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Uruguay: las lágrimas de hoy, las sonrisas de mañana

Los jugadores se fueron del Mundial llorando y dejando claro que hay futuro para lo que viene

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07 de julio de 2018 a las 05:00

El niño, enfundado en su camisetita celeste, llora. No tiene consuelo. La madre lo arropa. "Perdón... perdón", se lee claramente en los labios de Fernando Muslera que, desde la cancha, parece responderle al chiquilín. La pelota le jugó una mala pasada y se le fue como agua entre las manos. Francia encarrilaba su sueño.

El juego sigue su curso. Minutos finales. El mundo mira atónito. Josema llora emocionado en pleno partido. Es increíble. Nunca pasó ver a un jugador llorar cinco minutos de corrido antes del final del encuentro.

Los uruguayos tiran el penúltimo centro y van con lo único que tienen: orgullo y vergüenza. Futbolísticamente el equipo pudo hacer poco ante un rival que fue superior.

Esta vez no hay milagro. Los uruguayos no pueden sacudir la lógica y se van del Mundial. En la cancha se ve el llanto de Torreira llevando su mano a la cabeza. El abrazo de Sebastián Coates. La impotencia de Cavani que se funde en un abrazo con su compinche Suárez al que intenta consolar. Y la imagen vuelve a Giménez. Llora como el niño en la tribuna. Y al margen del impacto que genera la eliminación el elevar la vista permite decir que hay mañana. ¿Motivos? Estos jugadores quieren la camiseta. Torreira se negó a someterse a un examen médico para fichar por Arsenal de Inglaterra que pagará una suma millonaria por su pase. Puso en riesgo su futuro económico por pensar en la selección y no en un pase.

El gesto de la gente

De manera espontánea, cuando la eliminación no tenía vueltas, la gente se paró de sus asientos, se sacó la remera y la revoleó para expresa su sentimiento.

El equipo se fue aplaudido. Vencido por el vicecampeón de Europa. Atrás quedó una primera ronda floja en los dos primeros partidos y el golpe al local Rusia. Y luego el triunfo que repercutió en el mundo mandando a Cristiano Ronaldo de vacaciones.

Y llegó Francia. Con Cavani descartado, Suárez quedó colgado arriba y nada pudo hacer. Se terminó el sueño. Cuando los jugadores volvieron al vestuario el técnico solo dijo una cosa: "La mirada bien alta".

El final

A esta hora nadie repara en los detalles. Lo único que queda es el resultado final. Pero hay que decir que Uruguay no miró rivales. Fue por el camino más complejo. Como pocas veces este Mundial quedó dividido en dos caminos diametralmente opuestos. Pero no midió consecuencias. Fue a ganar siempre. Sin especular.

Uruguay termina quinto en el mundial. Parece mentira pero esta historia arrancó hace cuatro años, con los temores propios de no poder contar con Suárez y Cavani que estaban suspendidos.

El trayecto por las eliminatorias tuvo idas y vueltas, como la vida misma. Un equipo que superó adversidades y que se sumergió en sus propias dudas. Hasta llegar a la alegría de la clasificación. Alimentar un sueño en el Mundial. Ilusionar a la gente. Y la triste despedida.

¿Y mañana qué?

Es la interrogante. El técnico culminó su contrato. En manos de los dirigentes está el futuro de la conducción de la selección. Los jugadores se manifestaron. Futbolísticamente queda una base. La semilla plantada. Se produjo un recambio, se avizora otro. La inmensa mayoría de los uruguayos se pregunta qué va a pasar con Suárez y Cavani que por cuestiones de edad lentamente van a ir dando paso a las nuevas generaciones.

Está claro que van a jugar las próximas eliminatorias, como lo hizo Forlán cuando fue el mejor en 2010, brindando después su calidad en la eliminatoria de 2014 y apagando su estrella en el Mundial.

A la gente le quedó claro el sentimiento del final. No es un detalle menor. Antes era habitual que la selección se fuera de un torneo envuelta en un lío, ya sea entre jugadores, con el técnico, o con la prensa. Ya no. Se fueron llorando como los de la tribuna, como los millones que siguieron por televisión el sueño desde Uruguay.

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