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21 de septiembre 2024 - 5:00hs

Protagonista de otro fútbol, de otro Montevideo. José María Muniz nació hace 68 años cerca del Cilindro Municipal (hoy Antel Arena), jugó al fútbol en la cancha de la Escuelita, donde se armaban partidos de hacha y tiza. Integró una generación dorada de Nacional en la década de 1970, formada por el técnico argentino Miguel Ignomiriello. Puntero de los de antes, flaquito, que tenía permiso para comer doble en Los Céspedes así aumentaba de peso.

Se consagró campeón Sudamericano juvenil con la selección, campeón Uruguayo 1977 con Nacional, y fue amigo inseparable de Juan Ramón Carrasco.

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Una vez, un dirigente de Nacional le prometió que si hacía un gol frente a Peñarol, podía ir a retirar ropa a su tienda, llamada los Cuatro Ases. Muniz convirtió y después pasó con sus amigos Carrasco y Pagola a levantar el premio: se vistieron de pies a cabeza.

Se divertían tirándose chumbazos y hondazos en Los Céspedes, vivió en el Parque Central, enfrentó a Maradona en Argentina, jugó con Luis Cubilla, con Jairzinho, en Racing argentino y se radicó en Quito, donde es dueño de una parrillada desde hace 40 años.

De Villa Española al mundo

En su época de niño vivió en Centenario y Londres, cerca del ex Cilindro Municipal, hoy Antel Arena. Empezó el baby fútbol en el Corralito, luego continuó en Deportivo Oriental y a los 12 años llegó a Nacional, donde lo llevó un dirigente que tenía un hijo jugando en Huracán Buceo. "Eran impresionantes los campeonatos de baby fútbol", recuerda Muniz.

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Muniz en el baby de Nacional

Muniz en el baby de Nacional

En los tricolores subió la escalera hasta la Reserva, donde jugó poco porque enseguida lo ascendieron a Primera división.

Vivió en el Parque Central junto a otros 15 o 20 juveniles, entre los que estaban Juan Ramón Carrasco, Ricardo Pagola, Martín Taborda, Alfredo de los Santos, Adán Machado, integrantes de una generación de oro que dirigió el argentino Miguel Ignomiriello.

Con Carrasco y Pagola formaban un trío inseparable.

"Nos llevábamos más por la persona, buena gente, buen compañero, en el Parque nos llevábamos todos bien", contó Muniz y recordó una anécdota.

"El dueño de la tienda los Cuatro Ases era dirigente de Nacional y siempre me decía, 'negrito, si haces un gol vas a la tienda y te llevás lo que quieras. Jugamos contra Peñarol, le hice un gol a Walter Corbo (el 25 de octubre de 1975, por la Liga Mayor) y nos fuimos con Carrasco y Pagola. Nos vestimos de pies a cabeza, desde el saco largo que se usaba antes, al pantalón, todo. Era divino", contó.

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Muniz abajo, a la izquierda, detrás de él Darío Pereyra, de buzo rayado Juan Ramón Carrasco; la generación dorada de Nacional

Muniz abajo, a la izquierda, detrás de él Darío Pereyra, de buzo rayado Juan Ramón Carrasco; la generación dorada de Nacional

En las concentraciones en Los Céspedes se divertían corriendo ciertos riesgos. "Había dos canchas, una arriba y otra abajo. De un lado estábamos nosotros tres y en la otra se juntaban Polilla De los Santos, Dario Pereyra, Rodolfo Rodríguez, Villazán. El Polilla nos tiraba chumbazos con la escopeta desde arriba y nosotros le respondíamos a hondazos desde abajo. Pasábamos bien en la concentración. Disfrutamos todo".

Una decisión difícil

La relación con Carrasco y otros jugadores de la época continúa a pesar del tiempo y la distancia: "Con Juan nos comunicamos, nos contamos los problemas. Estamos un rato conversando de la familia. Hay un grupo donde están el golero (Ignacio) Grubits, Taborda, el Guti, el Indio Molina, que después jugó conmigo en Rampla. Dos por tres hacen asado y hacemos videollamadas. ¡Se pasan los guachos! Quedé en ir hace dos años y no pude. Es bueno porque ese grupo se sigue juntando. A veces va Carrasco. Somos amigos de toda la vida, de cuando éramos jovencitos".

