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8 de febrero 2026 - 5:00hs

Hace ya varios años que la ola coreana cubre al mundo, y en el mundo está Uruguay, así que encontrarse con que un cine de Montevideo, en hora pico de un domingo de febrero, tiene como principales atractivos las funciones de dos películas de esa nacionalidad no es raro. Tampoco es raro que una de ellas, al menos, sea una gran película, menos aún si uno repara en el nombre que enmarca el afiche de la susodicha: Park Chan-Wook.

El director nacido en Seúl hace 62 años es uno de los culpables de que el cine coreano tenga hoy la reputación que tiene. Claro, mucho le debe la industria de ese país a Parásitos y su Oscar, o al fenómeno de El juego del calamar o a la todavía muy reciente Guerreras K-Pop, pero hay vida antes de eso, hay pasado y hay antecedentes inobjetables. Por ejemplo, una película que cambió las reglas de juego, que descolocó a los espectadores de todo el mundo, que inspiró a un montón de cineastas que hoy están trabajando bajo su influjo, y que fue estrenada allá por el 2003. Esa película es Oldboy.

Como parte de la trilogía de la venganza, con Oldboy el amigo Park entró a las patadas (o a los martillazos) en la consideración global y mostró nuevas maneras de hacer confluir la violencia, la comedia y hasta el melodrama (y los pulpos) en una película delirante que desarma al espectador con uno de los plot twist más radicales de este siglo. Pero Oldboy es mucho más que un giro sorprendente en su argumento. Después de ese hit, el director surcoreano siguió explorando más recovecos en su particular obra —una que se caracteriza por una destreza visual muy personal, y por abrazar la sátira, las ambigüedades morales y los personajes al borde de la cornisa— y entró en el mundo de los vampiros (Thirst), del suspenso erótico (The Handmaiden), el thriller policial (La decisión de partir) y hasta probó suerte en Hollywood (Stoker).

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Ahora le tocó el turno a la radiografía social de su tierra, una en la que la cultura del trabajo es tan radical como su propio cine: La única opción.

LA ÚNICA OPCIÓN PARK CHAN WOOK

#OpenToWork

You Man-Su lo tiene todo. Una familia nuclear —esposa ama de casa que no necesita trabajar, hijo adolescente pegado a la tablet e hija en vías de ser un prodigio del violoncelo—, una casa gigante en los suburbios y un trabajo al que le ha dedicado la vida, y que lo ha recompensado. El comienzo de la película lo encuentra, sin embargo, ante una situación laboral difícil: la empresa de papel en la que trabaja ha sido adquirida por capitales estadounidenses y habrá un recorte de empleados rasos que él deberá comunicar. Su vínculo con los demás empleados es férreo, por eso el noble You Man-Su toma la decisión de hacer todo lo posible por mantener la mayor cantidad de puestos de trabajo posible. El problema, sin embargo, es que lo terminan echando a él.

Con los primeros días de la depresión post despido llega también el desmoronamiento familiar, y el hombre se da cuenta de que tiene que hacer algo antes de que su vida colapse sobre él. ¿Cómo planea solucionarlo? Con un plan delirante que lo llevará a tomar caminos peculiares en la búsqueda por “limpiar” el terreno de cara a futuras entrevistas en otras empresas del rubro al que le ha consagrado su carrera.

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La única opción es la segunda adaptación cinematográfica de la novela The Ax de Donald Westlake; la primera corrió a cuenta del griego Costa-Gavras y en Uruguay se estrenó en 2005 bajo el título La corporación. Al margen de cómo se incorpore la trama a las diferentes realidades socioeconómicas de cada país, en el caso de esta versión coreana viene al pelo para retratar los bemoles de una cultura de trabajo que mastica empleados y que se encuentra en un punto de quiebre por la automatización de muchas tareas a partir del desarrollo de la inteligencia artificial. No es estrictamente eso lo que sucede con la fábrica de You Man-Su —o al menos, no es eso lo que provoca su despido—, y de hecho no es tampoco el corazón del recorrido del protagonista, pero está de fondo. Es una amenaza o promesa latente que viene y va.

Park, por suerte, prefiere otras cosas para su película antes que la denuncia facilona de que la IA nos va a sacar el trabajo a todos. Prefiere, por ejemplo, prestarle más atención al resquebrajamiento de la rutina familiar y los cambios de poder en el vínculo matrimonial, así como la distancia entre padres e hijos a partir de la imposibilidad de ser “suficiente”. Y una vez que despliega ese escenario interior, se abre más: hunde al espectador a un mundo donde la sátira mordaz predomina y las líneas de lo predecible se destruyen en algunas secuencias que están entre lo mejor del año.

La película ingresa así en su espiral delirante de persecuciones, planes arteros, homicidios que salen mal y una tensión tamizada por el humor y el patetismo de su protagonista, un amasijo de nervios, conflictos morales y decisiones equivocadas o a medias. Todo filmado, además, a través del ojo de un maestro de la composición. La única opción no será la mejor película de este director, pero tiene algunas de las decisiones de puesta en escena más audaces de su obra —si ya la vio, piense en la escena que implica su cruce con el segundo candidato en la zapatería, y todo lo que deriva de allí—.

LA ÚNICA OPCIÓN PARK CHAN WOOK (2)

Por fuera de la maestría habitual de su responsable, si la película funciona tanto es por su inteligente guion, que trastoca las expectativas continuamente, y sobre todo por su actor protagónico, que se entrega entero al proceso de desintegración y ambigüedad moral de su personaje. Se trata de Lee Byung-Hun, mega estrella coreana que será un rostro conocido para los seguidores de El juego del calamar: allí interpreta a El Jefe, antagonista de la exitosa serie de Netflix.

La única opción no cambiará el curso del cine asiático como sí lo hizo Oldboy, pero tampoco es su intención y, encima, acompaña de forma excelente esta última etapa del corpus de obra de un director consagrado. El sexagenario Park Chan-Wook sigue siendo un artista radical al que vale la pena seguirle la pista, que estremece, hace reír, que habita la incomodidad y siempre se las arregla para inmiscuirse entre los estrenos destacados del año con un lenguaje cinematográfico genuino, sin concesiones y ultra personal. Con esta nueva película volvió a pasar. Bien por él y los que estamos sentados en la butaca cada vez que tiene algo nuevo para ofrecer.

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