Cuando hace cuatro años se propuso la transformación educativa como un gran hito aparecía fuertemente la innovación, pero también lo significativo de la educación.
Esto es que un niño aprenda, que tenga resultados, pero también que le sirva para él y para un contexto desconocido. Cómo educar para la incertidumbre. Por eso hay que trabajar en habilidades y competencias que permitan surfear esa incertidumbre.
Además, hay que contemplar la diversidad de intereses, de perfiles, de modos de aprender y de necesidades.
En este contexto la tecnología es un arma de doble filo. Por un lado puede potenciar habilidades, pero por otro lado presenta riesgos y desafíos. ¿Cómo lo ves?
Coincido con que es un desafío y una oportunidad. La oportunidad enorme que tiene la tecnología es dar nuevas herramientas a los estudiantes, formación a los docentes y achicar la brecha. Más para un país como Uruguay que tiene al Plan Ceibal que es modelo para la región y para el mundo en cuanto a calidad, impacto y conectividad en un Estado presente que quiere que esto se dé.
Además, la tecnología puede sera un gran aliada para el trabajo en la diversidad. Los docentes pueden planificar y armar proyectos distintos para diferentes chicos a través de la inteligencia artificial (IA), puedo tener aplicaciones y plataformas que están pensadas para algo más adaptativo, porque hacia allí va la educación.
Por otro lado, los desafíos son los riesgos. En la Red Educativa Itínere lo investigamos y atendemos a las investigaciones internacionales.
Los estudios demuestran que el consumo de tecnología en niños y en jóvenes es problemático. Los niños en la región están accediendo a su celular entre los nueve y los 10 años, y ese dispositivo se lo compró un adulto y se usa para redes sociales.
El 25% de los jóvenes de entre 12 y 15 años que están en redes sociales tienen alguna manifestación de afectación emocional. El 40% tiene una autopercepción de problemas en el consumo: no lo pueden dejar, manifiestan dependencia y ansiedad.
Los riesgos son enormes. Entonces el gran desafío que tenemos los adultos es cómo hacer para que los niños, que son usuarios tecnológicos por naturaleza, sean más eficientes, más reflexivos, que sean ciudadanos digitales. Porque ahí están en un universo del cual el adulto no es parte. Y no alcanza con prohibir el uso, porque lo va a usar a escondidas. Hay que hacerlo consciente del riesgo para que cuando no está conmigo también tenga que administrar ese uso. Esa es una tarea de tres patas: familia, escuela y Estado.
En este punto parece clave el rol del adulto como ejemplo...
Es crucial. El adulto tiene que sentirse adulto y autoridad. Aunque todos tus compañeros tengan celular, en casa decidimos que no lo tengas. Es difícil, pero hay que ser un adulto que decide. En segundo lugar, hay que poder poner límites y decir el celular va a quedar en un cajón, no puede ir contigo a tu cuarto de noche porque te genera adicción y hay datos que lo dicen. Y, por otro lado, el adulto como ejemplo. Si me venís a hablar y yo en lugar de escucharte estoy scrolleando el teléfono, no te puedo decir a vos que no hagas lo que yo sí cuando yo también estoy adicto a mi celular.
El adulto tiene que saber que ya no es una cuestión de opiniones o porque lo dice el pediatra, sino que hay datos que revelan que de la pandemia para acá el uso de tecnología, especialmente de smartphones, es un problema de consumo. Soy responsable de no arrepentirme por haber hecho algo antes. Si yo te doy las llaves del auto a los nueve años y te digo que manejes despacio, cuando te estrelles no puedo decir “¡qué lástima!” porque sabía el riesgo que conllevaba.
El tiempo de atención de los niños parece ser cada vez más corto. ¿Qué impacto tiene esto en la enseñanza, en la forma de estudiar y en la preparación de los docentes?
Es la generación TikTok, un minuto y te saco. En la escuela eso no pasa, no puedo scrollear al profesor, pero lo puedo hacer mentalmente, bajar la persiana y hacer que te escucho y no te escucho. Pero si te permito usar el dispositivo esto es todavía peor, porque te estoy dando un elemento distractor que te genera ansiedad por mirarlo, por eso la restricción del uso es para forzar un hábito.
Por otro lado, los tiempos de atención sí son distintos, entonces hay que tratar de generar motivación en los alumnos, pero no por eso puedo ser un profesor que te explico las cosas en un minuto y cambio de tema. Hay que generar el hábito de la atención, el valor del esfuerzo, tener la paciencia de escuchar a otro que habla más lento que yo.
En Red Itínere hemos administrado, restringido, trabajado con familias y chicos y generado espacio de guardado de teléfonos y también campamentos detox en los que está prohibido llevar el teléfono.
