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16 de febrero 2026 - 5:00hs

Desde que Paul McCartney tocó por primera vez en Montevideo en 2012 algo cambió. Shows internacionales hubo antes y después, pero la primera visita del Beatle abrió la puerta a espectáculos de una escala que hasta ese momento era inédita para Uruguay. Y uno de los shows más memorables e históricos de esa categoría fue el que dieron los Rolling Stones en el Estadio Centenario hace exactamente diez años, el 16 de febrero de 2016. O como diría Mick Jagger, el “diechiseis”.

Embed - Rolling Stones saludan a URUGUAY - 16/2 Estadio Centenario

El paso de la banda británica por Montevideo fue un hito y una revolución. La visita acaparó la conversación pública y mediática, y generó escenas memorables que todavía siguen dentro del imaginario popular, como la de Jagger tomando agua de la canilla.

Había pasado casi un año desde el inicio de los rumores que indicaban que los Stones tenían prevista una gira por América Latina (a donde no venían desde 2006), en la que tenían la intención de tocar en países en los que hasta ese momento no lo habían hecho. La joya de la corona para las “satánicas majestades” en ese sentido era Cuba, donde querían dar —y lo dieron— un show gratuito. Pero también tenían la intención de pasar por otros rincones de la región, y Uruguay era una de las posibilidades.

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Después de amagar con una visita en aquella gira de 2006, la banda oficializó su estreno en los escenarios montevideanos el 5 de noviembre de 2015. Ese día, a través de un comunicado oficial, confirmaron la gira que pasó por Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México y Cuba, y que los trajo también al Centenario.

Las entradas tenían precios entre los $2300 y los $21000, y en primera instancia solo se vendían de forma presencial en el Punta Carretas Shopping, algo prácticamente inconcebible una década después, donde las sufridas “colas virtuales” son parte de la liturgia de cada show internacional de gran escala acá y en todo el mundo.

El fin de semana en el que inició la preventa las colas eran de más de diez cuadras. La hilera de aspirantes a adquirir boletos serpenteaba hacia la Rambla y seguía durante metros y metros. Después de horas bajo el sol, la gente entraba a un espacio donde pagaba y recibía el ticket rojo donde estaba impresa, en negro, chiquita, la lengua que acreditaba que era real, que la gira Olé iba a traer al cuarteto a este país.

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Los Rolling Stones vuelven a los escenarios
Los Rolling Stones vuelven a los escenarios

Their satanic majesties request

El 15 de febrero, un avión de LAN tocó tierra en el Aeropuerto de Carrasco procedente de Buenos Aires. La puerta se abrió y aparecieron los Rolling Stones. Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y el ahora finado Charlie Watts se abrazaron y saludaron a las cámaras que obturaban furiosamente.

Ese mismo día la banda publicó en sus redes sociales un afiche para el show montevideano que mostraba a una orca saltando en las aguas del Río de la Plata, con la Torre de las Telecomunicaciones de fondo. También habilitaron una encuesta que determinó que She’s so cold terminara en el repertorio del show del día siguiente.

En los días previos a la llegada de la banda, el Estadio Centenario se estaba poniendo a punto para un show inédito. Aunque hoy el lugar está más preparado y se ha hecho habitual que haya unos cuantos espectáculos de gran escala allí, en 2016 todavía eran infrecuentes y se necesitó adaptar el edificio para el evento, sobre todo las entradas de la Tribuna América por las que ingresó el equipamiento técnico y los materiales para el escenario.

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Los Rolling Stones se subieron al No Fileter Tour tras la muerte de Charlie Watts
Los Rolling Stones se subieron al No Fileter Tour tras la muerte de Charlie Watts

Al contrario de lo que sucede ahora, en aquel momento no había materiales de ese tipo en Uruguay, y se trajeron desde Argentina. Y una década después, sigue teniendo el récord de ser uno de los escenarios más grandes que se hayan construido en el Centenario, al que solo le compiten el de la tercera presentación de Paul McCartney en 2024 y la de Shakira en 2025.

El despliegue incluía el escenario de 18 metros de altura, dos pantallas de 16 metros, dos pasarelas, una comitiva de 170 personas y 150 más para armar todas las estructuras necesarias. No hubo pedidos exóticos, y la banda pasó las más o menos 48 horas que estuvo en Montevideo repartida entre el hotel Sofitel, en Carrasco, y algunos lugares en los que fueron a comer o pasear.