En un momento crucial de su vida, Muniz tuvo que tomar una difícil decisión: seguir jugando al fútbol o dedicarse a trabajar. "Yo era muy jovencito cuando mi papá murió. No ganaba nada en la Reserva y estaba decidido a dejar el fútbol para trabajar, porque tenía que ayudar a mi mamá, mi hermana y mi hermano".

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Sin embargo, no tuvo que hacerlo porque algunos de los campeones del mundo de 1971, que aún permanecían en Primera, "como Luis Cubilla, Montero Castillo, Manga, hablaron con don Miguel (Restuccia) para que me dieran un sueldo", contó. Con Carrasco y Pagola solían quedarse a ver la práctica del equipo de Primera. "Yo me llevaba muy bien con ellos porque era muy guacho, tenía 16 años".

El padre era el que mantenía la casa en esos tiempos de vacas flacas. "Trabajó toda la vida de mesero en el bar Los Chivitos, en 18 de Julio y Río Branco. Yo lo iba a buscar a las 4 o 5 de la mañana, cuando él salía. Me encantaba ir, me levantaba a esa hora, tomaba el 330 y me bajaba en la esquina, más abajito. Me quedaba un rato con él, viendo como trabajaba".

De ahí tomó el gusto para lo que sería su vida después del fútbol, al frente de una parrillada en Quito. "También de mi mamá, que hacía cada cordero que era impresionante. Los viernes papá tenía libre y compraba algo para hacer un asadito", recordó Muniz, quien agregó: "Mi vieja era compañera con los vecinos, hacía un puchero y repartía. De chiquito fui igual, nunca dejé a pie a mis amigos en el barrio, ayudé en lo que podía".

Luego del fallecimiento de su padre y la gestión de los compañeros de Nacional, José se dedicó exclusivamente a a jugar: "Mi primer sueldo en Nacional, después de ganar el Sudamericano juvenil, fue de US$ 2.000, un platal en esa época. Fijate que mi papá ganaba US$ 500 más o menos".

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Muniz en Nacional, definiendo frente al arquero

Muniz en Nacional, definiendo frente al arquero

Muniz formó parte de la selección juvenil que ganó el Sudamericano de 1975 en Perú, con un plantel fantástico que formaban entre otros Rodolfo Rodríguez, Eduardo Belza, Julio César Antúnez, Carrasco, De los Santos, Washington González, Juan Vicente Morales, Ricardo Ortiz, Darío Pereyra, Hebert Revetria y Ruben Umpiérrez.

Antes del torneo, el técnico Walter Brienza definió a Muniz como un futbolista que reflejaba “la técnica del clásico fútbol uruguayo”.

El ascenso a Primera división

Cuando los juveniles de Nacional regresaron a Montevideo, fueron ascendidos a Primera división. El técnico era Juan Ricardo Faccio. Antes, integrando la Reserva, habían ganado un campeonato frente a equipos de Primera división, venciendo en la final a Wanderers.

"La mayoría jugamos muchos años juntos, sabíamos como nos movíamos, era la facilidad para jugar como equipo. Llegaban los clásicos y le dábamos cada baile bárbaro a Peñarol, pero llegaba Morena y nos clavaba, era un infierno", recordó.

Su debut oficial en Primera división fue en un partido contra Danubio, en enero de 1975 por la Liguilla. "A veces cuando nos cruzamos con Lorenzo Carrabs, que era el golero de Danubio, hablamos de aquellos tiempos y me recuerda que yo siempre lo clavaba. Danubio tenía un equipazo también".

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Recuerdo del campeonato Sudamericano Sub 20 que ganó Uruguay en 1975

Recuerdo del campeonato Sudamericano Sub 20 que ganó Uruguay en 1975

Uno de los sueños de Muniz era jugar con Luis Cubilla, pero cuándo éste salió de Nacional, él subió a Primera. Sin embargo, pudo jugar un par de amistosos con el Negro. En marzo de 1974, Nacional disputó dos amistosos en el Interior del país, contra la selección de Salto y Ferrocarril de Concordia. Ahí jugaron juntos.