En ese campamento hubo niños que decían "vi un cielo que nunca había visto", "aprendí las estrellas" o "hablé con compañeros con los que nunca había hablado". Generar experiencias sin tecnología, por ejemplo en un cumpleaños, permite eso, pero hay que crear contextos detox, forzarlos.
En niños, ¿cómo afecta la tecnología a la hora de discernir lo que es real y lo que no?
Ese es otro de los grandes problemas. Si a veces a los adultos nos cuesta discernir si es IA o no es IA, si es un hater o no, imagínate a un niño que está en pleno desarrollo neurocognitivo, su corteza prefrontal está en desarrollo y no lo puede determinar directamente.
Yo no distingo que esa chica que tiene el pelo y el maquillaje perfecto tiene 35 filtros y tres maquilladoras y me siento feo y poco a la moda porque no tengo todo eso.
¿Es peor el bullying en tiempos de redes sociales?
Primero me gusta aclarar que no todo conflicto humano es bullying. Que discutamos y no nos pongamos de acuerdo no es bullying, esto conlleva un proceso sistemático de desacreditación, una agresor y un agredido, es todo un proceso. Pero sí creció por la tecnología, porque no se da la presencialidad. En esta misma nota la gente puede escribir "este qué habla que seguro tiene celular" y termina siendo algo desigual que ni siquiera tiene fundamentos. Es una pelea de opiniones que sistemáticamente se convierte en bullying y en la escuela sucede.
Pero aunque no pase ahí, la escuela no puede ser ajena, porque ahí es donde se encuentran.
¿Cómo lo trabajan en la Red Itínere?
Lo primero es la prevención. Enseñamos herramientas de mediación de conflictos, que sepan mediar y no ser indiferentes al sufrimiento de otro, se entrenan habilidades para la solución de conflictos. Estar atento a cómo está el otro sin naturalizarlo. La empatía y estar disponible son valores de la casa pero acá se ponen en juego.
Además tenemos muchos referentes, equipos y hablar con las familias, crear comunidad con los padres. Esto es previo al conflicto, cuando aparece, hablar, llevarlo con expertos y trabajar con ellos.
¿Cómo puede hacer un padre para contener a un niño que está sufriendo bullying?
Lo primero que tiene que hacer es hablar con la institución educativa para ver si ven lo mismo, si esa escuela no lo ve, es un problema y después un profesional porque muchas veces los conflictos tienen que ver con que la familia necesita una orientación, quizás no es un tratamiento para el niño, sino una orientación para la familia.
Si ves a un hijo sufriendo no es escaparse, cambiarse de escuela o decirle que hable con otros, es hablar con los otros actores con los que se comparte la formación, con la escuela y cuando esto no es suficiente, un psicólogo. Cuando eso está, se puede juntar a tomar un café con el grupo de padres y decir "mi hijo está sufriendo porque le hacen burlas, ¿qué podemos hacer?".
Hay países que están legislando a propósito de las redes sociales para restringirlas por edad. ¿Uruguay debe recorrer ese camino?
La solución a las consecuencias que estamos viendo en la salud mental de los chicos y los riesgos que tiene la tecnología necesita de los padres, de las instituciones educativas y del Estado.
El Estado puede exigir a las plataformas que certifique que un menor de edad no entra con identidad falsa. Les puede decir si un niño de nueve años entra a TikTok, te voy a demandar, que el niño lo engañe es problema de la empresa que deberá encontrar la forma de que eso no suceda. Eso lo hizo Australia, España, ahora lo va a hacer Francia.
El Estado tiene que abrir una mesa para decir cómo hago para cuidar a mi población frente a las afectaciones de la tecnología.
La Red Itínere nació en Argentina pero desembarcó hace unos años en Uruguay, ¿cuáles son sus próximos pasos en el país?
En Argentina tiene siete colegios y llegamos a Uruguay en el 2020 abrimos el primer colegio en Ciudad de la Costa que hoy está culminando su ciclo de primaria con sexto grado y va a abrir el liceo. En Punta del Este abrimos el año pasado en Maldonado (Distrito 52) con menos de 100 alumnos y este se duplicó el colegio.
Los colegios vienen creciendo y somos de las que más crecemos en población, eso me da mucho orgullo, pero intento entender el motivo. Hay dos factores, primero fuimos a lugares donde la población está creciendo, pero además pudimos dar una oferta educativa que asegure cánones pedagógicos pero con una actitud innovadora, en donde los modos de enseñar y aprender son diversos y la diversidad es un valor, no un problema. También el espacio como educador, se usan otros espacios que no solamente es el aula como el bosque, se motiva a docentes y a chicos en que el espacio sea un lugar para aprender.