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22 de julio de 2026 13:10 hs

Nacional sufrió una dura goleada 3-0 ante Tigre en el Gran Parque Central, por la ida de los playoffs de octavos de final de la Copa Sudamericana, en un partido que volvió a demostrar las falencias de un Tricolor que no termina de encontrar su juego en este 2026.

El Bolso recibió una de las peores goleadas como local en su historia internacional, en una noche en la que apenas tuvo un disparo al arco de Maximiliano Silvera de cerca de 30 metros de distancia, y otras dos chances cercanas de Bruno Zuculini y Agustín Dos Santos, pero no pudo vulnerar a un Tigre que a los 2 minutos abrió el marcador y luego supo tanto aguantar el resultado como ser el dominador del juego tras la expulsión de Zuculini en el segundo tiempo.

Los meses pasan, han llegado altas y se fueron los jugadores que el DT pidió, pero el equipo de Jorge Bava no mejora en su juego, y este martes volvió a demostrar errores que viene repitiendo durante gran parte del 2026.

Problemas en la marca de la pelota parada, falta de movimientos en el medio, repetición de ataques que lo volvieron predecible, son solo algunas de las carencias del equipo que se analizan en este informe.

La parte defensiva: la pelota parada y malos retrocesos

El análisis de este partido no puede obviar que el libreto cambió a los 2 minutos de juego con el gol de Jalil Elías, que llevó a que Nacional debiera hacer el esfuerzo del empate mientras Tigre aguantaba el resultado favorable.

Ese tanto muestra una gran falencia defensiva de Nacional: la pelota quieta, una vía por la que el Tricolor ya recibió varios goles durante este 2026.

En este caso, Gonzalo Martínez envió un centro largo desde la izquierda que cayó en la zona derecha del área a la cabeza de Alan Barrionuevo, que venció a tres defensores por arriba. El problema fue que en el otro costado Boggio perdió la referencia de Elías, que apareció absolutamente solo frente a Alexis Martín Arias para poner el 1-0.

Momento en el que Boggio pierde la marca de Elías, antes del 1-0

Momento en el que Boggio pierde la marca de Elías, antes del 1-0

A esto se suma que Nacional tiene retrocesos desordenados. En la jugada del segundo gol, que comienza con un pase a la izquierda que Santiago López recibe cerca del córner, Baltasar Barcia está lejos de Martín Garay cuando recibe el pase de apoyo y Zuculini no llega a cubrirlo ni a él ni a Ignacio Russo en zona central, lo que le dio tiempo al delantero para definir ante un Coates que quedó mano a mano y tardó en salir.

El tercer gol ocurre en un contexto en el que Nacional ya estaba desarmado, y exhausto luego de jugar casi 40 minutos con un hombre de menos. Elías Cabrera inicia la jugada con un pase desde el centro a la derecha y luego sigue la jugada alejado, mientras que el encargado de su marca, Agustín dos Santos, se repliega.

Cándido sale de la línea defensiva y ni Tomás Verón Lupi ni Calvo lo cubren, lo que abre el espacio al área. En el último pase de Valentín Moreno, Cabrera apareció solo frente a las dos líneas del Bolso, metidas dentro del área pero sin seguimientos claros ante una jugada colectiva exquisita de Tigre.

Así se gestó el 3-0 de Tigre

Así se gestó el 3-0 de Tigre

Falta de movimientos

Nacional tiene pocos movimientos en su juego colectivo. Este martes (y todo el semestre) se vio varias veces a los zagueros con el control del balón en zona media, ante una defensa argentina replegada, llevando la pelota durante varios segundos sin encontrar alternativas adelante, lo que terminaba casi siempre en un centro vertical hacia Maximiliano Gómez.

Hay una carencia en la falta de traslados de los zagueros, que salvó alguna incursión esporádica de Calvo o Coates no llevan la pelota hacia el medio rival cuando tienen el espacio, algo con lo que podrían fijar marcas y liberar espacios a sus compañeros más adelantados. En algunas ocasiones logran avanzar y abren a los laterales.

Sin embargo, el medio de la cancha no ayuda, ya que muestra pocos ofrecimientos para avanzar por el centro del campo, algo que además permitió a Tigre, así como a otras defensas durante los últimos meses, replegarse defensivamente sin sufrir.

Zuculini fue el más movedizo en la primera mitad: trató de colocarse entre los zagueros para ayudar a la salida contra los dos delanteros de Tigre, y en zona de creación onduló entre los dos costados para ofrecerse como apoyo en los ataques por afuera. Le faltó precisión en varias jugadas, pero buscó.

Boggio fue el más estático. En varias salidas de Nacional se lo vio esperando pasivo las decisiones de los zagueros o Zuculini por detrás de los dos atacantes del rival, sin mostrar una opción de pase que permitiera a la defensa romper la primera presión.

Con los avances del argentino funcionó como un balance, más retrasado en zona media, pero ni en generación ni en ofensiva ofreció la ayuda o la movilidad necesaria durante gran parte del encuentro.

Una de las herramientas más efectivas de Nacional para generar espacios

Una de las herramientas más efectivas de Nacional para generar espacios

Dos Santos tampoco tuvo esa movilidad durante la primera mitad, aunque también debió cumplir el rol del volante que se lanzaba a la izquierda para cubrir la ausencia de un extremo natural por ese costado, con la finalidad de apoyar las subidas de Cándido que apenas generaron un par de acercamientos al área rival.