En ese tiempo, Muniz era flaquito y por eso recibía un trato especial: "Pagola y yo éramos los únicos que podíamos comer doble desayuno y doble almuerzo. Nos matábamos de la risa, porque estábamos también con Juan, comíamos y de noche nos llevábamos dos o tres manzanas y un botellón con un litro de leche cada uno. Éramos tremendos".

La leche la tomaban cruda: "Con Juan comíamos asado con leche. Por eso teníamos unos huesos de caballo. Era una época preciosa".

En los tricolores disputó 122 partidos y marcó 27 goles.

La traumática salida de Nacional

La salida de Nacional en 1978 resultó traumática. Su ficha fue traspasada a Rentistas para poder salir luego al exterior, debido a un vericueto del reglamento de la época. "Yo tenía todo arreglado para ir a Vasco da Gama, pero un empresario le pidió US$ 100.000 al club brasileño, que para ese tiempo era un disparate. Yo había arreglado por US$ 50.000 o US$ 60.000. Incluso llamé a mamá, contento que firmaba, y apareció el empresario y me dijo que no. Fue un desastre".

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En 1981 enfrentó a Maradona, por el Metropolitano argentino

En 1981 enfrentó a Maradona, por el Metropolitano argentino

Hubo lío con Nacional, con el empresario, y Muniz decidió no jugar, "al mismo tiempo que se pararon De los Santos y Revetria. Eramos los tres que habíamos salido con este empresario".

Por reglamento no podía volver a los tricolores porque el pase le pertenecía a Rentistas. De manera que cuando todo se regularizó, jugó un año en los bichos colorados. "Así era el fútbol. Los empresarios pensaban en su bolsillo y los dirigentes tampoco nos daban lo que nos correspondía. Dejé de jugar un tiempo y cuando me dieron el pase, fui a Rentistas".

Luego pasó a Jorge Wilstermann de Bolivia y cumplió otro sueño: jugar con el brasileño Jairzinho, campeón del mundo 1970. "Nos hicimos muy amigos porque vivíamos en el mismo hotel, que nos pagaba el club. Eso es lo que te deja el fútbol, los amigos, porque la plata es importante pero más importante es ser buena gente", reflexionó.

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En 1981 defendió a Racing de Argentina y enfrentó a Diego Maradona, que entonces jugaba en Boca Juniors. "Fui compañero de Olarticoechea, Barbas, Calderón, Van Tuyne, Carrasco. Teníamos un equipazo".

Defendió también a Sud América, a Rampla Juniors en 1982 y en 1985 llegó a Ecuador para defender a Universidad Católica. Terminó su carrera en Liverpool.

El inolvidable debut en la selección uruguaya

En 1976 participó en ocho partidos de la selección uruguaya. Debutó contra Brasil, el 25 de febrero, por la Copa del Atlántico. El técnico celeste era José María "Chema" Rodríguez y en la verdeamarelha, que ganó ese partido 2-1, jugaban entre otros, Nelinho, Zico, Rivellino, Palhinha.

"Tengo un recuerdo lindo con la selección cuando jugamos contra Brasil en Montevideo. En ese tiempo el mejor marcador del mundo era Marinho. Como nosotros no leíamos periódicos, ni nada, éramos atrevidos para jugar, nos divertíamos. Le dimos un vinillo a Brasil y por esa punta fue mi mejor partido según los diarios. Víctor Hugo Morales me puso 'el 7 bravo'. Nosotros teníamos adelante a Fernando Morena, Juan Carlos Ocampo".

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Con la selección uruguaya

Con la selección uruguaya

Después, cuando Juan Eduardo Hohberg asumió la conducción técnica, todo cambió: "Al técnico no le gustaba como jugábamos. Quería que largáramos la pelota antes. La mayoría era de Nacional, pero también estaba Jiménez de Peñarol, que era un infierno como jugaba. Nos fue mal, no clasificamos al Mundial (de 1978). Metió a Graffigna, del medio hacia adelante cambió por caprichoso".

