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16 de septiembre 2023 - 5:01hs

Las teorías más locas comenzaron a tener un atisbo de verosimilitud. Principalmente, por la imposibilidad de descartarlas. Que se trataba de una espía rusa, que en realidad trabajaba en secreto para ese gobierno y ahora estaba disfrutando sus días en el iglú más cómodo de Siberia. Lo cierto es que, cuando el caso de la expedición de pasaportes irregulares en el Consulado uruguayo en Rusia ocupaba las tapas de los diarios, muchos de los funcionarios uruguayos que habían pasado por ese destino se dieron cuenta de que no conocían a Victoria Rodríguez.

La contratada local, de origen ruso español, fue apartada de sus funciones en diciembre de 2022, pero fue ella quien golpeó la puerta del consulado el 6 de marzo de 2023 de forma intempestiva y pese a las insistencias de la Cancillería para que se presentara a declarar en las investigaciones administrativas, nunca apareció. En un momento, atendió uno de los insistentes llamados y vehementemente les advirtió que dejaran de perseguirla, porque iba a cambiar de teléfono, reconstruyó El Observador.

Al ser funcionaria local, su contrato se rige por las normas laborales locales y no está forzada a declarar en la investigación. En enero de este año, el semanario Búsqueda informó que la investigación administrativa recomendó iniciarle un sumario a Rodríguez y a los dos cónsules imputados por la maniobra, Stéfano Di Conza y Gustavo Piegas.

Así, Fiscalía y la Cancillería pusieron la mira en esta mujer a la que los cónsules aseguran que le tenían confianza plena y que era la encargada, entre varias otras cosas, de controlar las traducciones de las partidas de nacimiento. 

Pero ahora, con el diario del lunes, el Ministerio de Relaciones Exteriores cuenta con poca información sobre ella y a su alrededor se tejen todo tipo de versiones. La primera es sobre su origen, del que hay versiones cruzadas. Mientras que algunos afirman que se trata de una ciudadana rusa natural, hija de españoles que fueron hacia allí exiliados por la Guerra Civil, fuentes consultadas por El Observador indicaron que Rodríguez les contó que había quedado huérfana en España cuando era niña y que, captada de una forma poco clara, había llegado a Rusia, donde se crió. 

Capturas de imágenes tomadas por Agencia EFE A la derecha, Victoria Rodríguez en la visita del presidente Vázquez a Moscú en 2017

Antes de trabajar en el consulado, donde se desempeñó por más de 15 años, fue secretaria y traductora de la Oficina Comercial de Cuba en Rusia y también de la Embajada de Nicaragua. Entró con cargo de secretaria a la Embajada uruguaya en Moscú en 2007. 

El rol más relevante lo tomó en 2013, cuando la ascendieron a oficial de Cancillería, el cargo administrativo más alto. En un país como Rusia, en el que los funcionarios uruguayos que van no conocen el idioma, el oficial de Cancillería es el nexo entre ellos y todos los funcionarios locales. La Cancillería no tiene registros de que hubiera viajado a Uruguay en ningún momento, aunque sí estuvo presente —como el resto de los funcionarios— en la visita que hizo el entonces presidente Tabaré Vázquez a Moscú en 2017. 

Pero su tarea no solo se reducía a eso. Por el idioma y por sus costumbres, Rusia es señalado como un destino "hostil" por los diplomáticos y por eso Rodríguez lograba introducirse en sus vidas: amablemente los ayudaba con cuestiones cotidianas, trámites personales y velaba por su bienestar en general. Incluso alertándolos del frío o estando un paso adelante de lo que podían llegar a necesitar. 

Además, resaltan, era una persona ejecutiva y resolutiva, en la que todos los diplomáticos que pasaron por allí confiaban prácticamente a ciegas. Tampoco tenían demasiada opción, destacan los consultados, dado que ella era el puente que tenían con el idioma. Se manejaba fluidamente en ruso, pero había aprendido español en la universidad (donde estudió traducción), por lo que los funcionarios uruguayos solían corregirle alguna falta de ortografía en los textos que escribía.

Aunque por su personalidad atenta se interesaba por cuestiones personales de los diplomáticos, ella era muy reservada. Eso no llamaba su atención puesto que es una cualidad bastante común en los ciudadanos rusos, pero hoy frente al interés que cobró esta funcionara advierten que poco saben sobre ella. Algunos tienen un vago recuerdo de que en algún momento mencionó tener hijos, pero nadie lo puede confirmar con certezas. 

Un oficio a Rusia y su rol en la investigación

Capturas de imágenes tomadas por Agencia EFE Victoria Rodríguez, a la izquierda del presidente Vázquez en su visita a Moscú en 2017

La Fiscalía enviará un oficio a Rusia pidiendo y brindando diferente información sobre el caso y reportará la situación de Victoria Rodríguez quien, presumiblemente, puede haber cometido delitos en ese país. A su vez, el objetivo final de la fiscal Sabrina Flores es interrogarla. 

Ello podría ayudar a esclarecer la situación de los cónsules imputados en la maniobra, Stéfano Di Conza y Gustavo Piegas, quienes firmaban inscripciones adulteradas. En diferentes oportunidades, ellos manifestaron a la Fiscalía que era Rodríguez quien se encargaba de cotejar las traducciones porque era la que sabía los dos idiomas y que el control de los cónsules iba sobre los aspectos formales. 

Cuando en octubre del año pasado el juez Fernando Islas imputó a Di Conza a pedido de la fiscal Gabriela Fossati, la representante de la Fiscalía había insistido en que era responsabilidad del cónsul el cotejo de la documentación y no de la Dirección Nacional de Identificación Civil. 

Leyó un artículo del reglamento relativo a la expedición de pasaportes comunes, títulos de identidad y de viaje que expone que: "No se considerara válido para el ingreso al país o salida de él así como tampoco para la tramitación del pasaporte ningún documento que contenga el más leve indicio de alteración". En otro pasaje el reglamento expone que la tramitación de los pasaportes en Uruguay está a cargo de DNIC y en el exterior el Ministerio de Relaciones Exteriores por medio de los funcionarios consulares.

Di Conza insistió en que él no hablaba ruso y solamente firmaba lo que la oficial del consulado Rodríguez, le suministraba. A su vez, resaltó que el Ministerio del Interior después controlaba eso. "Él quiso explicarse en cuanto a que, bueno, él no tenía porqué controlar la documentación. Pero es la firma de él y en todos los expedientes está la firma electrónica de él", enfatizó Fossati entonces. A esa funcionaria, que es ciudadana rusa, "va a ser más difícil acceder", había adelantado. 

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