Fue, sin embargo, una visita más corta de lo que se pensaba (y que el gobierno quería) en un principio. La entonces ministra de Turismo, Liliam Kechichian, había manifestado su intención de que el grupo llegara cuatro días antes del show y pasaran al menos una noche en Punta del Este, pero finalmente se quedaron en Buenos Aires hasta último momento.

De la canilla

Aunque breve, el paso de Mick Jagger por Montevideo fue activo y memorable. Primero cenó en el restaurante Tandory, en Pocitos, donde comió pescado y algunas entradas, junto a un vino tinto uruguayo. El chef del lugar, Gabriel Coquel, recordó que se acercó a la mesa de Jagger y le dijo “¿Qué quiere comer?” en inglés.

"Algo liviano", respondió el integrante de los Rolling Stones, en un tono "amable y correcto", pero "parco y seco", contó en aquel momento el cocinero.

Aunque había pedido que su mesa estuviera lejos de las ventanas, la noticia de la presencia del cantante circuló pronto, y se reunieron unas cien personas en la puerta del restaurante, lo que llevó a que Jagger terminara saliendo por la cocina, aunque llegó a retratarse con el equipo del local.

De Pocitos, Jagger se fue al Barrio Sur, donde vivió uno de los episodios más recordados de su estadía montevideana. Robbie Fowler, corista de la banda (y que luego volvió a Uruguay como solista), quería escuchar candombe, y a través de su contacto con el músico Francisco Fattoruso, le indicaron que tenía que ir a la casa del músico y lutier Fernando “Lobo” Núñez.

Fowler y Jagger se fueron a lo del Lobo, que justo esa noche estaba esperando que se hiciera 16 para festejar su cumpleaños 60. Así que había candombe pero también había fiesta. Fattoruso y su padre, Hugo; los Rada y otros artistas locales estaban allí, y terminaron cantando con el Stone.

"Parecía que estaba en el fondo de la casa. Filmaba, bailaba, se reía, pedía que tocaran de nuevo", recordaba en aquel momento el humorista Pablo Rodríguez, otro de los presentes en el cumpleaños de Núñez.

"Estaba fascinado, filmó todo", contaba Rodríguez a El Observador en aquel momento, apuntando que al inglés le llamó la atención la habilidad con el repique de Camilo, uno de los nietos del "Lobo", que por ese entonces tenía 10 años. Jagger también filmó y fotografío el taller donde Núñez fabrica tambores, lugar que le mostró al frontman de los Stones.

20241219 Entrevista a Fernando "Lobo" Nuñez, percusionista y luthier. IG

La visita se extendió después de la medianoche, cuando comenzó el cumpleaños del Lobo y el Rolling se sumó a una celebración improvisada. "Rada me empezó a cantar el Cumpleaños Feliz. Él cantó, bailó, me dijo happy birthday y cantó Satisfaction", contó Núñez en una entrevista con El Observador en 2025.

"Como anécdota le pregunté qué quería tomar y él me dijo only water. Chau. Si yo no tomo agua de bidón. Me dijeron ¿le diste agua a la canilla? Y sí”, agregó el músico sobre uno de los episodios más famosos de esa noche, el crossover entre Jagger y la OSE on the rocks, mientras Rada intentaba, como podía, en un inglés muy rudimentario, decirle que era contemporáneo suyo, mientras le regalaba algunos de sus discos.

Algunos días después, Jagger publicó uno de sus videos en sus redes, junto a la gramaticalmente curiosa frase “¡Me divertí mucho en la casa de Fernando Nunez en Uruguay viendo a Candombé por la primera vez!”

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It’s only rock and roll

El 16 (o “diechiseis”) de febrero hizo un calor salvaje en Montevideo. Los termómetros marcaban 35°, pero la sensación térmica llegó a 40°. En el Parque Batlle la gente aguantaba como podía. Algunos que estaban ahí desde la noche anterior (no había localidades numeradas) esperaban con reposeras.

Otros sobrellevaban el calor tirados en la sombra de algún árbol, y dejaban su lugar en las eternas filas marcado con un par de championes o una mochila que nadie tocaba. Un vecino ofreció una manguera a la gente de la fila para la platea Olímpica y se ganó una ovación.

El interior del Centenario era una caldera, y no precisamente por la efervescencia del público. Pero no hubo más remedio que aguantar. La banda Boomerang fue la encargada de abrir la noche y para las 21 horas los Stones estaban arriba del escenario, ubicado sobre la Tribuna América (toda una innovación luego de que en los dos shows de McCartney en 2012 y 2014 se ubicara sobre la cabecera, contra la Ámsterdam).

