La actividad, titulada "Decisiones de hoy marcan el futuro", se desarrolló en una sala de conferencias colmada y con base en tres segmentos.
- Inicialmente, expuso la presidenta de la gremial que integra la Asociación Rural del Uruguay (ARU).
- Posteriormente, lo hizo el vicepresidente de la SPF, Francisco Bonino, precisamente sobre "Por qué y para qué sumar 500.000 hectáreas".
- En el tramo final, hubo un panel de análisis con la participación del director general forestal del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Gastón Martínez; de la directora nacional de inversiones del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Isabella Antonaccio; del subsecretario del Ministerio de Ambiente (MA), Oscar Caputi; y del directivo de la SPF, Álvaro Molinari.
Decisiones que marcan el futuro
Lucía Basso, al comienzo, señaló que se iniciaba la octava edición de los desayunos forestales, "un espacio que ya se ha consolidado como un punto de encuentro para nuestro sector", y agradeció la compañía en "una instancia de intercambio, reflexión y encuentro" de autoridades, representantes de las empresas socias, productores forestales y técnicos, participando presencialmente o a distancia, vía streaming.
Marcó luego la idea de darle continuidad al encuentro del año pasado, que planteó como interrogante "¿qué pasaría si Uruguay incrementara su superficie forestal en 500.000 hectáreas?" y que, con esa como base, surgió otra pregunta, "¿qué necesitamos para que eso suceda?".
A propósito del nombre de la jornada -“Decisiones que marcan el futuro”-, reflexionó que tanto en la vida personal como en la profesional las decisiones que se toman, también las que se dejan de tomar o se postergan, construyen el futuro.
"En lo personal, muchas de las decisiones que fui tomando definieron el camino que hoy me trae hasta acá. Primero elegí estudiar agronomía, sin tener muy claro la orientación que elegiría. Y luego opté por la orientación forestal, algo que en aquel momento parecía una verdadera locura. Más adelante vinieron otras decisiones importantes: dejar el sector público para pasar al privado y, trabajar en diferentes áreas del sector privado, y hace algunos años, animarme a emprender y crear mi propia empresa", contó, a lo que añadio: "Cada una de esas decisiones implicó asumir riesgos, abrir caminos y enfrentar incertidumbres. Y cada una, a su manera, fue marcando mi recorrido y construyendo mi presente".
Con el sector forestal, concluyó, pasa algo parecido.
El futuro que imaginamos no simplemente sucede; se construye a partir de las decisiones que tomamos hoy El futuro que imaginamos no simplemente sucede; se construye a partir de las decisiones que tomamos hoy
Dijo, enseguida, que en el sector forestal en Uruguay esa capacidad de mirar lejos tiene una fecha de nacimiento oficial: 1987 (el año de instauración de la Ley Forestal N° 15.939), "cuando plantar árboles era una apuesta, no una certeza, hoy sabemos cómo terminó esa apuesta, pero en su momento nadie lo sabía con seguridad".
Lo que vino después, agregó, "fue una cadena de decisiones sostenidas en el tiempo, gobiernos de distinto color político decidieron, uno tras otro, mantener esa política de Estado y es asi que llevamos nueve gobiernos de diferente color político, apostando a lo mismo".
"Hubo productores que arriesgaron su tierra en un cultivo de resultados lentos, técnicos y profesionales que se formaron en algo que todavía no existía como industria consolidada, empresas que instalaron plantas pensando en un mercado que había que construir casi desde cero. Ninguna de esas decisiones, tomada por separado, garantizaba nada. Juntas, terminaron construyendo lo que somos hoy: un sector que da trabajo a más de 46.000 personas, que lidera las exportaciones del país y que certifica el 90% de sus plantaciones bajo normas internacionales", complementó.
"La Ley Forestal no funcionó sola"
Basso marcó que la Ley Forestal no funcionó sola, que detrás hubo planificación, una visión de largo plazo y un conjunto de decisiones que hicieron posible el desarrollo del sector.
"El Estado definió, a partir de la clasificación de suelos Coneat, cuáles serían los suelos de prioridad forestal y, durante un período, promovió las plantaciones mediante subsidios, exoneraciones tributarias y líneas de crédito blandas desde el Banco República (BROU). A esto se sumaron, a lo largo del tiempo, otras decisiones y herramientas que fueron dando continuidad y previsibilidad al proceso", mencionó.
Años después, continuó, en 1998, se aprobó la Ley de Promoción de Inversiones, "que reforzó ese camino, ofreciendo un marco de garantías para la inversión, tanto nacional como extranjera, bajo reglas claras y comunes".
"Ninguna de estas medidas, por sí sola, explica lo que ocurrió. Fue la combinación de políticas, instrumentos y, sobre todo, la continuidad de determinadas decisiones a lo largo del tiempo, la que generó la confianza necesaria para invertir, producir y crecer", reflexionó, señalando también que "ese fue el terreno firme sobre el que se pudo construir algo mucho más grande: un sector forestal que hoy es parte fundamental del desarrollo productivo del Uruguay".