Eso alejó al volante de la zona de creación del medio y le quitó a Nacional un jugador con buena habilidad para los pases filtrados en ese lugar, tarea que intentó en algunas oportunidades Zuculini.

Un ataque sin punta izquierda

El 4-3-3 de Nacional con dos nueves y un extremo por derecha en el ataque no termina de cuajar.

Le quita profundidad por izquierda, apela a un mano a mano entre delanteros y zagueros que casi nunca se genera ya que Nacional tiene poco juego colectivo en zona media, e incluye a un Silvera que parece alejado del juego de su equipo: no apoya al juego por izquierda, casi no se muestra como opción al medio por zona central, y sufre el exceso de juego aéreo porque no es su fuerte. Valdría preguntarse si el juego de Nacional no se aleja de él.

En el segundo tiempo Bava intentó cubrir el rol de extremo izquierdo con Tomás Verón Lupi, pero la expulsión de Zuculini lo relegó a un rol más defensivo y cercano a Cándido. No pudo meterse en juego, y siempre que lo hizo fue muy lejos del arco, por lo que Nacional culminó el partido casi sin avances por izquierda.

Así se gestó el único tiro al arco de Nacional

Así se gestó el único tiro al arco de Nacional

Con un hombre menos Dos Santos y Boggio quedaron como doble cinco, y sufrieron la movilidad de un Tigre que movió la pelota a gusto con Martín Garay, Jabes Saralegui y Gonzalo Martínez hasta su salida.

Centralizado, el 10 de Nacional pudo mostrar algunos movimientos de desmarque en zona media que permitieron que Nacional saliera en alguna oportunidad de su medio de la cancha, aunque sin generar ningún ataque peligroso.

Los centros verticales

En una jugada del primer tiempo, Zuculini dominaba la pelota en zona central y comenzó a buscar opciones de pase. Varios metros más adelante, Gómez, Silvera y Barcia se ubicaron en zona central, tratando de generar una mayoría allí pero también buscando que el lateral izquierdo Nahuel Benegas se centrara y el espacio quedara abierto para Ancheta, que estaba ubicado como un extremo a varios metros de un rival.

El espacio estaba, pero el volante argentino decidió enviar un centro vertical. La jugada se diluyó, en una de las pocas veces que Nacional logró generar un espacio con movimientos de sus jugadores.

Nacional es predecible. Durante la primera mitad, momento en el que el Bolso dominó el terreno y la posesión en busca del empate, los ataques llegaron por dos vías que se repiten hace meses: centros verticales y desbordes por derecha.

Los primeros son un arma que Nacional ha utilizado hasta el hartazgo durante todo el año, y que también son parte de la falta de movilidad.

Sea con sus zagueros o sus volantes, y casi siempre desde cerca del círculo medio, el Tricolor intenta saltear terreno y llegar a sus delanteros (generalmente a Maximiliano Gómez) para encontrar situaciones de ventaja o mano a mano contra los zagueros, o algún pivoteo o rebote que le permita a algún jugador cercano atacar con espacio.

Este martes por la noche la fórmula casi no obtuvo resultados, y muchas veces llevó a Maxi Gómez a gastar energías en pelear balones divididos lejos del arco rival. Apenas una vez Maxi Silvera pudo recibir cómodo uno de esos centros de espaldas al arco y cerca del área, pero la jugada se diluyó.

Tanto Joaquín Laso como Barrionuevo, los zagueros del Matador, sacaron un sinfín de centros verticales, que tienen la ventaja para los defensores que les llegan de frente, mientras que los delanteros los reciben de espaldas.

Maxi Gómez como extremo, y los malos centros por los costados

Los pocos avances hasta línea de fondo del equipo uruguayo se dieron por derecha. Al principio el tándem de Emiliano Ancheta y Baltasar Barcia logró algunos desbordes, sin ningún centro o ingreso al área de peligro, pero Tigre afianzó su marca por ese costado y allí Nacional tuvo que recurrir a su arma más peligrosa: otra vez Maxi Gómez.

El delantero se tiró al costado derecho en reiteradas ocasiones para buscar generar mayorías por esa banda, y fue el encargado de enviar varios centros, entre ellos uno a Agustín dos Santos que el 10 casi convierte en gol, pero llegó muy forzado y envió la pelota afuera.

El gran problema es que si Maxi Gómez envía los centros, casi nunca hay alguien que los reciba. Maximiliano Silvera no tiene el potencial aéreo que su compañero de ataque (de sus 30 goles en Peñarol solo anotó uno de cabeza, y en Nacional no va ninguno). Ningún jugador ofensivo en Nacional lo tiene, y si ya para Gómez fue difícil enfrentar a Laso y Barrionuevo, para el resto fue imposible.

Una de las jugadas en las que se ve a Gómez por derecha y Dos Santos por izquierda

Una de las jugadas en las que se ve a Gómez por derecha y Dos Santos por izquierda

A ello hay que sumarle un hecho que ya rompe los ojos: Nacional tiene un gran problema de precisión a la hora de enviar centros desde los costados. Ayer el único centro que llegó a destino fue el de Gómez a Dos Santos.

Ni Barcia, ni Ancheta, ni Cándido, ni Pavel Núñez en el segundo tiempo, lograron acertar un envío desde las bandas. Hay una virtud de la defensa rival en la marca de su área, sin dudas, pero también hay una visible carencia en los envíos.

Como se escuchó en las tribunas, Maxi Gómez no puede hacer los centros e ir a cabecearlos, mucho menos cuando también es encargado de ir a pelear la gran cantidad de balones divididos que propone Nacional con centros verticales al medio de la cancha.

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