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Volveremos, volveremos; este equipo invita a soñar con ser campeón

Pasaron 48 años para que Uruguay volviera a ganar su debut en un Mundial; ahora hay que volver a ganar el último

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16 de junio de 2018 a las 05:00

Yo tenía 11 años cuando vi el partido inaugural de Uruguay en el 74, contra Holanda. No pasamos la mitad de la cancha y terminamos perdiendo 2 a 0. Y vi el 1 a 1 contra Alemania en el primer partido del 86, cuando les hicimos un gol en el primer minuto y nos colgamos del travesaño hasta que nos empataron faltando 5 para terminar. Y vi el partido contra España, en el 90, que los peloteamos todo el partido y erramos un penal y terminó 0 a 0. Y el del 2002, cuando marchamos con Dinamarca 2 a 1 y el del 2010, un 0 a 0 redondo con Francia y el último, en 2014, cuando marchamos 3 a 1 contra Costa Rica.

En el medio hubo cinco mundiales a los que no nos clasificamos. Por eso cuando Josema la mandó guardar en el 89 sentí un alivio enorme, que seguro comparto con un montón de veteranos. Porque ganar es un permiso para soñar, como soñaban aquellos aventureros que cruzaron el océano en barco en el 24 y volvieron con la medalla de oro.

Ahí yo no estaba, ni tampoco cuando Uruguay repitió, cuatro años después, ni cuando organizamos el primer mundial profesional y cumplimos el deber de ganarlo; ni cuando volvimos a pisar la cancha en un mundial y lo volvimos a ganar.

Yo llegué a creer que nunca me iba a tocar vivir algo así pero ahora no estoy tan seguro.

No puedo estarlo, porque Uruguay va recuperando ciertas costumbres muy saludables, que fueron la norma hasta el mundial del 70: volvimos a estar entre los mejores cuatro en 2010, volvimos a ganarle a un equipo europeo en 2014, volvimos a ganar el partido inaugural en 2018.

Para mí está bien que Uruguay tenga la responsabilidad de ganar. Las cuatro estrellas que tenemos en la camiseta dicen eso. Y si pesaron demasiado durante demasiado tiempo, bueno, qué macana, pero yo creo que si nos enfrentamos a Portugal en octavos deberíamos ser favoritos. Quiero decir: deberíamos ganar.

¿Que Egipto costó mucho, aún sin su mejor jugador? Y sí, costó, pero Uruguay hizo lo necesario para ganar: no permitió que su rival le creara peligro, generó suficientes oportunidades de gol, apretó al final y ganó con el alma. No está mal, para empezar.

En realidad, desde el punto de vista de la preparación para lo que vendrá, creo que fue mejor que Uruguay se tuviera que emplear a fondo, que no tuviéramos más remedio que sacar a relucir el temple histórico, la chapa de cuadro grande.

Y entonces las expectativas son altas, claro. Nadie en Brasil o en Alemania va a decir que se conforma con llegar a la final o perder en semis. Para ellos, ganar es salir campeones y lo demás es perder. Yo creo que en el caso de Uruguay, no llegar a cuartos es un fracaso. Y después veremos.

Nos quedan dos partidos para afianzar el juego, antes de que la cosa se ponga seria de verdad, con partidos a matar o morir, entre los mejores, ya sin los invitados por el cupo a las federaciones.

A mí no me cabe la menor duda de que Uruguay va a mejorar. Que van a aparecer los goleadores, que se va a ir encontrando la gente en el mediocampo. Uruguay tiene la responsabilidad de ganar la serie y en eso está. Con toda la concentración y la convicción del caso.

Mientras tanto podemos ver el mundial desde la tranquilidad y la confianza.

Observar a posibles rivales, imaginar cómo les podemos ganar.

Porque Uruguay volvió a debutar ganando, como hace 48 años y el Mundial ya está lindo desde el segundo día, y Portugal y España jugaron un partidazo, porque ninguno quiere jugar contra Uruguay y ojalá nos toque Portugal pero si es España que venga España.

Porque otra vez hay razones para soñar, con los ojos abiertos, porque se están haciendo las cosas bien, porque tenemos calidad y sangre y linaje.

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