La presidenta de la SPF enfatizó, enseguida, que "lo proyectado en las leyes no alcanzaba por sí solo. El sector forestal también se construyó a partir de muchas decisiones que no vinieron del Estado. Hubo empresas que decidieron invertir capital propio en plantas industriales, infraestructura y logística, aun sin tener la certeza de que el mercado acompañaría. Productores e inversores provenientes de distintos sectores de la economía apostaron por la actividad forestal, al igual que inversores extranjeros que eligieron confiar en Uruguay. Hubo también empresas que decidieron certificar sus plantaciones bajo estándares internacionales cuando todavía nadie se lo exigía, anticipándose a algo que hoy es prácticamente una condición natural de nuestro sector. Mas del 90% de las empresas y productores cuentan con dicha certificación. Y hubo toda una generación de técnicos y trabajadores que eligió capacitarse y especializarse en actividades que, en aquel momento, recién comenzaban a desarrollarse: manejo forestal, silvicultura, cosecha, logística e industria de la madera. Todas fueron decisiones tomadas con una cuota importante de incertidumbre. Decisiones de invertir, de capacitarse, de innovar y de apostar".
Y quizás esa haya sido, en el fondo, la decisión más arriesgada y, al mismo tiempo, la más importante de todas: confiar en un futuro que todavía no existía Y quizás esa haya sido, en el fondo, la decisión más arriesgada y, al mismo tiempo, la más importante de todas: confiar en un futuro que todavía no existía
"Crecer no depende solo de los productores"
Fue en ese instante que Basso, a 40 años de aquella ley, remarcó que se sigue hablando de decisiones y que para eso se elaboró un documento, detallado posteriormente por Franciso Bonino, que plantea cómo el sector puede crecer 500.000 hectáreas más.
Consideró, entonces, que "crecer no depende únicamente de los productores, depende de qué decisiones se tomen desde varios lugares a la vez, y ahí quiero detenerme, porque no todas empujan para el mismo lado".
"Hay decisiones que suman y voy a nombrar apenas dos, porque las veremos más en detalle en la presentación. Para el país productivo y para el sector forestal en particular, es necesario siempre contar con reglas claras y estables, para que quien va a invertir conozca las reglas de juego. Y contar con una infraestructura adecuada a la demanda de la producción: rutas, puentes en condiciones y puertos que compitan de igual a igual con cualquier país de la región", dijo.
Y, sobre las decisiones que restan, detalló: "Generar leyes o reglamentaciones nuevas sin resolver primero los cuellos de botella que todos conocemos. Postergar inversiones en infraestructura porque siempre aparece algo más urgente en la agenda. O seguir repitiendo, sin revisar, los mitos de siempre: que la forestación seca los suelos, que desplaza otras producciones, que no genera mano de obra, que no le deja nada al país. Los datos, respladados con estudios y evidencia científica, dicen otra cosa, y los vamos a seguir mostrando las veces que sea necesario".
Tras decir que "este tema tiene mucho de técnico, pero tiene más todavía de decisiones humanas", a modo de ejemplos citó "un funcionario que agiliza un trámite en lugar de dejarlo dormir en un cajón, un legislador que prioriza una ley que va a dinamizar la economía, un inversor que confía en las reglas del juego uruguayas, un vecino que, con mejor información, deja de repetir un mito".
"Todos, de una forma u otra, estamos tomando decisiones que van a marcar lo que este sector sea dentro de veinte años y lo que será el país en 20 años", afirmó.
El sector forestal uruguayo ya demostró que sabe pensar a largo plazo. Lo hizo en 1987 y lo sigue haciendo hoy, cuando en lugar de conformarse con lo logrado, se pregunta cuánto más puede crecer y cómo hacerlo bien. Y cómo hacerlo de forma sostenible, en un mundo que cada día exige más responsabilidad ambiental El sector forestal uruguayo ya demostró que sabe pensar a largo plazo. Lo hizo en 1987 y lo sigue haciendo hoy, cuando en lugar de conformarse con lo logrado, se pregunta cuánto más puede crecer y cómo hacerlo bien. Y cómo hacerlo de forma sostenible, en un mundo que cada día exige más responsabilidad ambiental
Finalmente, cerró su mensaje diciendo que "el documento que presentaremos esta mañana es un mapa, muestra qué condiciones se necesitan y qué falta resolver para que esas 500.000 hectáreas dejen de ser una posibilidad en un papel y se conviertan en bosque, en trabajo y en desarrollo real para el interior del país".
"Depende de las decisiones que tomemos entre todos si lo recorremos o si se queda guardado en un cajón", concluyó Lucía Basso.
VIII Desayuno Forestal