El diablo en el cuerpo y los bailes con el Indio Olivera

Si bien en las décadas de 1970 y 1980 los futbolistas podían vivir bien con lo que ganaban, especialmente los que jugaban en Nacional y Peñarol, no era ni cerca a lo que perciben en la actualidad.

"Ha cambiado el fútbol, ahora cualquiera hace plata. Ahora salen muy jovencitos. Cuando tuvimos de gira una vez con Nacional, nos fuimos a España, Italia y Estados Unidos. En una Copa Carranza, en España, yo andaba volando. Estaba jugando contra Atlético y el técnico me cambió, para que jugaran todos. Me sentaron en la tribuna y me habían puesto que yo tenía el diablo en el cuerpo por cómo jugaba. Había empresarios que nos querían comprar. Pero en el club no nos vendían, en ese tiempo éramos muy gurises, no nos dejaron. Teníamos 17 o 18 años, ahora a esa edad ya se fueron".

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En Jorge Wilstermann jugó con Jairzinho

En Jorge Wilstermann jugó con Jairzinho

Muniz reflexiona: "La vida va pasando, cada época tiene sus cosas, tuve una infancia que bien o mal disfruté a mi mamá, era mi compañera a todos lados. En el baby fútbol hacían rifa para irnos a Buenos Aires a fin de año, mamá me acompañaba. Van cambiando las cosas, disfruté cuando jugaba también. Me gustaban los bailes, nos encontrábamos con el Indio Olivera después de los clásicos y a mi me tenían como borracho, pero nunca tomé un trago. Hasta ahora, pero como iba a los bailes me tenían como borracho. Nunca me importó lo que decía la gente. Siempre fui medio rebelde, me gustaba hacer todo derecho, me brindé en los entrenamientos, en los partidos, la gente que me conoce sabe que no tomo".

Recuerda que siempre le gustó hacer deporte: "Cuando tenía vacaciones nos íbamos a la cancha de la Escuelita, se armaba cada campeonato impresionante. Jugaban los hermanos Mantegazza, el chico jugaba en Nacional y el otro en Sud América; el Mono Abalde también. Todos los del barrio jugábamos en distintos equipos. El que no jugó ahí no jugó en ningún lado", señaló.

Su vida en Ecuador

Antes de retirarse como futbolista, su idea era vivir en Cochabamba. Pero después de conocer Quito, donde viajó a jugar un amistoso con la selección, se enamoró de la capitán de Ecuador y de Mónica, su esposa. "Me gustó porque era todo montaña y pensé, algún día me voy a venir".

Luego defendió a Universidad Católica y conoció a la mujer con la que se casó hace 40 años. Tienen dos hijos varones, Martín y Sebastián, y seis nietos: Delfina, Martina, Alejo, Facundo, Lautaro y Santino.

Durante cinco meses trabajó como entrenador de goleros en Liga de Quito, junto al brasileño Sócrates. Luego se dedicó exclusivamente a su parrillada, donde recibe continuamente delegaciones de Uruguay.

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Junto a Sócrates, en Liga de Quito

Junto a Sócrates, en Liga de Quito

En 1989 la selección uruguaya dirigida por Óscar Tabárez, y en la que jugaban el Pato Aguilera, el Chueco Perdomo, entre otros, prefirieron ir a su parrillada antes que a la embajada de Uruguay en aquel país, donde también estaban invitados.

La Sub 20 dirigida por Fabián Coito, que ganó el Sudamericano 2017, también lo visitó, así como la murga Agarráte Catalina, y varios periodistas uruguayos.

Desde Tenfield le enviaron camisetas de la selección, con las que ha decorado el local. Cuando el profesor Alejandro Valenzuela salió campeón con Liga de Quito le obsequió una réplica de la camiseta que utilizó Ghiggia en la final de 1950.

Una camiseta de Peñarol que le llevó Carlos "Paco" Rodríguez, y varias de Nacional, engalanan las paredes del comercio.

Vive feliz en Ecuador. Hace seis años que no visita Uruguay, pero lo tiene pendiente para el próximo verano, así conoce a una de sus nietas.

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