11 de septiembre de 2025 5:00 hs

Esa distinción, que admitió no la esperaba, "me llenó de orgullo, es un reconocimiento muy importante porque no viene de cualquiera, viene de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), una de las instituciones más importantes del país, es de las cosas más lindas que me ha pasado".

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Además, en un guinó muy apropiado, el premio que le dieron y exhibe en el stand es una bandeja utilitaria confeccionada por otro artesano, quien utilizó madera de pinotea extraída de los históricos galpones de la Rural del Prado en el proceso de restauración de esos tradicionales espacios, construidos en 1913.

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Guasquero se le dice, sobre todo en el Río de la Plata, a aquel artesano que trabaja con guasca, es decir, con el cuero crudo.

Acuña es, desde hace un cuarto de siglo, un infaltable en cada exposición agropecuaria de setiembre y también en cada Semana Criolla que organiza la Intendencia de Montevideo en otoño.

En cierto modo, además, ese premio es un reconocimiento a quien le trasladó los secretos del oficio, su abuelo Pío Acuña.

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Guasquero desde los cinco años

"Empecé, me dijeron, en el taller de mi abuelo cuando tenía 5 años, después ahí estuve trabajando y estudiando hasta que cumplí 18. La mano se puso brava en el 2000, me vine a Montevideo y desde entonces esta actividad es mi ingreso y el sustento de mi familia que siempre me apoyó en todo", contó.

La guasquería existe en Uruguay desde antes de ser Uruguay, desde que llegaron a la Banda Oriental los primeros vacunos hace siglos y con ellos la necesidad en la gente campera de tener buenas herramientas para el trabajo, piezas que se pudieran hacer con lo que había a mano y que fueran duraderas.

Actualmente, en su taller en Nuevo París, José trabaja básicamente con cuero de vacuno, especialmente de novillo, y lonja de chivo o ternero.

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Guasquero formando guasqueros

Además de diseñar y crear lo que comercializa, es docente en guasquería.

Pidió un momento para sacar la cuenta, pero imparte cursos desde 2004 y hubo años en los que la demanda fue tal que armó tres grupos de 10 alumnos, por lo tanto al menos capacitó a otros 350 guasqueros y lo sigue haciendo.

Por eso le costó superar un momento complicado el año pasado, cuando inició un curso en Canelones que, por un accidente, debió ponerlo en pausa para terminarlo en 2025.

Ha dado cursos en estos 20 años no solo en Montevideo, también en localidades como Tapia, San Jacinto, Sauce, Flores, Cardona, Mal Abrigo, San José y Durazno.

"Mucha gente, jóvenes sobre todo, se arriman viendo a la guasquería como un hobby, pero terminan dándose cuenta de que puede ser un trabajo, un medio de vida, el que tiene constancia, aprende y se dedica puede tener con esto un buen ingreso", dijo.

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La anécdota

En un rincón del stand de Guasquería Acuña, en el pabellón de propuestas artesanales junto al restaurante Charolais, hay una caja de madera con tapa de vidrio que contiene dos añejos cintos: fueron hechos por Osiris Rodríguez Castillos y Carlos Verdier, "la señora de Verdier me los llevó para que use las hebillas y haga cintos nuevos, pero le expliqué que eran un tesoro, que era una locura romperlos, que era mejor conservarlos y desde entonces los llevo así como están a las exposiciones para mostrarlos, en homenaje a quienes los hicieron y a este oficio tan noble".

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Algunos ejemplos de precios de piezas artesanales

Cada pieza es única, comentó, incluso las que se parecen mucho.

Sobre los precios, a modo de ejemplo José señaló que están teniendo mucha demanda los cintos de cuero crudo que cuestan (los básicos) $ 1.000 y las materas en cuero crudo: $ 1.700 las de manija trenzada y $ 1.500 las de manija lisa.

"Los juegos de rienda y cabezada, que traje cinco y los vendí todos, cuestan $ 4.500, ahora me quedan un par de bozales a $ 4.800 cada uno y también un par de estriberas a $ 4.800 cada juego", añadió.

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