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Las guitarras de Wood y Richards acometieron el riff de Start me up, apoyados por la batería de Watts, y el campo entero desató un pogo multitudinario de los que pocas veces se han visto en Montevideo.

Pero ya enseguida después de la primera canción, el público uruguayo volvió a su timidez/seriedad/frialdad (póngale el calificativo que según usted aplique) habitual, como si hubiera pogueado por cumplir y el calor, la edad o el impacto de estar viendo en vivo a los Stones en Montevideo les impidiera seguir despegando los pies del piso.

Una reacción reverencial que se extendió durante las 18 canciones del setlist, que incluyó clásicos como Paint it black, Miss you, Gimme Shelter, Sympathy for the devil y You can’t always get what you want, con la presencia local del Coro Rapsodia.

La crónica de El Observador señala que “Jagger tuvo desde el arranque varios momentos de complicidad con los asistentes. Desde referencias a Luis Suárez ("todavía me duelen sus goles") hasta preguntas sobre si Gardel es uruguayo y anécdotas: ‘Escuchamos candombe y Ronnie comió un chivito’”.

Embed - Resumen del show de los Rolling Stones en Uruguay

"La estamos pasando bien en Montevideo, Charlie fue a un bar y tomó dos etiquetas negra. Escuchamos candombe, luego Ronnie comió un gran chivito, y después caminamos a la Midnight Rambla...", bromeó el cantante.

Jagger no deja de sorprender por su agilidad, sus icónicos pasos de baile y el estado excelente de su voz pese a todas las inclemencias del rock y el mero paso natural del tiempo; Ronnie Wood y Keith Richards mantienen sus guitarras afiladas y como cirujanos hacen el trabajo fino de intercambiar fraseos, solos y bases. Detrás, Charlie Watts —que siempre parece estar aguantando una sonrisa para dejarla salir a último momento—, lleva a cabo a la perfección su rol de crear la plataforma rítmica sobre la cual el resto construye. No hay fallas en su estructura, lo cual es un placer de ver”, agregaba la crónica del show.

La noche cerró con (I can’t get no) Satisfaction y pirotecnia. Para el día siguiente, los Stones ya estaban en su próximo destino.

You can’t always get what you want

Las cifras oficiales en la previa del show decían que había unas 63.000 localidades a la venta. Las cifras oficiales dijeron que el concierto agotó entradas, pero no solo el 16 de febrero (o “diechiseis”) había una boletería en el Centenario que todavía tenía localidades a la venta, sino que el número que se utilizó en las crónicas era de 55.000 espectadores.

Parece ser, incluso, que fue un poco menos, y que los Stones no agotaron en su todavía único show en Uruguay. La banda cobró un caché de US$ 5 millones, monto que también contemplaba el uso de una parte de ese dinero para cuestiones logísticas y de producción. Una nota del diario El País publicada una semana después del show confirmaba que la productora AM había perdido dinero, aunque técnica y musicalmente fue un éxito.

Pasaron diez años y los Rolling Stones no han vuelto a la región, aunque hay un rumor de que podrían realizar una residencia de shows en Buenos Aires si la salud de los octogenarios músicos —en particular la de Keith Richards— lo permite. La banda, que lanzó en 2023 su álbum de novedades Hackney diamonds, tiene en carpeta la grabación de otro disco y no toca en vivo desde 2024.

De todas maneras, si tuvieron otro vínculo con Uruguay: en febrero de 2024 se grabó parte de un videoclip protagonizado por la actriz Olivia Wilde entre Montevideo y San José. El video, sin embargo, sigue inédito.

Montevideo, en tanto, sigue siendo una década después del paso de las satánicas majestades una plaza relativamente movida para los shows internacionales de gran escala. Desde la visita de Jagger, Richards, Wood y Watts han pasado por la ciudad Roger Waters (dos veces), Ed Sheeran, McCartney de nuevo y Guns n’ Roses, entre otros.

Aunque la novedad de aquellos primeros años de la década de 2010 ya ha pasado, y hay cierto perfil de artistas masivos —más jóvenes y en tendencia— que siguen pasando de largo rumbo a San Pablo, Buenos Aires o Santiago y todavía son una cuenta pendiente para el país, la visita de los Stones sigue siendo una de las demostraciones de cómo cambió el panorama de shows en Montevideo. Sigue siendo un evento histórico para un país que, aunque siempre fue más de los Beatles que de los Stones —en comparación, por ejemplo, con Argentina, país rolinga por excelencia—, se dejó lamer por la lengua más famosa de la música.

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