas, ni aún luego de que el vicepresidente de Italia, Mateo Salvini, pidiera “explicaciones inmediatas al gobierno de Uruguay” por la fuga “desconcertante”.

La respuesta del ministro Eduardo Bonomi fue correr. Los periodistas lo esperaban el martes  de tarde en la puerta de la Suprema Corte de Justicia –adonde el jerarca había ido a reunirse por otro tema– pero él salió por una puerta lateral, lo que no impidió que los reporteros se dieran cuenta y alcanzaran a hacerle preguntas. Bonomi no emitió palabra: se subió a su auto y se fue. 

Las primeras cartas en el asunto se habían tomado ese mismo martes, más de 24 horas después de la fuga. Por medio de un comunicado, la cartera de seguridad informó sobre las 15 horas que aceptaban la renuncia del director del sistema carcelario, Alberto Gadea, y que se iniciaban a partir de ese momento una serie sumarios para cerca de 20 funcionarios.

Tres horas antes, el subsecretario del Interior, Jorge Vázquez, había dicho en una reunión con Bonomi y otros jerarcas policiales en la que se trató el asunto que suponía que algunos funcionarios tenían que haberse corrompido. “Los tipos que se escapan no son adivinos. Alguien tiene que haber contado por dónde ir... Eso no se arregla de un día para el otro”, comentó el jerarca, según supo El Observador, y agregó que no tenía dudas de que “el núcleo de quien arregló estas cosas está ahí adentro”.

En lugar de Gadea asumió Ana Juanche, una jerarca que ocupaba un cargo de confianza del ministro y quien se desempeñaba como subdirectora técnica del organismo: era la segunda al mando del INR. 

Juanche, hasta entonces, se había desligado de toda responsabilidad. La única vez que aceptó dialogar con El Observador en la semana fue horas antes de que Gadea dejara su puesto. En la mañana del martes, aseguró que estaba al margen de lo ocurrido y que la fuga no era un asunto de su área. 

“No es mi tema, no estoy enterada, no soy vocera, no estuve en las reuniones, así que no puedo informar, porque no tengo información”, declaró. Pero según dijo Mary González a El Observador, de Juanche dependía todo lo que ocurría en Cárcel Central, y por la jerarca también pasaron todos los reclamos sobre los bajos niveles de seguridad del centro penitenciario.

Ante el aviso de que Morabito planificaba escaparse de una forma muy similar a como terminó ocurriendo, González había pedido en octubre de 2018 a las autoridades que el reo fuera trasladado a la Guardia Republicana, la única dependencia sin ser Cárcel Central que la ley permite para los  considerados presos administrativos. Pero el 7 de mayo el director nacional de la Policía, Mario Layera, le contestó en una carta que eso no iba a ser posible, porque allí se alojaba narcotraficante mexicano Gerardo González Valencia –apodado El Cuini– y que juntara ambos podía ser peligroso.

“Y el 18 de diciembre esa solicitud pasó por Juanche”, dijo González.

Fuentes del INR dijeron que Juanche era afín al Movimiento de Participación Popular (MPP), al que pertenece Bonomi. Consultada sobre si esa cercanía jugó a favor de la nueva jerarca del sistema carcelario, González dijo: “Dos más dos es cuatro, es lo que cualquiera interpretaría... ¿Por qué a algunos los remueven y a otros los promueven?”.

La huida y el bajo control

Morabito, junto con Matías Sebastián Acosta González, que esperaba su extradición a Brasil, y Bruno Ezequiel Díaz, detenido a pedido de Argentina por un delito de homicidio, se escaparon por la azotea, entraron a un apartamento en el quinto piso de un edificio pegado a la cárcel céntrica, robaron $ 3.000 de la dueña de casa y se fueron. 

El restante Leandro Abel Sinopoli Azcoaga –que fue detenido el miércoles en Salto cuando pretendía huir a Brasil–, hizo algo más descarado todavía: salió por una puerta lateral de la entrada de la Jefatura de Policía de Montevideo, que da a la calle Yi, y que también está al lado de la cárcel. 
Las autoridades recién reaccionaron sobre las siete de la mañana del lunes cuando descubrieron la fuga. Una fuente de Interpol dijo a El Observador que, de acuerdo a las imágenes tomadas por cámaras de la vía pública, Morabito y los que estaban con él huyeron en un auto rumbo a la Costa de Oro. Nada más se supo hasta el momento.

La directora González denunció en varios medios este jueves los escasos recursos que había en Cárcel Central para custodiar a presos tan peligrosos como Morabito. 
“El edificio es viejo, empleando un poco de fuerza en las ventanas que dan acceso a la terraza se abren”, dijo la jerarca en entrevista con el programa Así Nos Va de Radio Carve

Ante la consulta de El Observador, González contó que Morabito ya había llevado a la práctica en más de una oportunidad su plan de fuga. Y  lo había hecho por última vez el 25 de mayo, cuando encontraron rota la reja que daba a la azote y una “cuerda de nailon colgada de conductos de aire”.  En la cárcel, además, había solo cinco funcionarios para velar por la seguridad de todos los internos. “Yo informé que Morabito me estaba complicando la vida y nadie me dio pelota”, concluyó la jerarca.

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